Un repaso a esta clásica teoría. Unsplash.

Desde los albores de la humanidad, las personas han necesitado agruparse con el fin de sobrevivir. Desde los grupos familiares de la prehistoria a las megaurbes actuales con millones de personas habitando en ellas, nuestra historia y desarrollo como especie se ha debido al esfuerzo colectivo para sobrevivir y medrar. Y en este esfuerzo, todos y cada uno de nosotros vamos tejiendo nuestra propia red de contactos, que a su vez tienen la suya propia. Y a día de hoy, en que vivimos en una sociedad globalizada y interconectada a través de las redes, no es imposible llegar a pensar que en realidad podríamos llegar a contactar con cualquier persona.

Este pensamiento ha generado que algunos investigadores hayan generado diferentes teorías que intentan reflejar la posibilidad de que en realidad todos estamos interconectados. Una de las teorías que se han manejado al respecto es la teoría de los seis grados de separación, de la cual vamos a hablar a continuación.

La teoría de los seis grados de separación: origen e idea básica

La denominada teoría de los seis grados de separación es una teoría que plantea que cualquier persona puede estar interconectada con cualquier otra de cualquier parte del mundo a través de una cadena de contactos que no excede las seis personas, existiendo pues solo cinco puntos de unión entre ambos.

Si bien parece una idea propia de un mundo globalizado como el de la sociedad actual, lo cierto es que se trata de una teoría que tiene origen en la propuesta por primera vez en 1929, siendo su autor el escritor Frigyes Karinthy y apareciendo en su publicación Chains (cadenas, en inglés).

La idea original tiene sentido y resulta viable: conocemos a un gran número de personas a lo largo de nuestro día a día (proponiendo autores posteriores como Watts alrededor de unas cien), y estas a su vez a otros tantos, que a su vez también tendrán otros tantos. A la larga, el número de personas interconectadas iría creciendo exponencialmente haciendo cada vez más fácil que con el tiempo encontraramos contactos en común con el sujeto objetivo, y con el tiempo si quisiéramos enviarle un mensaje bastaría con seguir dicha cadena.

Puntos de conexión social

Ahora bien, el hecho de que únicamente sean necesarios seis altos resulta más difícilmente demostrable. El número en concreto de “saltos” fue objeto de arduo debate hasta 1967, en que el conocido psicólogo Stanley Milgram (el mismo del experimento de Milgram de la obediencia a la autoridad), realizó una serie de experimentos intentando resolver la incógnita, en lo que se denominó “the small world problem”.

En uno de ellos, Milgram proporcionó a diferentes personas al azar una serie de cartas para que las hicieran llegar a una persona desconocida situada en Massachusetts, únicamente a través de sus conocidos. Si bien muchas de las cartas nunca llegaron, entre otras cosas porque muchos participantes no las pasaron o sus contactos no siguieron intentándolo, en los casos en que sí lo hicieron se contabilizó un promedio de seis pasos.

Los experimentos de Milgram en este sentido podrían ser poco representativos, pero posteriormente se realizaron otras investigaciones (y algunas relativamente recientes, como una en 2001) que parecen mostrar que el número de saltos necesarios, aunque no absoluto, en promedio sigue siendo de alrededor de seis saltos.

La teoría en la sociedad de la información: a seis pasos (o clicks) de distancia

Ha corrido el tiempo desde que la teoría fue propuesta por primera vez, y son múltiples los avances sociales y tecnológicos que han ido apareciendo desde entonces. Entre ellas podemos encontrar la aparición de Internet y de las redes sociales, las cuales facilitan la interacción entre personas de todo el mundo. Así, en la actualidad puede ser incluso más fácil establecer un contacto entre personas muy alejadas y diferentes entre sí.

Además, el uso de estas redes permite no solo el contacto, sino el cálculo de la separación entre personas: LinkedIn o Facebook son ejemplos de ello. Sin embargo, los datos obtenidos demuestran que la teoría de los seis grados de separación puede haber evolucionado con los tiempos, pudiendo ser la distancia mucho menor en la actualidad. Por ejemplo, un estudio de la Universitá degli Studi di Milano y diversos investigadores de Cornell de 2011 reflejan que la distancia entre dos personas en Facebook es de 3,74 personas.

Otras dificultades

No podemos dejar de indicar que pese a que esta teoría puede estar relativamente sustentada, hay que tener en cuenta que existen una gran cantidad de variables que pueden interferir en el número concreto de saltos: no es lo mismo entrar en contacto con alguien de tu misma ciudad que de otro continente, o que tenga otra lengua.

También va a variar la dificultad en función de si la persona es más o menos conocida a nivel popular, o si comparte o no una afición o un trabajo. Otro problema lo encontramos en los medios: hoy en día podemos generar contactos más diversos gracias a las nuevas tecnologías, pero quienes no las tienen no gozan de dicha opción.

Por último es distinto contactar con alguien en una ciudad que en un pueblo con pocos habitantes, y si nos vamos al extremo podemos encontrar mucha más dificultad en contactar con un sujeto en situaciones como guerra, pobreza extrema o hambruna. O si uno de los dos extremos (el que inicia la búsqueda de contacto o el objetivo de este) es miembro de una tribu indígena o una cultura aislada del resto del mundo

La utilidad de esta teoría

Es posible que la lectura de esta teoría pueda parecer interesante a nivel informativo, pero lo cierto es que no se trata solo de una curiosidad: tiene su utilidad en múltiples sectores.

Uno de ellos es el de las redes de trabajo en el mundo de la empresa, de tal manera que permite estudiar cómo formar carteras de clientes y contactos que puedan facilitarlos. También en marketing y publicidad podría aplicarse, a la hora de tener en cuenta la formación de cadenas de contactos a la hora de favorecer la venta de un servicio o producto. El conocido boca a boca también puede vincularse a este factor

Por último, también podemos encontrar utilidad a la teoría de los seis grados de separación a nivel educativo: puede aprovecharse y tenerse en cuenta de cara a la transmisión de valores prosociales, programas de prevención (por ejemplo educación sexual, prevención de drogas o prevención de violencia de género) o información.

Referencias bibliográficas:

  • Watts, D.J. (2006). Seis grados de separación. La ciencia de las redes en la era del acceso. Editorial Paidos.