Pasar mucho tiempo frente a la videoconsola puede llevar a una dinámica de dependencia. Unsplash

La adicción a los videojuegos ha llegado a ser uno de los temas que más preocupa a muchos padres y madres alarmados ante el tiempo que sus hijos pasan jugando a esta forma de ocio. Aunque está claro que el grado de dependencia que se puede generar con este tipo de entretenimiento no es comparable al que aparece con el consumo de drogas, es cierto que la obsesión con esta actividad puede tener consecuencias serias en la calidad de vida de las personas jóvenes.

En este artículo repasaremos las características de la adicción a los videojuegos, lo que hace que se pase del hábito a una trampa de la que resulta difícil escapar, y los métodos utilizados para intervenir de este problema y romper con ese círculo vicioso.

¿Qué es la adicción a los videojuegos?

A lo largo y ancho del planeta, muchos jóvenes han convertido los videojuegos en una de sus principales aficiones, del mismo modo en el que otros casos son el fútbol o el patinaje los que ocupan buena parte del tiempo dedicado al ocio.

De hecho, lo que antaño fue un pasatiempo con mala prensa y que no estaba bien aceptado socialmente, hoy se ha normalizado tanto que hay toda una subcultura que reivindica abiertamente esta clase de entretenimiento, e incluso existen torneos y campeonatos mundiales centrados en videojuegos específicos; esto es lo que se conoce como eSports).

Sin embargo, el hecho de que muchas personas valoren muy positivamente el uso diario de esta forma de entretenimiento no hace que la adicción a los videojuegos deje de existir.

La adicción a los videojuegos es lo que ocurre cuando la dependencia hacia las partidas de videojuegos se vuelve tan intensa que se dedica al menos cuatro horas diarias a esta actividad, suponiendo esto la desatención de todo tipo de obligaciones y responsabilidades.

Síntomas

Entre los síntomas de la adicción a los videojuegos destacan los siguientes.

1. Aislamiento social

La adicción a los videojuegos potencia el aislamiento social, que se traduce en la pérdida de contacto con amigos y familiares. A su vez, el aislamiento social puede ser una de las causas que lleve a la adicción a los videojuegos, ya que estos pueden ser tanto el entretenimiento solitario con el que emplear el tiempo obteniendo placer a cambio, como un medio con el que interactuar indirectamente con otras personas (en el caso de los juegos online).

2. Empeoramiento del rendimiento académico

El tiempo dedicado a jugar hace que no se invierta tiempo y esfuerzo en estudiar, lo cual repercute en el rendimiento académico y retrasa el aprendizaje de las competencias y habilidades que se impulsan a través de la educación.

3. Uno de las partidas de videojuegos como conducta compensatoria

El udo de los juegos puede ser un recurso para canalizar el estrés y la ansiedad derivados de otros problemas del día a día, como el hecho de vivir en una familia desestructurada o el sufrimiento de maltrato en casa o bullying en la escuela.

4. Pérdida de la noción del tiempo

La adicción a los videojuegos hace que se pierda el control de la gestión del tiempo, de modo que la capacidad para saber las horas que han pasado durante las partidas empeora y se pierde de vista el hecho de que esto retrasa otras actividades.

5. Dolores y enfermedades posturales

El hecho de pasar muchas horas seguidas jugando a videojuegos frente al televisor o al ordenador puede llevar a desarrollar problemas óseos, de articulaciones o de circulación, especialmente en la espalda, los muslos y las manos.

6. Estallidos de ira ante limitaciones para jugar

Cuando ciertas situaciones hacen que la partida termine o se vea entorpecida, esto genera un nivel de frustración que puede derivar en estallidos de ira o incluso en agresiones físicas contra otras personas, así como en golpes contra partes del inmueble u objetos.

¿Qué nos hace estar enganchados a la pantalla?

Es cierto que la mayoría de los videojuegos están diseñados para ser usados durante partidas relativamente largas, o bien para ofrecer la posibilidad de jugar varias partidas seguidas con muy poco tiempo de demora. Por ejemplo, aquellos que ofrecen experiencias inmersivas, como The elder Scrolls V: Skyrim, es posible que la partida dure toda la tarde, mientras que en otros, como Hotline Miami, cada partida dura entre varios segundos hasta unos pocos minutos, aunque entre una y otra hay que esperar menos de un par de segundos de carga.

Por otro lado, las mecánicas de la mayoría de videojuegos se centran en dar recompensas por progresar y superar pruebas. Por ejemplo, batir ciertas marcas o superar ciertos enemigos nos permite acceder a nuevas zonas que explorar o a modos de juego que no habíamos desbloqueado. Esto, sumado a una curva de dificultad ascendente (es cada vez más complicado avanzar, per a la vez aprendemos más y más acerca de cómo superar los desafíos del juego) hace que todo gire alrededor del condicionamiento operante.

Normalmente podemos desconectar de este hábito, pero en otros casos las ganas de recibir más recompensas nos llevan a querer jugar más y más a las opciones que nos ofrecen estos juegos, sin dedicar tiempo a pensar en otras cosas.

Por otro lado, la adicción a los videojuegos, al igual que muchas otras formas de dependencia a hábitos, nos lleva a caer en una dinámica que nos atrapa y que, con el tiempo, hace empeorar las perspectivas de salir de esa trampa. Esto es así porque a medida que interiorizamos la importancia de echar partidas a los videojuegos, los pensamientos recurrentes vinculados a esa actividad se hacen cada vez más frecuente, y todo nos hace recordar esas partidas o imaginar lo bien que lo podríamos estar pasando si estuviésemos frente a la pantalla.

Tratamiento de la adicción a los videojuegos

Más allá de la intervención psicológica conducida por profesionales, que es la opción recomendada cuando la adicción a los videojuegos es muy intensa, hay otras medidas que pueden ayudar a combatir esta tendencia hacia el abuso de las partidas a juegos de ordenador o videoconsola. Las principales son las siguientes.

1. Impedir la compra de más juegos

El hecho de no poder acceder a más juegos durante un tiempo indefinido hace que la cantidad de recompensas y nuevos estímulos a los que se opta se vea limitada, de modo que jugar todo el rato a lo mismo sea una experiencia tediosa.

2. Invitar a realizar otros pasatiempos

Ocupar el tiempo en otras actividades ayuda a romper con el ciclo del juego, ya que presenta otras rutinas y pensamientos estimulantes.

3. Limitar el tiempo

Es preferible dejar juegar durante un tiempo limitado a cortar en seco la posibilidad de seguir jugando, ya que lo segundo produce tal hostilidad que la situación es vista como un enfrentamiento directo en el que todo vale con tal de saltarse la norma.