Un repaso a las características de esta enfermedad. Wikimedia Commons.

La visión central, que depende de una estructura ocular denominada mácula, es la que nos permite fijarnos en los detalles y realizar actividades diarias como leer un libro, conducir o, incluso, reconocer la cara de una persona. Este tipo de visión es la que se ve afectada cuando se produce un trastorno conocido como degeneración macular, una enfermedad que afecta más a las personas mayores y que termina provocando una pérdida de la visión.

En este artículo te explicamos qué es la degeneración macular, cuáles son sus dos formas más habituales y los síntomas asociados a cada una de ellas. Además, te contamos cuáles son los principales factores de riesgo que llevan a la aparición y el desarrollo de esta enfermedad ocular, así como los tratamientos disponibles en la actualidad.

¿Qué es la degeneración macular?

La degeneración macular, también denominada degeneración macular asociada con la edad, es un trastorno ocular neurodegenerativo y hereditario que afecta gradualmente a la visión central, que es la que depende de la mácula y la que nos proporciona la agudeza visual necesaria para llevar a cabo tareas como conducir, leer o reconocer la cara de una persona.

La mácula es una diminuta parte del ojo, en forma de mancha amarillenta (debido a la alta concentración de dos pigmentos que le dan ese color), que se ubica en la zona central de la retina. Está compuesta de la fóvea, situada en el interior de la mácula y responsable de la percepción de los colores; y la foveola, ubicada dentro de la fóvea, es la que permite que tengamos la máxima agudeza visual.

En la degeneración macular, como su propio nombre indica, se produce un deterioro progresivo de la mácula, que es la que nos permite percibir los detalles y el movimiento, por lo cual las personas que sufren esta afección terminan padeciendo una pérdida significativa de visión, sobre todo relacionada con los detalles finos, ya sea de cerca o de lejos.

Esta pérdida de la visión central conlleva una serie de consecuencias negativas en la vida diaria de las personas que padecen esta afección, cuya edad suele ser avanzada, por lo general. La degeneración macular está considerada como una de las principales causas de ceguera y baja visión, y por el momento no se conoce ninguna cura.

En la actualidad, esta enfermedad afecta al 1,5% de la población, y si se considera únicamente a las personas mayores de 50 años, la prevalencia aumenta hasta el 5,3%. A continuación, vamos a ver en qué consisten las dos principales formas de degeneración macular.

Tipos y sus síntomas

Existen dos tipos de degeneración macular: la seca, que es la más común de las dos; y la húmeda, menos frecuente pero más grave. Veamos con más detalle en qué consiste cada una de ellas.

Degeneración macular seca o atrófica

La degeneración macular seca es el tipo más común, ya que constituye el 85% de todos los casos. Los fotorreceptores de la mácula (las células sensibles a la luz) y el epitelio pigmentario de la retina se deterioran progresivamente, y se forman unos depósitos o productos de desecho extracelular denominados drusas.

La presencia de drusas en la retina es relativamente normal a partir de los 45 años, y muy frecuente en personas de más de 65 años; sin embargo, un aumento en la cantidad y el tamaño de las mismas suele ser el primer signo de una posible degeneración macular. El resultado es la visión borrosa o con manchas, y la pérdida de la visión central.

La degeneración macular seca evoluciona lentamente a lo largo del tiempo y se desarrolla en tres etapas:

Etapa temprana

Presencia de drusas de pequeño y mediano tamaño, sin pérdida de visión ni sintomatología.

Etapa media

La persona presenta drusas medianas y grandes, y puede aparecer visión con manchas en el centro del campo visual. En ocasiones, el sujeto puede necesitar más cantidad de luz para tareas que requieren fijarse en detalles.

Etapa avanzada

Presencia de múltiples depósitos de drusas, destrucción del epitelio pigmentario retiniano y de las células fotorreceptoras de la mácula. En esta etapa, se produce una visión borrosa y, con el tiempo, la pérdida de visión.

Degeneración macular húmeda o exudativa

La degeneración macular húmeda o exudativa es la forma menos frecuente (en torno al 15% de los casos) pero más grave. Sucede cuando empiezan a crecer de forma anormal los vasos sanguíneos (que conforman la membrana neovascular) por detrás de la mácula, lo que provoca que goteen líquido y sangre. Estas exudaciones terminan provocando cicatrices y, en consecuencia, el daño macular.

En esta forma de degeneración macular, la pérdida de la visión central se produce rápidamente. Su desarrollo no se produce por etapas, como ocurre con la forma seca, y los daños son más severos. El síntoma inicial más habitual consiste en ver las líneas rectas deformadas, como si tuvieran una silueta ondulada. La visión puede volverse borrosa o perderse por completo en un periodo de tiempo muy corto (de días o semanas).

Existen dos subtipos de degeneración macular húmeda: la oculta, que se produce debido a los derrames de líquido y al crecimiento de nuevos vasos sanguíneos por debajo de la retina, y provoca una pérdida de visión más leve; y la clásica, cuya gravedad es mayor en lo que respecta a la pérdida de visión y se produce porque el crecimiento de los vasos sanguíneos y la cicatrización genera restos de gran tamaño, responsables de la lesión en la mácula.

Factores de riesgo

El principal factor de riesgo para la degeneración macular es la edad, ya que para las personas de más de 50 años la probabilidad de padecer esta enfermedad aumenta considerablemente. Otros factores relevantes que pueden aumentar el riesgo de aparición de este trastorno son los siguientes:

1. Antecedentes familiares y genéticos

La degeneración macular es hereditaria y se han identificado varios genes que podrían estar implicados en el desarrollo del trastorno, por lo que el riesgo aumenta si se tiene algún familiar con parentesco directo que sufra la enfermedad.

2. Obesidad

Según las investigaciones, las personas que padecen obesidad tienen un mayor riesgo de pasar de la etapa temprana y media a la etapa avanzada de la enfermedad.

3. Tabaquismo

Exponerse al humo de los cigarrillos de forma habitual aumenta el riesgo de padecer la enfermedad, y los pacientes fumadores responden peor al tratamiento.

4. Raza

Las personas de raza caucásica tienen mayor riesgo de sufrir degeneración muscular, en comparación con otras razas, como la afroamericana.

5. Enfermedades cardiovasculares e hipertensión

Existe una relación entre las enfermedades que afectan al corazón o la hipertensión y la degeneración macular.

6. Sexo

Las mujeres son más propensas a padecer degeneración macular que los hombres.

Tratamiento

Actualmente, no existe ningún tratamiento que pueda prevenir la pérdida de visión que provoca la degeneración macular seca cuando ésta alcanza la etapa más avanzada. No obstante, sí es posible frenar o prevenir que la enfermedad avance de la fase temprana a etapas más avanzadas mediante el uso de altas dosis de antioxidantes y minerales como el zinc, según las indicaciones del Instituto Nacional de Oftalmología.

Para tratar la degeneración macular húmeda existen varias alternativas terapéuticas: la cirugía láser, empleada para destruir los vasos sanguíneos que provocan el daño macular; la terapia fotodinámica, que consiste en inyectar una sustancia en el cuerpo para, después, activarla mediante una luz que ilumina los vasos sanguíneos del ojo; y las inyecciones en el ojo con fármacos anti-VEGF, que eliminan los factores de crecimiento que promueven el desarrollo de vasos sanguíneos anormales.

Con todo, la degeneración macular y la pérdida de visión asociada a esta enfermedad pueden seguir progresando, aun cuando se esté recibiendo un tratamiento. Por el momento, no se conoce ninguna cura o tratamiento totalmente eficaz, pero se siguen realizando investigaciones en este sentido.

Referencias bibliográficas:

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