La ideación suicida es una de las señales de alerta en lo relativo a la salud mental y al bienestar emocional de las personas, y su presencia implica que el riesgo de intentar quitarse la vida es relativamente alto.

Por suerte, desde el mundo de la Psicología se han ido desarrollando formas de intervención para ayudar a estas personas. Aquí hablaremos de una de las más eficaces, la terapia cognitivo-conductual.

¿Qué es la ideación suicida?

La ideación suicida es la tendencia a pensar en el suicidio como una posibilidad real, o incluso algo claramente deseable y para lo que hay que ir preparándose debido al malestar psicológico que se sufre.

Por supuesto, la ideación suicida no tiene unos límites claramente definidos y se presenta en una escala de grises, lo cual significa que este problema puede ser detectado también en quienes creen que no se plantean seriamente suicidarse, aunque en numerosas ocasiones “fantasean” con la idea.

Por otro lado, la ideación suicida no es en sí un trastorno psicológico, sino un fenómeno que puede darse junto a una variedad de psicopatologías y alteraciones psiquiátricas. Aunque resulte habitual relacionar los pensamientos de suicidio con la depresión y de hecho este trastorno aumente mucho las probabilidades de desarrollarlos, lo cierto es que estos pueden aparecer junto a otras alteraciones mentales, algunas de las cuales ni siquiera forman parte de los trastornos del estado de ánimo.

En cualquier caso, este es un concepto perteneciente al ámbito clínico y como tal no es posible autodiagnosticarse ideación suicida, ya que solo los profesionales de la salud mental pueden evaluar hasta qué punto este fenómeno psicológico está presente en una persona en concreto, teniendo en cuenta sus características y su contexto de vida.

¿Qué es la terapia cognitivo-conductual?

Cuando hablamos de la terapia cognitivo-conductual nos referimos a un conjunto de intervenciones terapéuticas en pacientes que tienen en común un aspecto fundamental: están enfocadas a ayudar a las personas interviniendo tanto sobre sus acciones observables y sus hábitos de interacción con el entorno, como sobre su manera de pensar, de sentir y de generar y sostener creencias.

Esto es así porque quienes utilizamos en modelo de intervención cognitivo-conductual ayudamos a las personas bajo la premisa de que hay que crear una sinergia entre lo que se hace y lo que se piensa, progresando en ambos frentes para que el cambio a mejor sea más fácil y se refuerce a sí mismo, manteniéndose de una manera consistente y constante en la vida de la persona. Es decir, que es más fácil desarrollar procesos mentales saludables y adaptativos si a la vez desarrollamos acciones que estén en consonancia con esa transformación psicológica.

La terapia cognitivo-conductual nació a partir de las investigaciones de los psicólogos Albert Ellis y Aaron Beck, quienes, cada uno a su manera, hipotetizaron que muchos de los problemas psicológicos de las personas tienen que ver con el modo en el que los esquemas mentales de las personas condicionan el modo en el que interpretan lo que les ocurre e incluso su propia identidad. Además, estos esquemas cognitivos predisponen a las personas a que se comporten de una manera que ayude a confirmar esa manera de entender el mundo.

Pero del mismo modo en el que lo mental afecta al comportamiento, lo mismo ocurre a la inversa: cambiar comportamientos y situaciones a las que nos exponemos contribuye a pensar y a experimentar las emociones de otra manera. Así, el bienestar psicológico puede ser favorecido a través de esa doble vía, interviniendo en las ideas y en los hábitos y ejercicios a practicar para aprender a relacionarse de otra manera con el mundo.

¿Cómo se aplica a las personas que tienen pensamientos suicidas?

Se podría escribir volúmenes enteros acerca del uso de la terapia cognitivo-conductual aplicada a personas que presentan ideación suicida, y este artículo no está pensado para entrar en detalles.

Además, es importante dejar claro que este tipo de intervención terapéutica no se basa en una serie de instrucciones fijas a aplicar como quien lee una receta, sino que incluye muchas estrategias y técnicas y que, además, el modo en el que se llevan a la práctica depende del trastorno o problema que presenta el paciente, los entornos y las personas a las que se expone, sus rasgos de personalidad y hábitos, etc.

Teniendo en cuenta lo anterior, aquí veremos algunas de las claves para entender cuál es el papel de la terapia cognitivo-conductual usada ante los pensamientos de suicidio, y por qué es eficaz.

1. Ayuda a comprender las emociones ligadas a esos pensamientos

Los pensamientos de suicidio están casi siempre vinculados a una gran carga emocional, pero no todas las personas que los experimentan son capaces de entender exactamente cuáles son esas fuerzas emocionales que hay detrás de la ideación suicida. Esto último las lleva a no analizar críticamente las soluciones “radicales” y claras que se les ocurren, como por ejemplo quitarse la propia vida.

Ante esto, la terapia cognitivo-conductual potencia el auto-conocimiento a través de ejercicios y hábitos que van entrenando las habilidades de los pacientes a la hora de reconocer sus propias emociones y sentimientos, así como su impacto en los pensamientos que les pasan por la cabeza y los hábitos que adoptan para lidiar con el malestar generado por algunas de esas sensaciones.

2. Ayuda a encontrar nuevos sistemas de incentivos

A través de la terapia cognitivo-conductual se facilita el encontrar proyectos y tareas ilusionantes, con capacidad de movilizar emocionalmente a la persona y llevarla a plantearse metas a corto y largo plazo al margen de la posibilidad del suicidio. Esto es así por la estructura de la doble vía del modelo cognitivo conductual: por un lado se favorece que la persona se exponga a nuevas situaciones y rompa con los hábitos ligados a la ideación suicida, y por el otro se le ofrece una interpretación de la realidad alternativa que le permita ser más sensible a las cosas buenas que puede ofrecer la vida.

3. Va de la mano de un estilo de vida más sano

Nunca hay que subestimar el modo en el que el estado físico influye en cómo nos sentimos emocionalmente. Desde la terapia cognitivo-conductual se establecen una serie de pautas para que las personas con ideación suicida, muchas de las cuales se sienten muy desmotivadas ante la perspectiva de hacer cualquier cosa, vayan poco a poco incorporando hábitos saludables a su día a día, empezando por lo más sencillo y luego progresando hacia comportamientos más complejos.

Las principales áreas de actuación son la calidad del sueño, la buena alimentación y el mantenimiento de actividad física en la medida de lo posible.

4. Permite cuestionarse creencias que sostienen sesgos negativos

Una vez se ha estado pensando lo suficiente en la idea del suicidio, es habitual que se genere una lógica de auto-confirmación de esa manera pesimista de interpretar la vida, dado que, aunque parezca paradógico, sostener creencias tan enfrentadas como las que avalan la idea de quitarse la vida y a la vez las que muestran que merece la pena vivir, en cierto sentido genera tanta o más incomodidad como el hecho de darles crédito únicamente a las primeras.

Así, se da pie a un sesgo de confirmación: todo lo que nos ocurre es interpretado como una prueba de que estábamos en lo cierto, que en este caso significa que el suicidio es la salida.

Por eso, en la terapia cognitivo-conductual se ayuda a las personas a sustituir estas creencias dañinas por otras, y a la vez se contribuye a que viva experiencias que les ayuden a demoler ese viejo marco de pensamiento.

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Tomás Santa Cecilia

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Soy psicólogo especializado en el modelo cognitivo-conductual y ayudo a personas y a organizaciones tanto de manera presencial en mi consulta de Madrid, como online. En esta página puedes ver más información sobre cómo trabajo, y mis datos de contacto.

Referencias bibliográficas:

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