Kibutz: qué son, características e historia de estas comunidades

¿Qué son los kibutz? Conozcamos las características y funcionamiento de estas comunidades judías.

Luis Martínez-Casasola Hernández

Luis Martínez-Casasola Hernández

Kibutz

Las comunidades conocidas como kibutz han formado parte de la historia de Israel desde hace más de un siglo.

Vamos a sumergirnos en la historia de estas organizaciones colectivas para descubrir cuándo surgieron, por qué motivo y cuáles son las peculiaridades que las convierten en un fenómeno prácticamente único a día de hoy en la sociedad.

Qué son los kibutz y cuál fue su origen

Los kibutz son organizaciones comunales de carácter agrícola que se sitúan en Israel. Surgieron en el año 1909, siendo Degania el primer kibutz situado en el actual territorio de este país, que por entonces pertenecía a la Siria del Imperio otomano. En realidad, siguiendo los criterios que caracterizan a un kibutz, Degania se ajustaría más a la descripción de una kvutza, una comunidad similar pero de dimensiones más pequeñas.

Esta primera colectividad se creó a manos de doce judíos de origen ruso, que huyeron de la revolución que estaba iniciándose en ese país. Así es como estos diez hombres y dos mujeres fundaron Degania, el primero de muchos kibutz. La idea que subyacía a este tipo de organización era la del sionismo socialista desarrollada por el pensador ucraniano Dov Ber Borojov.

Además de las ideas de Borojov, el gran impulsor del sionismo laboral que acabó cristalizando en los kibutz, fue Aaron David Gordon. Este ideólogo extrajo su corriente de pensamiento principalmente de León Tolstói. La idea principal es que la libertad de un pueblo está supeditada a la capacidad del mismo para lograr su propio sustento. Esta directriz lleva implícito el control de la agricultura.

Por ello, la base de todo kibutz es el trabajo de la tierra perteneciente a la granja comunal, algo que los judíos no podían realizar en Europa, pues en la mayoría de países tenían prohibidas las actividades agrarias. A.D. Gordon concluyó que la creación de un estado judío propio requería el control de la tierra. Es así como los kibutz supusieron el inicio de la creación del estado de Israel.

Se daba además la situación de que la mayoría de los judíos se dedicaban a actividades del sector servicios, algunos trabajaban en la industria y muy pocos tenían empleos relacionados con actividades primarias como la agricultura. Borojov sabía que habría que invertir esa tendencia para hacerse con el control de la tierra y hacer triunfar la revolución socialista. De ahí que la agricultura suscitara tanto interés en estos autores.

Principales características de los kibutz y sus comunidades

Tras haber hecho un pequeño recorrido histórico por el origen de los kibutz, ahora nos centraremos en conocer un poco mejor los principales postulados que se establecieron para generar estas granjas colectivas.

1. Colectividad

La primera característica que debe tener un kibutz es el concepto de colectividad. Todo lo que queda dentro de esta comunidad pertenece a todos los miembros de la misma. Tanto las propias tierras como las posesiones materiales hasta el propio trabajo y los frutos obtenidos a través de este.

En un principio se trató de ser tajante con este precepto, pero algunos conflictos hicieron que se flexibilizara ligeramente la norma para permitir que los miembros de la comuna pudieran poseer individualmente algunos objetos y también contar con una parte del salario para uso privado, al margen de las necesidades del kibutz.

2. Importancia del trabajo de la tierra

En el apartado anterior ya habíamos visto la absoluta importancia que los fundadores de los kibutz atribuyeron al trabajo de la propia tierra. Se era tan estricto con este precepto que incluso se llegó a expulsar a algunos integrantes de algunas comunidades porque no estaban dispuestos a realizar labores agrícolas. Con el tiempo también se ha ido favoreciendo una cierta laxitud respecto a la norma.

De hecho, los kibutz que han llegado hasta nuestros días han sido en su mayoría los que llegado el momento se centraron en el desarrollo industrial y lograron de esa manera un éxito económico que garantizase la viabilidad de la granja.

3. Fuerza de trabajo

Otra de las ideas centrales del funcionamiento de los kibutz es que la fuerza de trabajo debía provenir de los propios miembros de la comunidad. Es decir, los integrantes poseen los medios de producción y al mismo tiempo representan a los trabajadores de los mismos. Cuando se fundó el estado de Israel hubo ciertos conflictos que tenían que ver con el seguimiento de esta norma.

Este problema venía generado por la idea de que los trabajadores tenían que ser únicamente los miembros de la granja comunal, sin posibilidad de que accediese nadie del exterior. El gobierno israelí veía esto como una dificultad añadida para que los nuevos ciudadanos de la nación pudiesen encontrar un trabajo que les permitiese prosperar, ya que el acceso estaba limitado a los integrantes del kibutz.

Igual que con las normas anteriores, con el tiempo se ha ido modificando y hoy en día sí que está permitido y de hecho es habitual que trabajadores externos realicen tareas dentro del kibutz a cambio de un salario.

4. Igualdad salarial

Siguiendo con las normas establecidas para las actividades llevadas a cabo en el kibutz, se concluyó que era necesario establecer una política de igualdad salarial para todos los miembros, fuera cual fuera el trabajo que estaban realizando y la dificultad inherente al mismo.

Esto no quiere decir que el salario sea exactamente igual para todos, sino que cada integrante del kibutz recibe una compensación económica acorde a sus necesidades, especialmente en el caso de tener hijos a cargo. Lógicamente esta política se aplica a los trabajadores pertenecientes al kibutz pero no a los que provienen del exterior.

5. Rotación de actividades

No solo el salario debe ser igualitario, sino que las diferentes tareas de la comuna deben ser realizadas por todos los residentes, de forma rotativa. Por lo tanto, no se asignará un oficio de manera permanente a cada individuo, sino que todos irán cambiando de actividades paulatinamente, de manera que todos los miembros del kibutz sean responsables de todos los trabajos y no haya puestos fijos.

Una ventaja de este sistema es que todas las personas adquirirán los conocimientos y la destreza requeridos para cualquier trabajo, por lo que serán fácilmente sustituibles en caso de indisposición o cualquier otra eventualidad.

6. Democracia interna

La lista de normas de los kibutz continúa con un importante planteamiento: debe existir una democracia interna en la comunidad. Esto implica que cualquier decisión que afecte al kibutz, ya sea ligera o profundamente, se deberá decidir por consenso entre todos aquellos integrantes del grupo que deseen participar en la asamblea convocada a tal efecto.

Por lo tanto, no será obligatorio participar en todas las tomas de decisiones pero sí será un derecho el poder hacerlo siempre que el miembro del kibutz así lo decida.

7. Secularización

La última de las reglas que se plantearon para el correcto funcionamiento de estas comunidades es que los kibutz debían regirse por el judaísmo cultural pero sin tener la religión como un eje central, lo que conlleva un proceso de secularización. Esto se traduce en que las tradiciones y festividades judías en estas granjas comunales estaban más enfocadas a la vida en comunidad y las actividades agrarias que a la religión en sí.

Crianza en los kibutz

El nacimiento de los primeros niños en los kibutz trajo consigo una nueva situación que planteaba interrogantes. Por un lado estaba la cuestión de la igualdad de actividades, así que se trató de que las mujeres no pasaran a un plano en el que su actividad principal era la crianza de los niños y por el contrario pudieran seguir ejerciendo todas las tareas de la granja, como el resto de integrantes.

Para ello la crianza pasó a ser un evento compartido por todo el kibutz. De esta manera además se fomentaba la generación de una identidad propia en el niño, más allá de las imposiciones de sus padres. De hecho, se decidió crear casas comunales dentro del kibutz donde los niños convivieran, tuviesen ratos de esparcimiento y recibieran su educación. Incluso dormían allí.

A cargo de los niños estaban personas con formación sobre enfermería y también sobre educación. Se eliminaba así la dependencia del cuidado de los padres y los niños pasaban a ser una responsabilidad compartida de toda la comunidad, incluso en el aspecto económico, pues su manutención se gestionaba a través de los gastos compartidos del kibutz.

Los estudios demostraron que aún empleando esta metodología, el apego que los niños sentían hacia sus madres no se podía sustituir por el de un cuidador. También descubrieron comportamientos egoístas innatos, como querer apropiarse de juguetes en lugar de compartirlos, lo que les llevó a concluir que ciertos comportamientos tenían orígenes innatos.

A día de hoy las normas relativas a la crianza también se han ido modificando y por lo tanto es frecuente que los niños pasen mucho más tiempo con sus padres respecto a las dinámicas que se llevaban a cabo en los kibutz hace unas décadas.

Referencias bibliográficas:

  • Ardila, R. (1965). Los kibutz de Israel: Análisis de una sociedad cooperativista. Revista Colombiana de Psicología.
  • Rábíń, A.Í. (2013). Growing up in the kibbutz. Springer Science + Business Media, LLC.
  • Spiro, M.E. (2017). Gender and culture: Kibbutz women revisited. Routledge. Taylor & Francis Group.
  • Tiger, L., Shepher, J. (1975). Women in the kibbutz. Harcourt Brace Jovanovich.

Luis Martínez-Casasola (Madrid, 1988) se licenció en Psicología en la UAM y cuenta con un máster en Psicología Forense por la URJC y el COP de Madrid, así como con una especialización en recursos humanos. Tras varios años de experiencia en la redacción de contenidos web, ahora colabora como divulgador para medios especializados en el ámbito de la Psicología y la salud.

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