Las normas por las que se rigen los musulmanes. Unsplash

La religión del Islam, como las 3 principales religiones monoteístas, se basan en varias directrices sagradas para poder otorgar la categoría de “fiel” a la misma. En el caso particular que se infrinja alguna de esas normativas imperantes, el sujeto se le declarará impuro.

En la actualidad, existen muchos eruditos y especialistas en teología islámica que abren una brecha entre lo sagrado y lo interpretable ya que, como sucede con la jurisprudencia, toda ley es víctima de manipulación. No obstante, en el Islam encontramos cierta unanimidad a la hora de declarar los 5 pilares básicos e irrefutables para profesar dicha fe.

¿Cuándo se fundó el Islam?

Se reconoce universalemente que el Islam es la última religión que descendió desde los cielos para revelar su mensaje al también último gran Profeta, Mahoma. Esta religión semítica (por contra de lo que muchos suelen pensar) fue creada allá por el año 622 en Arabia Saudí, exactamente en la ciudad de la Meca.

La primera premisa que pregona el Islam y que cualquier persona debe reconocer a la hora de estudiarlo, es la aceptación de “Alá como único Dios y a Mahoma como su último mensajero”. Por otra parte, el Corán es el libro dogmático en el que se basa, aunque el resto de profetas judíos y cristianos son igualmente reconocidos, así como la Biblia y la Torá.

Los 5 pilares incondicionales del Islam

Como podría ser la analogía directa con el Cristianismo y sus 10 mandamientos, en el Islam se dictaron tan sólo 5 pilares que sustentan toda base y razón de ser. En las siguientes líneas explicaremos detalladamente en qué consisten.

1. La “shahada” (testimonio)

El primero de los pilares, como ya comentamos en la introducción, supone la aceptación y sumisión de la existencia de Alá como único y legítimo Dios, negando así el politeísmo, y reconociendo de igual manera que Mahoma es el último profeta y al que hay que creer.

2. El “salat” (ejercer la oración)

En el Corán se incide con gran trascendencia en este punto, asegurando que “cualquiera que se prive del salat, será privado del paraíso”. Durante los inicios de expansión del Islam, el rezo inicial consistía en realizarse hasta 30 veces aproximadamente. Dios, dicen los expertos historiadores, rebajó esa serie a 5 veces para complacer a sus seguidores devotos.

Estas cinco oraciones se basan en el horario solar, que va cambiando a lo largo del año. La primera oración coincide con la salida del sol (el alba), al mediodía, a media tarde, en el crepúsculo y la noche, siempre orientados en dirección a La Meca.

3. El “zakat” (dar limosna)

Se reconoce como un impuesto que el fiel debe depositar sobre sus bienes privados. Esto es, un porcentaje mínimo sobre el valor del dinero que se tiene, vehículo o cualquier otro tipo de propiedad. En teoría es un 3% del total de todos los bienes, pero la voluntad de cada musulmán corre a su discreción, pudiendo aportar más de lo estipulado.

4. El “sawm” (ayunar)

Seguramente, junto con el rezo, sea el segundo pilar más importante, pues requiere un ejercicio de sacrificio que juzgará la devoción de los musulmanes. El mes del Ramadán (mes sagrado) recoge este mandamiento, que consiste en ayunar de agua y comida durante todo el día sin excepción alguna; desde el alba hasta el crepúsculo durante no menos de 29 días y no más de 30.

5. El “hajj” (peregrinación al lugar sagrado)

La última pero no menos importante de las leyes sagradas que cierran con este capítulo de los 5 pilares. Existen concretamente tres lugares sagrados para los musulmanes: La Meca y Medina primero, pues fue la piedra que levantó el mismo Adán como santuario sagrado (la Kaaba) y lugar donde nació el Islam. Después está Jerusalén (Al-Quds en árabe), donde se encuentra la mezquita de cúpula dorada ya que desde ahí Mahoma ascendió al cielo.

Algunas consideraciones

Aunque en muchas ocasiones las religiones puedan resultar intransigentes, en el caso que nos ocupa con las 5 leyes sagradas del Islam, existen algunas excepciones al cumplimiento de las mismas. Por ejemplo, en el caso de la limosna, están exemptos de cumplirla aquellos que estén en situación límite para cubrir sus gastos de vida.

En los puntos 4 y 5 (rezo y peregrinación) ocurre algo similar. Si una persona padece cualquier tipo de patología o limitación física, también se le perdona practicar el ayuno. Eso sí, está obligado a suplir su excepción con dar de comer a los necesitados. El peregrinaje, se tiene que realizar siempre y cuando se disponga de recursos para ello.

En el punto 3 no existe ningún tipo de indulto y/o excusa para evitar su práctica, pues aunque una persona tenga movilidad reducida u otro tipo de dificultad física, el Corán aconseja rezar de la manera más cómoda posible, sentado por ejemplo.