Los ataques pueden ser adoptados como un mecanismo de protección frente a otros.

El acoso entre iguales o bullying se está convirtiendo en un tópico habitual en nuestra sociedad. A nivel europeo, un estudio epidemiológico con una muestra de más de 16 mil adolescentes, determinaron que el 20% de estos ha sufrido en algún momento bullying.

Estos datos reflejan la idea de que una cantidad considerable de adolescentes que cursan educación secundaria y bachillerato están bajo niveles elevados de estrés interpersonal, viviendo situaciones complejas que les pueden llevar a un desajuste emocional y alterar, de algún modo, su desarrollo psicológico.

El objetivo principal de este artículo es dar a conocer a las bully-victims, es decir, adolescentes o niños que han sufrido o siguen sufriendo bullying y que, por diversas razones, han acabado convirtiéndose en agresores (bullies) y víctimas (victims) al mismo tiempo.

¿Qué son las bully-sictims?

Antes de describir qué son las bully-victims vamos a aportar una definición de bullying.

Según Olweus (1978, citado en Olweus, 1998) el bullying consiste en un tipo de violencia que se produce en una relación de desequilibrio de poder entre el acosador y su víctima, se repite y se prolonga en el tiempo e incluye conductas de diversa naturaleza (agresiones físicas, verbales y psicológicas). En este sentido, el bullying es una secuencia de acciones repetidas entre unos protagonistas, agresor/es y víctima, cuya relación persiste en el tiempo y desarrolla una determinada y conocida dinámica.

Las bully-victims serían aquellos jóvenes que, después de haber sido víctimas directas de bullying, acaban convirtiéndose ellas mismas en agresoras, mientras de forma paralela pueden seguir siendo víctimas de bullying. En otras palabras: los menores que han sido acosados por otros y que ellos mismos acosan a sus iguales son denominados bully-victims.

Tipos de bullies o agresores

La literatura científica especializada en el tema plantea que las bully-victims conforman una tipología distinta dentro de los agresores que ejercen bullying. En general, se distinguen 2 tipos fundamentales de agresores (en inglés “bullies”):

Bullies “puros”

Son los agresores que confían en sí mismos. Intimidan a los demás y los acosan sin dudar. Encajan mejor que el resto en el estereotipo de niño agresivo con ganas de exteriorizar su voluntad de dominio sobre otros. En general, estos niños o adolescentes no suelen ser victimizados por otros agresores.

Bully-victims

Como hemos explicado anteriormente, en este grupo pueden desempeñar ambos roles, tanto de víctima como de agresor, aunque por regla general no agreden a sus agresores, sino a otros menores que perciben como más vulnerables.

Características de las bully-victims

Estos agresores victimizados padecen un gran abanico de problemas; en comparación con los bullies “puros”, las bully-victims son más ansiosas, solitarias, usualmente se encuentran en estados de tensión elevados (hipervigilancia) y suelen presentar más sintomatología depresiva que el resto. Confían muy poco en los demás, lo que les lleva a permanecer en alerta por si un episodio de intimidación vuelve a producirse.

Andreou (2004) afirma que las bully-victims muestran más actitudes “maquiavélicas”: falta de fe en la naturaleza humana, tienden a manipular y engañar más a los demás, son más desconfiados y suelen ocultar la verdad como forma de protección.

Según Stein et al. (2007) las bully-victims presentan más lesiones físicas y suponen, al mismo tiempo, un mayor peligro para sus compañeros. A modo de ejemplo, en un estudio llevado a cabo por Kochel y colaboradores (2015) se apreció que las bully-victims suelen verse implicadas en más actos en que ejercen el rol de agresores que los “bullies puros”.

Las bully-victims, al ser victimizadas durante tanto tiempo, responden a sus iguales de forma hostil. Algunos estudios estadounidenses remarcan que estos jóvenes son más propensos a llevar consigo armas a la escuela, ya que consideran que de esta manera estarán protegidos.

Problemas psicológicos

Varios estudios han documentado que las víctimas de bullying suelen sufrir ansiedad, depresión (incluso llegar al suicidio), aislamiento social, trastornos de la conducta alimentaria y trastorno por estrés postraumático en comparación a otros niños que no han sufrido acoso.

Además, los niños que son agresores dentro de la dinámica de bullying experimentan rechazo social, problemas de conducta, ansiedad, dificultades académicas y suelen mostrarse desafiantes ante los adultos.

Cuando un menor es víctima y agresor al mismo tiempo, a parte de poder experimentar toda la sintomatología descrita previamente, suele tener más dificultades que todos los demás en “encajar” dentro de su grupo social (tienen menos habilidades sociales y dificultad para entablar y mantener relaciones de amistad positivas), sufrir con más intensidad estados de sobreexcitación que no saben manejar y más dificultades académicas en el colegio.

Cómo se llega a ser bully-victim (el ciclo del bullying)

Emler (2009) refiere que ser víctima de bullying puede ejercer un impacto negativo en la capacidad empática de la víctima quien, lejos de comprender el comportamiento del agresor, intentará defenderse mostrando una conducta igualmente hostil. Este sería el caso específico de las bully-victims.

Algunos autores (Carroll, Green, Houghton y Wood, 2003; Lereya et al., 2013) han elaborado una hipótesis explicativa en relación a la existencia de las “bully-victims”: cuando el adolescente está siendo víctima de acoso y no dispone del soporte emocional de una red social de protección adecuada (grupo de amigos, padres, profesores) o no acepta dicha ayuda, puede recurrir a la búsqueda de una alternativa informal de protección frente a las situaciones de ataque.

De esta manera, el adolescente intentará alcanzar una reputación social fundamentada en una imagen de persona rebelde, fuerte y antisocial; el mensaje implícito dirigido a los agresores sería que es una persona valiente, fuerte y que tiene recursos para defenderse. Podría ser que las víctimas empezaran a comportarse de forma agresiva como una forma de autodefensa ante futuros ataques.

También se ha afirmado que las bully-victims suelen proceder de ambientes familiares violentos o disfuncionales. Pueden haber sido abusados por un hermano mayor, o haber visto cómo algún miembro de su familia maltrataba a otro familiar. De hecho, muchas de las conductas negativas relacionadas con la violencia son aprendidas en la infancia-adolescencia dentro del entorno familiar, y también es así en el caso del bullying.