Una fobia relacionada con el temor a los infartos.

Si decimos que alguien tiene miedo a los infartos, lo cierto es que la mayoría de personas va a entender y comprender, e incluso a compartir, dicho temor. No en vano, los problemas cardíacos son una de las causas de muerte más frecuente.

Sin embargo, por norma general se trata de un miedo que tenemos si nos encontramos ante alguna situación en que nos aparecen molestias o síntomas poco habituales y descontextualizadas: por norma general vivimos nuestro día a día con normalidad y sin que nos genere una interrupción de nuestra vida cotidiana.

Pero existen personas para quienes el miedo a sufrir un problema cardíaco como el infarto (entre otras dolencias) les genera tal nivel de ansiedad que necesitan evitar cualquier acción que les genere una activación, hasta el punto de que pueden llegar a ver sus vidas severamente limitadas por el miedo. Se trata de las personas con cardiofobia, una alteración psicológica de la que vamos a hablar a continuación.

¿Qué es la cardiofobia?

Damos el nombre de cardiofobia a la fobia o pánico a sufrir algún tipo de alteración cardíaca, siendo el temor más frecuente el de sufrir un infarto.

Si bien este miedo es algo que nos puede resultar perfectamente entendible, lo cierto es que no estamos ante el mero miedo o preocupación ante una evidencia confundible: estamos hablando de una fobia altamente limitante y generadora de gran malestar.

Como fobia que es, la cardiofobia implica la existencia de una reacción de miedo, pavor y ansiedad extrema ante la aparición de un estímulo o situación determinados, siendo esta reacción irracional (y las propias personas que la padecen suelen considerarla como tal) o desproporcionada en relación al peligro que supone aquello que la desemboca.

Síntomas

Los síntomas de la cardiofobia son los de cualquier fobia similar; la ansiedad ante dicho estímulo suele generar una activación intensa de nuestro organismo, provocando síntomas fisiológicos que pueden llevar a la aparición de crisis de ansiedad.

Entre estos síntomas encontramos los mareos, taquicardias, hiperventilación, sudor, desmayos, temblores o incluso la aparición de sensaciones que hacen pensar en la idea de estar perdiendo el control del propio cuerpo, la de perder la razón o incluso la de estar muriendo.

La existencia de este pavor hacia el estímulo temido hace que la persona haga grandes esfuerzos para evitar aquellas situaciones en que pueda aparecer o el estímulo o elementos vinculados a él, algo que dependiendo del estímulo puede llegar a provocar una gran limitación en la vida del paciente.

En el caso de la cardiofobia tal y como hemos dicho con anterioridad la fobia en cuestión es a la de padecer o estar padeciendo alguna cardiopatía, con lo que se tenderá a evitar todas aquellas situaciones que faciliten sufrir una alteración cardíaca, incluyendo todo aquello que pueda hacer que nuestro corazón vaya a un ritmo diferente del habitual.

La cardiofobia es además un tipo de fobia que puede ir asociada a sintomatología obsesiva, con frecuentes comprobaciones del propio estado de cara a aliviar la ansiedad. También puede hallarse cierta vinculación con la hipocondría, ya que no es infrecuente que estos sujetos lleguen a manifestar el convencimiento de estar enfermos.

Curiosamente, la propia reacción fóbica al estímulo temido va a aumentar la ansiedad sentida por las personas con cardiofobia, dado que uno de los síntomas fisiológicos de la ansiedad es la taquicardia. Esto genera un gran sufrimiento que irá in crescendo, y que hace más probable que el sujeto pueda llegar a padecer una crisis de ansiedad.

Afectaciones en el día a día

El padecimiento de la cardiofobia puede llegar a ser muy invalidante, dado que la ansiedad se despierta ante un tipo de estimulación que difícilmente podemos controlar en nuestro día a día: el latido de nuestro corazón.

En este sentido el sujeto tenderá a evitar todo aquello que le pueda generar una variación o alteración de su frecuencia cardíaca: es habitual que dejen de hacer cualquier tipo de deporte, que eviten mantener relaciones sexualeso evitar consumir comidas o bebidas que puedan ser excitantes.

En casos severos puede llegar a existir una tendencia al aislamiento y a abandonar actividades de ocio, o incluso laborales, al poder causar un estrés o ansiedad que generen una alteración cardíaca. Incluso en algunas ocasiones muy severas puede existir tendencia a la clinofilia o a permanecer encamado y en estado yacente.

Además de ello, en muchos casos la existencia de cardiofobia puede llevar a la realización de conductas de índole obsesivo, como comprobar constantemente la frecuencia cardíaca o la tensión arterial ante al mínimo esfuerzo (e incluso comparar el latido actual con estados anteriores o con el de otras personas).

Asimismo y de manera semejante a la de personas con hipocondría pueden aparecer conductas de “doctor shopping”, es decir, acudir una y otra vez a diversos centros médicos y doctores de cara a que evalúen su estado. También es posible (aunque menos usual) que se lleve a cabo la conducta opuesta: que se niegue a acercarse a un hospital por miedo a que le confirmen una posible cardiopatía.

Causas de esta fobia

Tal y como ocurre con el resto de las fobias no se conocen las causas exactas de la cardiofobia, si bien se considera que la cardiofobia tiene un origen multicausal y multifactorial (es decir, no existe una única causa sino que se deben sumar una serie de factores). Ahora bien, existen diversas hipótesis que pretenden explicar el porqué esta y otras fobias pueden darse.

En primer lugar cabe considerar que estamos ante un malestar o un miedo que aunque irracional y exagerado, tiene una funcionalidad: la de evitar el daño. En este sentido, podría considerarse una fobia semejante a las de daño, sangre e inyecciones. Sin embargo, al contrario que el miedo a las arañas o a las alturas el miedo a las cardiopatías tiene un fuerte componente cognitivo, con lo que si bien su origen puede partir de una voluntad de supervivencia en parte heredada, por lo general se considera que detrás de la cardiofobia existe un proceso de aprendizaje sociocultural.

Una de las posibles explicaciones se encuentra en el aprendizaje o la vivencia de que un ser querido o alguien conocido haya sufrido de manera traumática algún infarto o evento cardíaco que le haya generado la muerte o gran sufrimiento. Independientemente de si se produce en la infancia o en la adultez, el conocimiento de los síntomas o del sufrimiento o deceso de dicha persona puede asociarse al ritmo cardíaco alterado, algo que hará que la persona acabe aprendiendo y considerando que ritmos diferentes del habitual implican una cardiopatía peligrosa e incluso mortal.

Otro posible factor con gran influencia puede hallarse en el aprendizaje de esquemas y actitudes respecto a la salud por parte de los modelos parentales o del entorno social, aún sin necesidad de haber tenido una experiencia directa. De hecho, el conocimiento de que las cardiopatías son una de las causas de muerte más habituales es un hecho que puede disparar la ansiedad y el miedo a padecerlos (algo que se acentúa si además existen experiencias aversivas previas).

Ante los citados condicionamientos y aprendizajes podemos llegar a generar un esquema cognitivo en el que se mantenga presente de forma maximizada la relación taquicardia-problema cardíaco. En aquellas situaciones en que aparece una alteración del ritmo cardíaco, por ejemplo al hacer deporte, en nuestra psique se activa dicho esquema y se pone en marcha una falsa alarma que nos provoca ansiedad con el fin de llevarnos a la respuesta de evitación.

En este caso también hay que tener en cuenta el modelo de la expectativa de Reiss, según el cual la fobia se mantiene debido a que el hecho de exponerse a la situación temida hace que la expectativa de ansiedad y peligro que el sujeto tiene de sus propios síntomas superen o confirmen su miedo. En este caso, la ansiedad que supone al sujeto genera un aumento de síntomas como la taquicardia, lo que haría que la fobia permaneciera activa.

Tratamiento

Aunque la cardiofobia es una fobia compleja, al igual que el resto de fobias puede ser tratada en consulta. En este sentido, una vez descartada la patología coronaria real, es posible emplear técnicas tales como la terapia de exposición.

La técnica de exposición es una técnica básica pero de gran utilidad en el tratamiento de las fobias, que se basa principalmente en hacer que el sujeto se enfrente a la situación temida y la ansiedad que genera hasta que esta termine por reducirse por habituación. En el caso que nos ocupa se trataría de un tipo de exposición interoceptiva, es decir haciendo que el sujeto se exponga a sensaciones concretas.

En el caso de la cardiofobia, en el que la respuesta ansiosa puede ser motivo de que el sujeto vea confirmados sus miedos, es necesario tener una gran precaución al llevarla a cabo: si no se realiza correctamente es posible llegar a sensibilizar aún más al paciente.

Es necesario elaborar de manera conjunta una graduación de estímulos a los que el sujeto va a ir afrontándose poco a poco, de manera continuada hasta que la ansiedad baje en gran medida. En este sentido se irán introduciendo actividades que el sujeto lleve a cabo y que le generen activación cardíaca, con el fin de que compruebe que aún si el ritmo cardíaco aumenta ello no conlleva un evento coronario peligroso.

Si existen comportamientos obsesivoides de comprobación, también puede ser necesario realizar exposición con prevención de respuesta, es decir haciendo que el sujeto no pueda realizar la comprobación de su ritmo cardíaco o su tensión y que tenga que esperar a habituarse a la ansiedad.

También puede ser necesario trabajar a nivel cognitivo, probablemente incluso antes que de manera conductual, ya que deberán trabajarse con el paciente las creencias sobre la salud, los pensamientos sobre lo que está ocurriendo, la significación que la da al evento cardíaco, el trabajo con posibles experiencias traumáticas o esquemas disfuncionales y las expectativas de peligro y riesgo que pueda estar teniendo. La gestión del estrés también puede ser algo a tratar.

También puede ser relevante el uso de técnicas de relajación. En caso de necesidad, puede ser adecuado emplear fármacos como las benzodiacepinas para disminuir el nivel de ansiedad y permitir un trabajo más cognitivo y conductual.

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Quinta edición. DSM-V. Masson, Barcelona.
  • Santos, J.L. ; García, L.I. ; Calderón, M.A. ; Sanz, L.J.; de los Ríos, P.; Izquierdo, S.; Román, P.; Hernangómez, L.; Navas, E.; Ladrón, A y Álvarez-Cienfuegos, L. (2012). Psicología Clínica. Manual CEDE de Preparación PIR, 02. CEDE. Madrid.