La depresión es un grave problema que, pese a haber cada día un mayor conocimiento de qué se trata, sigue siendo algo desconocido por muchas personas, incluidas aquellas que se dedican al campo de la psicología.

Pese a la gran investigación sobre los problemas del estado de ánimo no se ha podido establecer de forma rotunda cuáles son las causas de la depresión ni tampoco cómo evitarla. En las últimas décadas se ha hablado de la importancia que podría tener la inteligencia emocional como factor influyente en la aparición del trastorno, en especial el que una persona manifieste rasgos de personalidad humildes.

Es por ello que en el presente artículo vamos a hablar de la relación entre la depresión y la humildad, hablando en profundidad sobre la inteligencia emocional y, también, algunas diferencias que se han visto entre culturas sobre este asunto.

Depresión e inteligencia emocional

Antes de abordar con mayor profundidad la relación entre la depresión y la humildad, se hace necesario, en primer lugar, resaltar la importancia que tiene el comprender cuáles son las causas detrás de la depresión. Acto seguido, es necesario entender cómo la inteligencia emocional, en la que se podría englobar la humildad, adquiere un importante papel a la hora de explicar la aparición de los problemas del estado de ánimo.

La depresión es algo ampliamente conocido, incluso fuera del ámbito académico. Todo el mundo es capaz de enumerar algunos de los síntomas característicos de este trastorno, como, por ejemplo, humor negativo, tristeza, anhedonia, incapacidad para sentir placer e irritabilidad. De acuerdo con la OMS, la depresión está entre los principales problemas de salud de la población mundial, generando sufrimiento tanto a nivel personal como en el entorno del mismo paciente.

Es por estos motivos que la investigación psicológica se ha centrado en averiguar cuáles son los factores que estarían detrás de la aparición de la depresión. Esto no sería únicamente con una finalidad terapéutica, mejorando los actuales tratamientos haciéndolos más precisos, sino además serviría para evitar la aparición de este trastorno del estado anímico.

En los últimos años, se ha tratado de explicar la aparición de la depresión relacionándola con la inteligencia emocional del paciente. Ésta inteligencia es entendida, a día de hoy, como el conjunto de habilidades relacionadas con la regulación control y correcto uso de las emociones a la hora de tener que tomar una decisión, especialmente cuando esta se relaciona con algún aspecto que determinará la salud mental y física de la persona, tanto a corto como largo plazo.

En base a la definición previamente dada, la capacidad del individuo para saber identificar tanto la emoción que él vive como la que manifiestan los demás es un factor vital para disponer de un correcto ajuste psicológico. Altos niveles de inteligencia emocional se han relacionado con una mayor sensación de bienestar emocional, menor estrés, un estado anímico más positivo, mayor autoestima, menor depresión, mayor optimismo y más satisfacción con la vida en general.

Por el lado contrario, se entiende que al disponer de una limitada inteligencia emocional, se dispondría de un bajo control de las emociones negativas, asociadas directamente con la manifestación de estrés y depresión. Se ha visto que pacientes quienes han sido diagnosticados de depresión presentan déficits a la hora de reconocer emociones en los demás.

Relación entre la depresión y la humildad

Una vez comprendida la relación entre el concepto amplio de la inteligencia emocional y el estado anímico, es posible dar paso a una mejor comprensión de la relación entre la depresión y la humildad.

Tradicionalmente, en psicología, a la hora de entender qué es el bienestar, se ha puesto el foco sobre el modo en que las personas perciben y experimentan sus vidas de forma positiva. Se había considerado que si una persona llevaba a cabo autoevaluaciones positivas y disponía de un buen grado de motivación frente a las adversidades de la vida, se podría considerar al sujeto una persona feliz y psicológicamente adaptada.

Sin embargo, si bien es cierto que la amplia investigación que ha abordado esto ha visto que tener una buena concepción de uno mismo, aun siendo una ilusión, es algo que puede incrementar el bienestar, no es la opinión de todo el mundo. Son varios los investigadores quienes han visto que tener una gran motivación y una visión demasiado positiva de uno mismo puede implicar un daño potencial tanto a su ajuste interpersonal como a su bienestar individual.

Así pues, varias investigaciones han visto que aquellas personas quienes toman una visión más humilde y modesta de sí mismas disfrutan de un mayor bienestar. Este aspecto ha sido algo que ha llamado la atención de los psicólogos en las últimas décadas, y se ha propuesto abordarlo tanto teniendo en cuenta las diferencias culturales como generacionales.

La humildad ha sido relacionada con una mejor regulación de la propia salud mental, menor afecto negativo, mayor autoeficacia, respeto y amabilidad con otras personas que se traducen en buenas relaciones interpersonales además de mejor cooperación en tareas grupales.

Pese a todo esto, al igual que con prácticamente todo en psicología, se hace necesario definir exactamente qué se entiende por humildad en el mundo de los psicólogos. Habitualmente, la ciencia del comportamiento trata de definir este concepto en términos, como no, comportamentales. Por humildad podríamos entender al hecho de reconocer las propias limitaciones en situaciones sociales, dando a entender que los rasgos y capacidades de uno mismo no son para tanto.

El grupo de Chen et al. (2009) trató de averiguar cuáles era los componentes de la humildad, llegando a la conclusión de que serían los tres siguientes:

  • Desvalorizarse a uno mismo
  • Alabar a los demás
  • Pasar desapercibido

Con estos tres componentes aquí propuestos se puede entender que la humildad consiste, siendo más precisos, en no darle demasiada importancia a las fortalezas de uno mismo, valorar por encima de las propias las capacidades de los demás y tratar de pasar lo más desapercibido en situaciones sociales, sin destacar.

La persona humilde se centra más en los demás que en sí misma, y no en términos de envidia o desear ser como los demás. Opta por conductas autorreguladores, destacando la importancia de los demás y sin sentirse angustiada por carecer de ciertas características. De esta forma, sin envidiar y sabiendo ver lo mejor de los demás, la persona se siente bien consigo misma, disfrutando de un elevado grado de bienestar.

También cabe destacar que la persona humilde, como no suele envidiar a los demás, no toma decisiones arriesgadas para alimentar su ego o tratar de destacar sobre los demás. Por ejemplo, relacionándolo trastornos psicopatológicos, las personas anoréxicas, quienes suelen tener rasgos muy perfeccionistas, sienten una gran presión social que las empuja a tratar de alcanzar los imposibles cánones de belleza actuales. Esto se traduce en toda la problemática relacionada con los trastornos de conducta alimentaria.

La humildad es un factor protector ante la manifestación de depresión, dado que la persona se siente ya cómoda con cómo es, sin buscar satisfacer la visión de los demás sobre aquello que esperan de ella o que, a nivel social, se espera que alcance. Siendo consciente de que no es perfecta ni lo será, la persona humilde no pretende alcanzar lo imposible y, es por ello que no se siente frustrada.

Diferencias culturales

Pese a todo lo comentado en el apartado anterior, cabe decir que se han encontrado diferencias entre países los cuales podrían desmontar, en cierta medida, lo de que la humildad es un factor de protección frente a problemas psicológicos, en especial depresión y ansiedad.

Parte de la investigación que ha abordado este asunto ha visto que la humildad correlaciona negativamente con la felicidad subjetiva. Cabe decir que esto se ha visto en muestras de adolescentes de países occidentales y que, teniendo en cuenta que la pubertad es un momento de grandes cambios en los que se busca destacar y crear un grupo de amigos, es lógico pensar que aquel quien trata de pasar desapercibido acaba sintiéndose aislado de los demás, llegando a la marginación y a la depresión.

Por otro lado, sí que se ha visto en culturas asiáticas que la humildad es un factor protector de la salud mental. En países como China, Japón y Corea, que son sociedades mucho más colectivistas que Europa o Norteamérica, la humildad es vista como un objetivo socialmente deseable y fundamental en la interacción con los demás. Quien es modesto es una persona que, a nivel social, ha triunfado.

Es por ello que, teniendo en cuenta estas diferencias culturales, es de esperar que personas adultas de países asiáticos quienes tienen rasgos humildes ya de por sí disfruten de un mayor grado de bienestar. Por un lado, y en relación con lo previamente comentado, porque no se preocupan por destacar ni ser los mejores y, por el otro lado, porque disfrutan de un rasgo que a nivel social es muy valorado.

Referencias bibliográficas:

  • Fernández-Berrocal, P., Alcaide, R., y Extremera, N. (2006) The Role of Emotional Intelligence in Anxiety and Depression among Adolescents. Individual Differences Research, 4(1). 16-27.
  • Zheng, C. y Wu, Y. (2019) The More Modest You are, the Happier You are: The Mediating Roles of Emotional Intelligence and Self-esteem. Journal of Happiness Studies. DOI: 10.1007/s10902-019-00144-4
  • Downey, L. A., et al. (2008). The relationship between emotional intelligence and depression in a clinical sample. The European Journal of Psychiatry, 22(2). 93-98.