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En una época en la que el machismo parece estar remitiendo en un buen número de países, se da un hecho paradójico: las niñas muestran la misma capacidad que los niños a la hora de aprender, pero son tratadas con condescendencia con más frecuencia y, cuando destacan por sus habilidades, a menudo se topan con el rechazo de personas de su entorno.

Y no, no es una cuestión de envidia. Entonces... ¿qué ocurre?

Un problema ligado a la autoestima

La investigadora Heidi Grant Halvorston escribió hace un tiempo que parte del motivo por el que las niñas tienden a no ser tan obstinadas y asertivas es el modo en el que se ven a sí mismas, es decir, su autoconcepto. La idea es que niños y niñas perciben de diferente manera sus capacidades, pero no por diferencias genéticas, sino por el modo en el que se les ha enseñado a pensar en sí mismos. En concreto, cree que las niñas brillantes o con talentos especiales tienden a creer que nacen con una serie de capacidades que no pueden cambiar, mientras que los niños, independientemente de sus habilidades, creen más en la posibilidad de mejorar aprendiendo.

Cuando los niños se encuentran con dificultades, porque hay algo que no entienden o que aún no han aprendido a realizar, las personas de su entorno les animan a continuar y les recuerdan con frecuencia la importancia de la cultura del esfuerzo.

En el caso de las niñas, sin embargo, la condescendencia limita su aprendizaje. Cuando hacen algo bien, se las recompensa con palabras amables acerca de lo listas que son, o lo bien que se les dan los estudios. Esto, que en principio es algo positivo, tiene un doble filo: las niñas interiorizan un tipo de discurso que les recuerda constantemente que si tienen éxito en una tarea es porque "son así", porque forma parte de su identidad, y no del repertorio de conductas que han aprendido.

Creando una cultura del estigma

De este modo, cuando notan que hay algo que no saben hacer, creen que es porque, simplemente, no están hechas para esas tareas. Del mismo modo, verán con extrañeza que otras niñas se esfuercen mucho para dominar algo que en un principio no sabían hacer, y en ocasiones pueden ser estigmatizadas. De este modo se crea una cultura en la que se interioriza una idea que mata las posibilidades de desarrollo de muchas jóvenes con talento.

Las niñas brillantes tienen que lidiar, pues, con un doble obstáculo: la dificultad de aprender las competencias necesarias para ir preparándose para la vida adulta y, a la vez, lo complicado de gestionar las reacciones negativas que sus habilidades producen. Pero, por supuesto, este rechazo no nace solo de otras niñas, sino de muchas otras personas, a causa de la herencia del machismo.

La huella del machismo en las niñas inteligentes

Actualmente existen muchos estudios que señalan un curioso fenómeno: en comparación a los hombres, las mujeres son más propensas a recibir reacciones negativas cuando adoptan un rol de autoridad. Es decir, que las mujeres que se comportan de manera asertiva encuentran más problemas que los hombres a la hora de hacerse valer, ya sea a la hora de pedir un aumento, negociar el reparto de tareas o proponer iniciativas y estrategias.

Esta disparidad entre hombres y mujeres bien podría tener su origen durante los años de infancia, en el modo en el que niños y niñas interactúan entre sí en el recreo, las actividades en grupo. El papel de la mujer ha estado tradicionalmente vinculado a las tareas del hogar y la cría de hijos e hijas, un contexto caracterizado por la estabilidad y en el que no se puede destacar por encima de otras personas. La competitividad en un contexto inestable y cambiante era tarea de los hombres, que salen de casa para ganar dinero diferenciándose de la competencia.

Esto hace que el rol masculino esté más relacionado con el individualismo y la diferenciación por medio del esfuerzo, mientras que las mujeres se adherían a unos roles mucho más discretos. La existencia de niñas brillantes y con talento que luchan por pulir sus habilidades y que no se molestan en adoptar un perfil bajo y discreto choca contra esta concepción de las tareas de hombres y mujeres.

Concluyendo

Si las niñas con talentos especiales reciben un feedback negativo por parte de otras personas es, básicamente, porque allí donde se lleva a cabo la educación de estas menores hay también un contexto cultural con presencia de machismo en mayor o menor grado.

Es de suponer que abordando esta problemática social y colectiva se mejorará también algo tan individual como el modo en el que cada una de estas jóvenes experimentan su potencial sin ser estigmatizadas por ello.