El síndrome del impostor es un fenómeno psicológico que lleva a algunas personas a tener una visión distorsionada sobre sus propios méritos y aptitudes. De hecho, casi podría decirse que hace que el propio éxito sea visto como un problema. Veamos cómo es.

¿En qué consiste experimentar el síndrome del impostor?

El síndrome del impostor está caracterizado por un patrón de comportamiento que tiene como característica la existencia de dudas sobre las habilidades propias, miedo al fracaso y bajas expectativas ante los resultados de proyectos propios. Suele darse al inicio de retos a los que la persona da valor, como un nuevo trabajo, ser padre/madre primerizo/a, empezar un negocio, recibir un premio, etc.

A pesar de que el síndrome del impostor no es un trastorno como tal reconocido en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), se estima que aproximadamente un 70% de las personas al experimentado este fenómeno alguna vez.

Generalmente, las personas con este síndrome pueden considerar que los demás magnifican o sobreestiman sin razón logros de uno mismo; de ahí que piensen que son impostores. De esta forma, creen no ser dignos del reconocimiento que otros (amigos/as, jefes/as, etc.) les otorgan y muestran preocupación por que los demás pudieran descubrir que no son tan inteligentes o habilidosos como pudieran parecer.

Su extraña relación con el éxito

Como mecanismo, las personas con síndrome del impostor pueden atribuir su éxito o habilidad a la suerte, la casualidad, el carisma propio o, simplemente, a estar en el sitio adecuado en el momento adecuado. En definitiva, tienden a poner un foco en lo ajeno a uno mismo a la hora de explique su éxito y reconocimiento, al considerar que no están a la altura. Estos sentimientos descritos pueden llevar a la persona a trabajar aún más duro y aumentar su esfuerzo ante el miedo a ser desenmascarada, lo que puede llevarle a un mayor éxito y a una retroalimentación de las creencias y sentimientos iniciales.

El patrón descrito no está asociado a una tasa alta de fracaso o a un historial de resultados no esperados, sino todo lo contrario. A pesar de que la persona pueda contar con el reconocimiento de méritos y logros en determinadas competencias, la sensación asociada ante los nuevos retos es bien distinta. La percepción en cuanto a autoeficacia, el autoconcepto, la dimensión social y una alta autoexigencia parecen guardar relación con este fenómeno.

¿Qué se puede hacer ante él desde la Psicología?

Una de las pruebas para evaluar el síndrome del impostor es el CIPS, desarrollado por Pauline Clance. El cuestionario evalúa la preocupación por ser un fraude y las dudas sobre la propia habilidad e inteligencia. Asimismo, indaga sobre la atribución de los méritos y la incapacidad o dificultad para aceptar elogios y reconocimiento ante los buenos resultados obtenidos.

Sin embargo, tal y como ocurre en la mayoría de los trastornos y las problemáticas relacionadas con salud mental, es difícil que la persona reconozca estos síntomas y pueda pedir ayuda psicológica. Algunas de las afirmaciones con las que la persona con esta tendencia podría identificarse son las siguientes:

  • "Puede dar la sensación de que soy más inteligente de lo que parezco".
  • "Me da miedo no cumplir con las expectativas de los demás".
  • "Tiendo a recordar más los mementos en los que he fracasado en comparación con las situaciones en las que tuve éxito".
  • "Me cuesta reconocer cumplidos o elogios por mis logros".
  • "Me preocupa no realizar con éxito mis tareas o proyectos, a pesar de que otros me dicen que soy capaz".
Loratu

En terapia, trabajar las autoevaluaciones, la autoeficacia y el perfeccionismo, entre otras áreas, puede ayudar a la persona a aceptar y dar valor a sus logros, reduciendo los sentimientos negativos descritos. Conocer y elaborar esta cuestión podría reportar beneficios a la satisfacción vital y repercutir positivamente en entornos académicos y laborales. Por eso, ante el síndrome del impostor ponerse en contacto con psicólogos es una opción recomendable.

Referencias bibliográficas:

  • Jiménez, E. F., & Moreno, J. B. (2000). El pesimismo defensivo y el síndrome del impostor: análisis de sus componentes afectivos y cognitivos. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica, 5(2), 115-130.
  • Bogiaizian, D. (2018). Síndrome del Impostor y Ansiedad.
  • Chrisman, S. M., Pieper, W. A., Clance, P. R., Holland, C. L., & Glickauf-Hughes, C. (1995). Validation of the Clance imposter phenomenon scale. Journal of Personality Assessment, 65(3), 456-467.
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