Adaptar en tu vida el color blanco como el color del año. Armar outfits con tonos sobrios porque “eso es lo que se lleva”. Comprar el teléfono de moda, aunque el que tienes funcione perfecto.
Cumplir con los miles de pasos diarios aunque tuviste un día súper pesado y el cuerpo ya no pueda más. Tener una rutina de skin care larguísima. La obsesión con la delgadez, la alimentación súper sana, entrenar fuerte aunque no disfrutes el gimnasio.
Mirar la carta astral, el diseño humano, leer el libro más mencionado sobre productividad. Aprender el nuevo baile en tendencia, incluso aunque no te guste mucho. ¿Algo de esto te suena conocido?
Y, no, no estamos diciendo que haya algo malo en probar. ¡Para nada! El tema aparece cuando la suma de elecciones ya no nace de ti, sino de un guion que otros escriben muy bien.
Si sientes que tu identidad ya no se está sintiendo tan tuya, es momento de seguir leyendo.
¿El marketing puede decirte quién ser?
Vivimos rodeados de mensajes que no solo venden objetos, sino estilos de vida, formas de pensar y hasta maneras de sentir. El marketing ya no se limita a anuncios; está en las redes, en los discursos sobre bienestar, éxito, espiritualidad y productividad.
Muchas de esas propuestas pueden aportar ideas interesantes, porque explorar también forma parte de crecer. El problema surge cuando esas ideas se transforman en reglas y empiezan a reemplazar el criterio propio.
Las plataformas digitales funcionan como escenarios donde cada persona selecciona qué mostrar, qué ocultar y qué reforzar. Esa puesta en escena constante genera una versión de la identidad pensada para gustar, recibir aprobación y mantenerse vigente.
A esto se suma el papel de los algoritmos, que refuerzan ciertos gustos, cuerpos, opiniones y aspiraciones hasta que parecen universales. Así, se crean necesidades que no siempre responden a deseos reales, sino a patrones repetidos miles de veces.
Conocerse de verdad implica poder preguntarse si lo que haces conecta con tu manera de ser o si responde a una expectativa externa bien disfrazada. Y eso no significa cerrarse a lo nuevo ni volverse inflexible, sino probar con conciencia, observar cómo te sientes y decidir desde ahí.
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Señales de que tu identidad podría estar guiada desde afuera
Darse cuenta de esto no suele ser inmediato, porque muchas conductas están normalizadas. Sin embargo, hay indicios claros de desconexión entre la personalidad y los deseos propios frente a lo que dicta el entorno.
Uno de ellos aparece cuando las decisiones importantes se toman más por miedo a quedarse fuera que por interés genuino. Si cambias hábitos, estética o metas solo porque “todo el mundo lo hace”, es probable que la referencia principal esté fuera de ti.
También ocurre cuando la validación externa se vuelve imprescindible: los “me gusta”, los comentarios o el reconocimiento pesan más que la satisfacción personal.
Otra señal es la sensación de cansancio mental por sostener una imagen coherente con tendencias que cambian todo el tiempo. Mantener esa fachada exige energía y genera tensión, porque la identidad se convierte en algo que se ajusta según la audiencia.
Además, puede aparecer una dificultad para responder preguntas simples como qué te gusta, qué te motiva o qué valores guían tus decisiones, ya que las respuestas aprendidas reemplazan a las propias.
Nada de esto habla de falta de carácter ni de confusión permanente, sino de un contexto que empuja con fuerza y de la necesidad de detenerse a revisar desde dónde se vive.
Impacto en la salud mental de vivir desconectados de lo que somos
Cuando hay una distancia sostenida entre la identidad personal y la identidad “vendida”, la salud mental suele resentirse. Esta desconexión se relaciona con distintos malestares que hoy aparecen con mucha frecuencia.
Ansiedad ligada a la comparación con otras vidas
Las redes facilitan la comparación continua con vidas editadas, cuerpos idealizados y logros mostrados sin contexto. Esta dinámica alimenta la ansiedad social y la sensación de estar siempre un paso atrás.
FOMO constante
El miedo a perderse algo se intensifica cuando la pertenencia depende de estar al día con cada tendencia. Estudios recientes describen el FoMO como un estado emocional que combina exclusión percibida y conductas compulsivas de conexión, lo que aumenta el riesgo de depresión.
Problemas con la imagen corporal
La exposición prolongada a estándares estéticos irreales se asocia con insatisfacción corporal, incluso en personas adultas. La identidad empieza a medirse por apariencia y rendimiento físico, no por bienestar.
Trastornos de la conducta alimentaria
Distintas investigaciones muestran una relación entre uso intensivo de redes, búsqueda de validación y mayor riesgo de TCA. El cuerpo se convierte en un proyecto para mostrar, no en un espacio para habitar con cuidado.
Estrés económico
Intentar sostener un estilo de vida marcado por el consumo constante genera presión financiera. Comprar para pertenecer o para “estar a la altura” añade preocupación y culpa.
Agotamiento emocional
Sostener una versión propia pensada para agradar es muy agotador. La identidad deja de ser flexible y se vuelve una obligación diaria.
Dificultades en los vínculos
Cuando la autoimagen depende de métricas y comparación, las relaciones pueden volverse más superficiales, con menos espacio para la empatía y la escucha real.
Caminos para reconectar con tu identidad
Reconstruir una identidad más alineada contigo implica quitar capas, no añadir más. Es un proceso cotidiano, posible y adaptado a cada persona. Estos son algunos de los pasos que puedes dar:
- Reducir el tiempo de exposición a contenidos que activan comparación constante, ya que la mente necesita espacios sin estímulos para ordenar deseos propios.
- Preguntarte con honestidad qué actividades disfrutas cuando nadie mira, porque ahí suele aparecer información valiosa sobre quién eres.
- Diferenciar entre curiosidad y presión. Probar algo nuevo puede ser enriquecedor, pero observa si nace del interés o del miedo a quedar fuera.
- Revisar tus valores y ver si tus decisiones diarias los reflejan, aunque no estén de moda.
- Practicar momentos sin pantalla para fortalecer la conexión con experiencias directas y vínculos cara a cara.
- Aceptar que los gustos cambian, pero no por obligación, sino como resultado de procesos internos.
- Escuchar al cuerpo cuando pide descanso, alimento o movimiento distinto al que se promueve como ideal.
- Diversificar las fuentes de información para evitar burbujas que refuercen una sola forma de vivir.
- Escribir o conversar sobre lo que sientes sin editarlo para que suene bien, porque la claridad surge de la expresión sincera.

Pol Osés
Pol Osés
Psicólogo - Especializado en estrés, ansiedad, autoestima, adicciones, crisis, gestión emocional.
Reconectar contigo no implica rechazar el mundo actual ni vivir al margen de todo, sino aprender a habitarlo con criterio propio. Porque cuando la identidad deja de ser un producto, la vida se siente más coherente y la salud mental lo agradece.


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