El síndrome de la abeja reina es un concepto que, a pesar de no utilizarse en ámbitos clínicos y de no referirse a un trastorno, es utilizado por algunas personas para referirse a un patrón de comportamiento social que resulta dañino. En concreto, uno que tiene que ver con las envidias y la competitividad entre mujeres.

En este artículo veremos qué es el síndrome de la abeja reina, el modo en el que se expresa a través de las relaciones personales, y por qué resulta perjudicial.

¿Qué es el síndrome de la abeja reina?

Parecería lógico que, dado que existe el género femenino y el masculino, las personas asociadas a cada uno de ellos se sintieran más cómodas relacionándose con sus semejantes durante la mayor parte del tiempo. Sin embargo, en el caso de muchísimas mujeres esto no es así, y prefieren la compañía habitual de los hombres. Este fenómeno es consecuencia de lo que llamamos síndrome de la abeja reina.

¿Y qué es el síndrome de la abeja reina? Básicamente, es una dinámica relacional que lleva a algunas mujeres a pensar que, por defecto, el resto de féminas son sus rivales o personas a las que se debe dominar. Además, esta lógica competitiva e individualista no tiene por qué ser el reflejo de la personalidad de la mujer en cuestión, ya que no se aplica al trato que le da a los hombres.

Ejemplos: las confrontaciones y rivalidades que produce

Para entender mejor lo que es el síndrome de la abeja reina, veamos algunos ejemplos típicos que se dan en multitud de contextos.

1. Esparcir rumores negativos

Hacer que una persona gane mala fama hablando mal de ella a sus espaldas es relativamente fácil, y las consecuencias pueden ser muy dolorosas. Ni siquiera es necesario contar con información fidedigna: el morbo por las historias de inmoralidades y la ambigüedad pueden hacer que se cree todo un relato totalmente inventado o muy exagerado.

Además, la influencia del sexismo y del machismo ha hecho que existan muchos motivos por los que criticar a una mujer: se le cuestionan aspectos de su vida que no tendría sentido criticar en el caso de los hombres.

2. Luchar por destacar a toda costa

Algunas mujeres que presentan el síndrome de la abeja reina y que a la vez tienen una personalidad expansiva se sienten mal si no está claro que ellas son las que más destacan en comparación a sus compañeras. Es por eso, por ejemplo, que cuando llega una compañera de trabajo nuevo, hay veces que esta es recibida con una hostilidad fría y unas ciertas actitudes pasivo-agresivas

En casos extremos, se puede intentar que despidan a la compañera, dado que se entiende que por el simple hecho de ser mujer, en caso de haber una plaza libre a la que se puede ascender, la competición será entre personas del mismo sexo.

3. Críticas al aspecto físico

El aspecto físico es el gran flanco por el que se ataca constantemente a las mujeres. Es algo visible por todos que puede dar pie a todo tipo de comentarios comprensibles sin necesidad de conocer el contexto personal de quien está siendo juzgado. Como las mujeres han sido valoradas durante siglos básicamente por sus propiedades reproductivas, las burlas relacionadas con su atractivo tienen la capacidad de ser especialmente humillantes.

Lo contrario a la sororidad

El síndrome de la abeja reina hace que las mujeres vean a las demás como potenciales enemigas sin ninguna razón aparente. Así, quienes se dedican en cuerpo y alma a perjudicar a sus compañeras no necesitan una excusa para desconfiar de las otras o para lanzar “ataques preventivos”.

Pero lo que hace que el síndrome de la abeja reina sea más raro es que, teniendo en cuenta que las mujeres han estado en una situación de desventaja durante milenios (y en la actualidad, en gran parte, lo siguen estando en muchos aspectos y en la mayoría de países), sería de esperar que la no cooperación entre ellas se castigase duramente y resultase tan poco ventajosa que desapareciese. A fin de cuenta, en situaciones duras las formas de vida tienden a aliarse para seguir adelante.

Es por eso que la sororidad, que es el equivalente femenino a la fraternidad, es algo que choca totalmente con el síndrome de la abeja reina. La existencia de envidias, rivalidades y todo tipo de rencillas entre mujeres por el tipo de ser mujeres fragmente un colectivo que ya de por sí está perjudicado.

Es por eso que este fenómeno comportamental y social es visto como un problema no solo individual (la mujer que se acostumbra a relacionarse así con otras mujeres crea malestar en ellas), sino que también es social (la unidad hace la fuerza, y atentar contra ella con malas excusas resulta negativo).