Fotos de Instagram tomadas en las playas de Formentera, imágenes increíbles de las vacaciones pasadas en Londres, algunos selfies tomados en los macrofestivales de moda… 

Reconozcámoslo: el interés no está tanto en la belleza de lo que se ve como en el hecho de poder decir: “¡he estado allí!”. Utilizamos las redes sociales como si fuesen una extensión de nuestro cuerpo y, como tal, nos proyectamos en ellas intentando ofrecer la mejor imagen posible. El problema llega, muchas veces, cuando ves que lo que enseñan los demás es más atractivo que lo que puedes enseñar tú. ¿Podría ser que Instagram y Facebook estén potenciando el sentimiento de envidia?

Cuestión de autopercepción

Se habló de ello en el artículo del Síndrome FOMO: las nuevas tecnologías y la era digital propician que se generalice un miedo a no vivir la vida intensamente tal y como (parece) que lo hacen los demás. Sin embargo, en vacaciones, esto puede agudizarse. 

No hay más que ver el grado en el que se viralizan las fotografías de los destinos más caros y las localizaciones más exclusivas. Añadámosle a este cóctel otro ingrediente: la gente más famosa y más rica es la que más seguidores tiene en las redes sociales. ¡Pero si hasta Twitter o Instagram nos sugiere que les sigamos cuando aún no hemos ni estrenado nuestra nueva cuenta de usuario!

Aunque resulte extraño, esto puede significar que estar sometidos a una contínua ráfaga de imágenes veraniegas ideales haga que nos sintamos con la presión de lograr experiencias comparables a las que vemos… justamente cuando esas imágenes suelen transmitir diversión, relajación y libertad para hacer lo que se quiera. 

En parte, esto es lo que hace que cada vez nos acompañen más soportes tecnológicos que permiten hacer fotografías en cualquier sitio y en casi cualquier condición: smartphones con buenas cámaras incorporadas, cámaras sumergibles, palos selfies, etc. Un momento no inmortalizado por medio de una fotografía es como un momento no vivido, porque no se puede compartir de manera masiva por las redes sociales.

Pero el problema de esto no es sólo que nos falte una cámara en el momento adecuado: es que necesitamos que esos momentos se produzcan en la cantidad deseada y en las cantidades requeridas. No basta con experimentar sensaciones y situaciones agradables: además, esas experiencias que vivimos tienen que poder ser fotografiados y tienen que poder ser reconocidas por los demás como algo a envidiar. La gente se sentirá más impresionada con las cataratas del Iguazú que con unas fotos tomadas en un macizo de la Antártida, por mucho que el segundo sea tu destino predilecto para estas vacaciones.

Facebook y la envidia

¿Hasta qué punto es cierto que ver lo bien que lo pasan los demás a través de las redes sociales nos hace sentir mal? Ciertamente, es un tema algo difuso y no demasiado fácil de abordar científicamente, pero hay algunas evidencias que refuerzan esta idea.

Por ejemplo, un estudio publicado en el Journal of Experimental Psychology: Generalmuestra en sus resultados que utilizar pasivamente Facebook durante unos minutos (hacer scroll vertical para ver las publicaciones que van colgando los demás) potencia el sentimiento de envidia y, con ello, hace que disminuya el bienestar emocional

Otra investigación publicada en PLOS ONE llegó a resultados similares, y añadió otro dato de interés: las interacciones cara a cara no tuvieron los mismos efectos sobre el bienestar subjetivo que las interacciones vía Facebook. De hecho, hicieron que los participantes en el experimento se sintieran mejor, lo contrario de lo que ocurría con el uso de la red social.

Por lo tanto, esto serviría para rechazar la hipótesis de que la gente se sienta mal con cualquier forma de interacción social. La envidia y el malestar relativo que parece tener el uso de Facebook formaría parte de las consecuencias que conlleva exponerse a imágenes y mensajes que los demás han filtrado para ofrecer una imagen deseable de ellos mismos.

Y es que, de hecho, hay una parte muy negativa en el uso de las redes: "La despersonalización y la (in)comunicación en las redes sociales"

Las dosis de Instagram y Facebook, con consciencia y en su justa medida

¿Soluciones para no pasar por esto? El binomio Facebook - envidia podría tener profundas raíces teniendo en cuenta el poder que tenemos a la hora de modelar la imagen de nosotros que queremos dar en Internet. Además, no parecen existir demasiadas investigaciones al respecto, con lo cual es difícil saber cuál es la mejor estrategia para enfrentarse a esto.

Sin embargo, la solución probable y más intuitiva esté en tomarse con filosofía el uso de Instagram, Twitter y otras plataformas digitales. Por un lado, podemos recordarnos a nosotros mismos que creer que lo que estamos viendo es representativo de la vida de los demás sería caer en un engaño. Por el otro, podríamos, por ejemplo, darnos también unas “vacaciones” de las redes sociales. De este modo es probable que salgan a nuestro paso bastantes más experiencias estimulantes, aún sin buscarlas.