Muchas veces, los seres humanos podemos llegar a exhibir comportamientos difíciles de entender.

Sin duda, uno de los fenómenos que resultan extraños forma parte de lo que se conoce como síndrome de Lima, una condición que afecta a algunos secuestradores que desarrollan simpatía y sentimientos positivos hacia sus víctimas.

Características de este extraño síndrome

El síndrome de Lima es uno de esos fenómenos incomprensibles que tranquilamente podrían formar parte de una historia cinematográfica. Este síndrome es un estado psicológico que afecta a un secuestrador, que puede tener sentimientos positivos e incluso románticos hacia la persona a la cual priva de su libertad. Se puede manifestar de diferentes maneras, por ejemplo, evitando hacerle daño, dándole ciertas libertades durante su cautiverio e incluso preocupándose por su salud y su bienestar.

Sin embargo, antes de nada, es necesario resaltar que un síndrome no es necesariamente un trastorno, sino que se caracteriza por la presencia de una serie de síntomas englobados bajo una etiqueta. El síndrome de Lima no es ni de lejos una psicopatología, pero sí que puede llamar la atención cuando se manifiesta.

En realidad, existen pocos datos al respecto, y apenas se han realizado investigaciones sobre este fenómeno, en gran parte por la complejidad que supone medirlo y analizarlo. Lógicamente, es casi imposible tener una gran muestra de secuestradores que experimenten este síndrome para poder evaluarlos. El síndrome de Lima ocurre poco, y si ocurre es porque se dan una serie de condiciones que que propician su desarrollo.

¿Por qué ocurre?

Seguramente te hayas preguntado ya: “¿qué razones pueden hacer que un secuestrador sufra el síndrome de Lima?”. Para entender este fenómeno es necesario comprender la vida del secuestrador y qué le pasa por la mente en el momento del secuestro. Es posible que los casos en los que esta condición se haya manifestado, el secuestrador no tenía la intención de lastimar al cautivo.

El secuestrador, por ejemplo, puede haber cometido un acto de secuestro porque está pasando por dificultades económicas. Otra opción es que desarrolle el síndrome de Lima porque no está conforme con el secuestro. Es decir, que forma parte de un grupo de secuestradores que han influido en su decisión por el fenómeno de la presión grupal, aunque no está del todo cómodo ni quiere tratar mal al retenido. También podría ocurrir que el secuestrador sienta atracción físicamente por la víctima.

¿Cómo se manifiesta el síndrome de Lima?

Sea cual sea el motivo, lo cierto es que el secuestrador trata de manera positiva a la víctima y se preocupa por que su estancia en cautiverio sea lo menos desagradable posible. Muchas veces actúa como si no estuviese limitando la libertad de la otra persona, lo cual hace que la situación parezca formar parte de un delirio.

Algunos de los comportamientos que los secuestradores llevan a cabo para hacer más placentera la estancia de la víctima es, por ejemplo, traer comida muy bien preparada y nutritiva a la habitación del secuestrado o secuestrada, curar sus heridas y, en general, estar muy atentos a sus necesidades e incluso llevar a cabo comportamientos que nada tendrían que ver con un secuestro. El secuestrador desarrolla apego hacia la víctima y se preocupa por su bienestar.

Cuál es el origen del término

El término síndrome de Lima se acuñó así por un par de sucesos ocurridos en la ciudad peruana de Lima. El primero de ellos tuvo lugar cuando, en esta ciudad, fue ocupada la embajada de Japón en el año 1996 por miembros de un grupo terrorista del llamado Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA). Cientos de personas fueron retenidas en el edificio. A los pocos días, los rehenes fueron liberados de uno en uno por simpatía, incluso aquellos considerados como muy valiosos.

Existe otra versión del origen de este síndrome. Resulta que un psiquiatra limeño fue secuestrado por un individuo. El astuto psiquiatra, conocedor síndrome de Estocolmo, aplicó sus conocimientos en psicología para hacer que el secuestrador sintiera lástima por él y lo tratase bien.

¿Qué es el síndrome de Estocolmo?

El síndrome de Estocolmo es un fenómenos similar al síndrome de Lima, pero que ocurre a la inversa. Es decir, no es el secuestrador el que siente simpatía y apego hacia el secuestrado, sino que es este último el que lo siente hacia su captor. Según la propia versión del psiquiatra, su conocimiento sobre la mente humana le permitió desarrollar la empatía de su captor para que finalmente lo liberara.

El síndrome de Estocolmo ha sido ampliamente estudiado. Una investigación realizada por el FBI, que analizó datos de 4.700 víctimas de secuestros, encontró que en un 27% de los casos se desarrolla este síndrome. Al parecer son tres los factores determinantes a la hora de desarrollarlo:

  • La duración del secuestro: más probabilidad de sufrirlo a mayor tiempo de cautiverio.
  • Contacto directo: los secuestradores tienen contacto directo con los secuestrados. No los aíslan.
  • Trato amable: los secuestradores no hacen daño a los rehenes.

Según cuenta el psicólogo Pascual García Senderos: “Lo que sorprende es que el individuo que ha sido secuestrado y al que se le priva de su libertad se pone de parte del secuestrador y no de los rescatadores. Parece increíble cómo una persona que es víctima de un secuestro puede desarrollar apego hacia la persona que le ha retenido, pero lo cierto es que, seguramente, el secuestrado esté agradecido por haberle tratado bien y no haberle matado”.