En muchas ocasiones, dolores físicos como cefaleas, molestias gastrointestinales y dolor de espalda pueden tener un origen psicológico. Estos síntomas pueden ser, en realidad, la somatización de un trastorno psicológico, como la depresión.

La depresión enmascarada es una de las formas en las que se puede presentar este trastorno, solo que de una forma en la que parece que el problema principal es físico. La apatía y la tristeza quedan ocultas bajo las quejas somáticas del paciente.

A continuación descubriremos más a fondo que es la depresión enmascarada, cuáles son los síntomas somáticos que pueden relacionarse con ella y qué explicación hay para que se manifieste.

¿Qué es la depresión enmascarada?

Nuestro cuerpo es el fiel reflejo de nuestro estado mental, y la depresión enmascarada o somatomorfa es un claro ejemplo de cómo estrechamente están relacionados cuerpo y mente.

Este tipo de depresión es aquella en la que el síntoma principal por el que se queja el afectado no es de tipo psicológico, como puede ser una profunda tristeza o una gran apatía, sino físico. Su depresión queda silenciada por todos los dolores y molestias orgánicas que vive cada día y son estos síntomas físicos por los que acude a ayuda profesional.

La persona está sufriendo mucho psicológicamente, pero le cuesta asumirlo, y se centra en curar los problemas físicos por los que se queja una y otra vez. Se cree que casi el 10% de las personas que acuden a los centros de Asistencia Primaria quejándose de dolores físicos realmente están padeciendo depresión y solamente la mitad de ellos recibe un diagnóstico adecuado. El resto irá de médico en médico para ver si le solucionan sus quejas físicas, sin mucho éxito, puesto, como hemos indicado, el problema no es físico, sino mental.

La persona que padece depresión somatomorfa pone muchos medios y gasta mucho dinero para averiguar qué es lo que produce su malestar físico. Toma todo tipo de fármacos prescritos (o no) por su médico, como antiinflamatorios, analgésicos, somníferos o antiácidos con la esperanza de que desaparezcan los síntomas.

Pero pese a dar todo tipo de pastillas, rara vez hay mejora, y el paciente sigue yendo a todo tipo de profesionales. Como tanto la vía farmacológica como otras vías enfocadas a solucionar lo orgánico fallan, muchos denominan a la depresión enmascarada como la “frustradora de especialistas” porque, hasta que no se plantea el origen psicológico, los síntomas físicos no desaparecen.

Síntomas

Como cabría esperar, el síntoma psicológico de la depresión enmascarada es la apatía y la tristeza patológica. Sin embargo, la persona o bien no parece ser consciente de su malestar psicológico o bien los síntomas físicos, consecuencia de este trastorno, centran su atención.

Los síntomas físicos encubren todavía más el malestar psicológico y como en muchas ocasiones se asume que los dolores y molestias orgánicas son más fáciles de solucionar, la persona pone todo su empeño y recursos en intentar solventarlos.

Entre los síntomas físicos más comunes de esta modalidad de depresión, en la que se somatiza el malestar psicológico convirtiéndolo en síntomas físicos, tenemos:

  • Cefaleas
  • Parestesias
  • Dolor en la espalda
  • Vértigo
  • Trastornos cardíacos
  • Ansiedad
  • Problemas digestivos
  • Cansancio, astenia y fatiga
  • Pérdida de apetito
  • Pérdida del deseo sexual
  • Problemas de sueño
  • Insomnio tardío

Problemas del diagnóstico

Diagnosticar este tipo de depresión es complicado porque, como hemos dicho, los síntomas físicos ocultan el malestar psicológico. La persona sufre mentalmente, pero, al centrarse en su malestar físico, en muchas ocasiones ni siquiera reporta a su médico que se encuentra profundamente deprimida. Es por esto que, como el paciente no indica su estado anímico, el profesional rara vez contempla la hipótesis de que el malestar físico del afectado se deba a una depresión.

Afortunadamente, muchos médicos sí se plantean que el malestar físico del paciente se deba a una causa psicológica. Esto es planteado especialmente cuando, tras recetar fármacos al paciente, no se ha notado mejora alguna. El problema es que, pese a que el médico supone que hay un malestar psicológico detrás que lo pueda explicar, el paciente se muestra reacio a aceptarlo. Las personas que padecen este trastorno en muchas ocasiones no conectan con sus sentimientos ni emociones.

Además, vivimos en una sociedad en la que, pese a que cada vez hay mayor concienciación sobre la importancia de la salud mental, no todo el mundo reconoce que tiene un problema psicológico. Los síntomas físicos, como el dolor de espalda o molestias estomacales, sufren menor estigmatización que los problemas psicológicos como la depresión o la ansiedad. Esto hace que muchas personas con depresión acaben somatizando su malestar psicológico en forma de todo tipo de molestias físicas.

La depresión enmascarada en niños y ancianos

La depresión enmascarada parece ser muy común en niños y niñas. Los infantes no disponen de la capacidad lingüística ni de la asertividad suficientes como para indicar que se sienten profundamente tristes y apáticos, con lo cual pueden acabar somatizando su malestar psicológico en todo tipo de problemas más evidentes como hiperactividad, conducta agresiva, conductas antisociales y trastornos del aprendizaje.

Algunos niños deprimidos muestran su malestar psicológico quejándose, sobre todo, de dolor de tripa o de cefalea. Muchos supuestos casos de hiperactividad, enuresis nocturna, cambios en el carácter, problemas de alimentación y problemas de conducta podrían tener su origen en una depresión.

Curiosamente, la depresión ha sido un diagnóstico que difícilmente se ha reconocido en niños. En buena parte del siglo XX se pensaba que la depresión no se manifestaba en la infancia. No fue hasta 1972 que se comprobó que también los niños y niñas podían padecer este trastorno, reconociéndose como una depresión enmascarada por los psiquiatras Leon Cytryn y Donald H. McKnew. En la actualidad se acepta que los niños y niñas pueden manifestar tanto depresión enmascarada como la forma más evidente del trastorno.

En ancianos también se presenta depresión enmascarada, pero esta no tiene por qué deberse a dificultades en reconocer que se sufre un problema psicológico. En muchas ocasiones los síntomas físicos del envejecimiento normal se pueden confundir con los mismos síntomas físicos que se manifiestan en la depresión enmascarada, haciendo que los médicos que tratan a personas de la tercera edad consideren que, en realidad, no es más que cualquier dolor achacado a la edad.

Sin embargo, esta mentalidad debería cambiar. Se ha llegado a afirmar que entre el 15% y el 20% de la población anciana padece algún trastorno psiquiátrico y, claro está, entre ellos podría estar la depresión. Esta depresión enmascarada, independientemente de si lo es porque el paciente no quiere reconocer su malestar psicológico o porque sus problemas físicos tapan su trastorno mental, es muy dañina para la salud del paciente y puede acelerar su defunción.

La importancia del diagnóstico

Como hemos visto, vivimos en una sociedad en la que lo físico está mucho menos estigmatizado que lo psicológico, teniendo graves consecuencias a la hora de buscar ayuda. La gente busca atención profesional por un dolor de estómago antes que por depresión, y le cuesta, además, aceptar que podría sufrir un trastorno mental. Esto lo único que hace es agravar todavía más la situación, haciendo que la ayuda que necesita tarde más en llegar e, incluso, que su malestar psicológico se cronifique.

Afortunadamente, muchas veces el profesional ve cuál es la causa verdadera del malestar físico del paciente, y lo motiva a seguir un tratamiento psicológico. Es aquí donde podemos destacar la importancia del diagnóstico y tratamiento, puesto que abordando el problema psicológico de base se mejorará mucho la salud del paciente. Mejorará en lo físico y en lo psicológico, adquiriendo estrategias que le permita gestionar su malestar psicológico y, consecuentemente, adquiriendo unos hábitos más saludables.

Comprender que no todos los problemas físicos tienen un origen orgánico es fundamental, puesto que, como hemos comentado, un 10% de los pacientes que acuden a su médico podrían estar sufriendo una depresión que causara su malestar físico. Debe comprenderse que un estado mental no saludable afectará negativamente a nuestra salud física, y que no se puede esperar estar sano haciendo solamente deporte o tomando una dieta variada. Nunca se curará el dolor físico si no curamos el psicológico antes.

Referencias bibliográficas:

  • Ford C.V. (1992) Illness as a lifestyle. The role of somatization in medical practice. Spine 17: 338.
  • Goic A (1991). Depresión enmascarada: Rostro médico de la depresión psíquica. Rev. Med. Chile 119 (3): 321-326.
  • López Ibor J.J. (1972). Masked depression. Brit. J. Psychiatry. 12: 120-245.