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Sabemos por muchos estudios que los animales domésticos pueden tener aplicaciones terapéuticas muy interesantes. Lo comentamos en artículos como el de la gatoterapia o el de la terapia con perros, pero, tal y como resulta fácil intuir, no hace falta utilizar específicamente estos animales para ver progresos en diferentes tipos de intervención en salud mental. 

Por ejemplo, hoy sabemos que los niños y niñas con alguna forma de trastorno del espectro autista (TEA) pueden encontrar beneficios en la compañía de unos curiosos seres: las cobayas, también conocidas como conejillos de indias.

Animales que ayudan a las personas con Autismo

Esa es la conclusión a la que han llegado un equipo de investigadores estadounidenses cuyo artículo ha sido publicado en la revista Developmental Psychobiology. Concretamente, las cobayas pueden influir en los jóvenes con desórdenes del espectro autista amortiguando la ansiedad que les provoca el contacto con adultos y haciendo que les resulte más fácil centrarse en tareas relacionadas con los demás (o que incluso tomen la iniciativa la hora de interactuar con el resto de personas). 

En términos generales, estos roedores actúan como una especie de ansiolítico de raíz social, ya que su presencia o compañía tiene unos efectos en estos niños y niñas que son medibles a nivel fisiológico.

Investigación

Para realizar el estudio, el grupo de investigadores tomó como referencia un grupo de niños y niñas diagnosticados con algún desorden del espectro autista y otro grupo de niños sin ningún trastorno diagnosticado. En total, la muestra de voluntarios estuvo compuesta por 99 niños y niñas en edad de cursar estudios primarios. 

La investigación utilizó como medida objetiva de referencia el nivel de conductividad eléctrica de la piel, una manera de estimar indirectamente el estado de activación mental y el estrés de los niños.

Para estudiar su nivel de activación eléctrica a través de la piel, se colocaron brazaletes en todos los jóvenes y luego se vio cómo diferentes actividades afectaban en estas mediciones. Los contextos estudiados para comparar resultados fueron:

  • Leer en silencio (para obtener resultados basales).
  • Una actividad en la escuela que incluía tener que leer en voz alta.
  • Un rato para jugar libremente con juguetes y con otras personas de la misma edad.
  • Un rato para jugar libremente con otras personas de la misma edad y con cobayas.

Resultados

Los investigadores comprobaron cómo la actividad eléctrica medida en la piel de los niños y niñas con desorden de espectro autista era mayor a la del resto de jóvenes e todas las situaciones menos en el juego con cobayas. En comparación al contexto en el que podían jugar con juguetes, el juego con cobayas producía un nivel de activación menor en un 43%. Esto respondía al efecto tranquilizador y anti-estrés que estos animales parecen tener sobre los niños y niñas con TEA que interactúan con ellos.

Una compañía terapéutica

Lo interesante de este tipo de estudios centrados en las relaciones entre humanos y animales es que las aplicaciones de sus descubrimientos son baratas y fácilmente aplicables a muchos casos. La compañía de las cobayas no tiene efectos negativos sobre los jóvenes y la utilización de este tipo de medidas se puede combinar con otras terapias y formas de intervención. Además, también los animales disfrutan de la interacción con otros seres vivos y aprecian los ratos dedicados al juego.

No cabe duda de que aún faltan muchos avances. Progresos no sólo en lo relativo a las medidas de intervención en personas diagnosticadas de TEA, sino también en el tipo de investigaciones orientadas a conocer las necesidades de estas personas y las maneras en las que la sociedad puede adaptarse a ellas. De momento, la compañía de animales domésticos como las cobayas puede facilitar las cosas y facilitar que miles de jóvenes lo tengan más fácil a la hora de aprender a empatizar y a implicarse en dinámicas sociales de todo tipo.