El ser humano es un animal social, emocional, y también... mentiroso. Pero dejemos los juicios de valor a un lado. Decir mentiras es uno de los mecanismos de adaptación humanas más importantes y funcionales.

Las mentiras nos ayudan a entender nuestra propia realidad, a construir una identidad, y también son una habilidad cognitiva que incluso nos lleva hacia la empatía. Sin embargo... ¿En qué momento las mentiras comienzan a ser un problema? ¿Por qué a veces mentimos hasta el exceso (en relación a tu trabajo, familia, o pareja). ¿A qué te lleva? ¿Te ha pasado alguna vez?

Mentir es un rasgo de inteligencia, pero también conlleva una consecuencia emocional. ¿Por qué a veces mentimos en exceso? ¿Cuál es el problema de origen? ¿Cómo solucionarlo? En este artículo podrás descubrir a qué te llevan las mentiras, qué hay detrás, y cómo solucionarlo.

Explorando el origen del acto de mentir

Comencemos por el principio: mentir es una habilidad que hacemos a diario. Cuando somos niños aprendemos a mentir porque descubrimos que tergiversando ciertos hechos de la realidad podemos conseguir ciertos objetivos en nuestras relaciones personales. En principio esto es un rasgo de adaptación que nos ayuda a afrontar situaciones, a construir identidad y a aprender a relacionarnos con los demás (las famosas mentiras piadosas).

Con los años, aprendemos que mentir es una estrategia que a veces nos saca de un conflicto o con el que conseguimos ciertos beneficios. El problema de las mentiras se da cuando su fin no es adaptarnos, sino evitar afrontar un hecho que nos resulta complejo. Cuando las mentiras excesivas se producen, comenzamos a sentir inseguridad, ansiedad, cada vez un mayor agobio y sentimos un peso encima que nos oprime.

En ocasiones, en consulta muchas personas me confiesan ser mentirosos compulsivos. Cuando profundizamos más en su caso, descubrimos que no existen más mentiras que las habituales, sino una serie de mentiras redundantes que incrementan su malestar y estado ansioso.

Como psicólogo y coach, mi trabajo consiste en acompañar a las personas en un proceso de cambio donde consigan los cambios que necesitan gracias a su propio cambio personal. Esto es lo que realmente se interioriza y sirve para siempre.

Los motivos de las mentiras

Podemos mentir en diferentes aspectos, y los orígenes son también diferentes.

1. En la parcela social

Mentimos para poder integrarnos en un determinado colectivo o para generar una imagen determinada. El fin en sí mismo es positivo: poder conectar con los demás. El problema es que las mentiras nunca se sostienen en el tiempo.

El origen de esta mentira es la inseguridad: no confiamos en nuestras capacidades personales, motivo por el cual mentimos.

2. En la parcela familiar

Solemos mentir por miedo a las consecuencias. Cuando tenemos que el otro sienta ira, decepción o rechazo, ocultamos cierta información relevante o mentimos sobre ella porque tememos las posibles consecuencias.

Esto nos lleva a comunicarnos de forma opaca en lugar de asertiva, lo cual nos hace sentir aislamiento, ansiedad y agobio. Las relaciones personales se ven muy deterioradas por esta costumbre, basada en el miedo.

3. En la parcela profesional

Podemos mentir para ocultar información cuyas consecuencias tememos, para impresionar, o para crear una serie de expectativas que no se pueden cumplir. Ante todo, mentimos por miedo a no cumplir con las exigencias que nosotros mismos nos creamos.

En la parcela sentimental: las mentiras son más frecuentes en esta parcela y es donde nos ocasionan más problemas. Mentimos por inseguridad (tememos las consecuencias de nuestras acciones) y también podemos llegar a desarrollar el hábito de mentir para sentir adrenalina y seguridad personal (como ocurre en el caso de personas que mantienen varias relaciones a la vez, ocultas entre ellas).

En todos los casos encontramos un factor en común: mentimos en principio para adaptarnos y conseguir ciertos objetivos personales sin dañar a otros (en principio esta es la función positiva de las mentiras) pero más tarde podemos mentir en exceso debido a una serie de emociones fundamentales: miedo, inseguridad y culpa. Miedo a las consecuencias, inseguridad hacia nuestras capacidades, y culpa por las consecuencias de las mentiras en sí mismas.

La solución a las mentiras excesivas

Mentir de forma excesiva nos lleva a un estado de ansiedad, preocupación y agobio que redunda en un malestar general muy desagradable. Mentir es como una bola de nieve o un efecto tsunami: cada vez nos resulta más difícil escapar de ellas. La solución, no obstante, está en trabajar justo con el origen de esas mentiras excesivas: la forma en la que entiendes y gestionas esas emociones.

Sentir miedo, inseguridad o culpa es en principio natural (así como las mentiras piadosas). El problema mayor es cuando no sabes entender y gestionar lo que sientes, hasta tal punto de que esas emociones son demasiado intensas, frecuentes y duraderas, de tal forma que condicionan tu conducta y te llevan hacia las mentiras excesivas.

Realizar este aprendizaje es lo que te lleva hacia un encuentro contigo y te permite relacionarte con los demás y con el mundo de una forma asertiva, positiva, y sobre todo honesta.

Si quieres vivir ese aprendizaje, te hago una propuesta especial: en Empoderamiento Humano puedes encontrar opciones para agendar una primera sesión exploratoria conmigo. En esa sesión podremos conocernos, profundizar más en tu situación (en cualquier tipo de parcela: sentimental, profesional, personal, etc.), encontrar una solución definitiva y ver cómo puedo acompañarte.

El cambio se hace realidad solo si viene de ti. Aquí, te lo aseguro... no te miento.