El uso de Internet es una relación bidireccional: el usuario revela mucha información. Wikimedia Commons.

Se estima que, en el año 2017, existían más de 2700 millones de personas que hacían uso de redes sociales. Esto significa que, ni más ni menos, un 37% de la población mundial siente algún interés por compartir sus gustos, aficiones y vida privada con el resto de la humanidad.

A pesar de que cada persona es libre de publicar lo que quiera, la posibilidad de compartir las experiencias diarias a través de las redes sociales hace que la línea entre la vida pública y la privada se estreche demasiado, llegando a ocasionar una nueva condición de salud mental conocida como fatiga de privacidad.

¿Qué es la fatiga de privacidad?

La fatiga de privacidad se està constituyendo como una nueva alteración psicológica que, aunque por el momento no se encuentra recogida en ningún manual de evaluación y diagnóstico, ha sido observada y se manifiesta en un gran número de personas.

Un grupo de investigación compuesto por psicólogos del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología de Ulsan, en Corea del Sur ha evaluado la manera en la que los usuarios de redes sociales se enfrentan a la delgada línea que divide lo privado de lo público.

Tras mucho tiempo de investigación y evaluación advirtieron que un gran número de usuarios experimentaban síntomas similares a los de la fatiga psicológica causados por una preocupación excesiva y constante por las amenazas y los riesgos que supone la falta de privacidad en las redes.

A este estado psicológico le otorgaron el nombre de fatiga de privacidad, caracterizado por provocar una sensación de cansancio psicológico relacionado por la falta de habilidades de la persona para gestionar eficazmente su privacidad e información íntima en Internet y redes sociales.

La principal teoría de estos investigadores es que, aunque pueda variar en intensidad, la fatiga de privacidad afecta a la mayoría de personas que son usuarias activas de redes sociales. El motivo es que algunos usuarios experimentan la obligación o necesidad de separar constantemente entre la información privada y la susceptible de ser pública o compartida con el resto del mundo, con el objetivo de proteger su intimidad.

Este “estado de alerta” constante puede provocar la ya mencionada fatiga de privacidad, la cual, además, hace que las propias personas acaben por bajar la guardia debido al cansancio y genera un sentimiento de frustración.

Algunas situaciones que pueden ejemplificar este tipo de fatiga de privacidad son aquellos momentos en los que no tenemos claro si sacar a la luz en las redes una foto o publicación o no puesto que, al no saber trazar con claridad la línea entre lo público y lo privado, nos genera una sensación de inquietud o preocupación al pensar que no estamos exponiendo demasiado.

¿Qué han descubierto los estudios?

Gracias a las investigaciones llevadas a cabo por el grupo de psicólogos de Ulsan, se hipotetiza que existen dos tipos de reacciones frente al conflicto de la privacidad.

Por un lado, se da en aquellas a las que les preocupa estar demasiado expuestos pero poseen las habilidades necesarias para afrontarlo por lo que no se sienten fatigadas y tienden a no difundir en las redes ciertos tipos de información personal.

Por otra parte, existen otro tipo de usuarios de redes sociales que, además de sentirse preocupados por poner en riesgo su intimidad o privacidad, no poseen herramientas suficientes para diferenciar entre qué información es considerada personal o pública, por lo que acaban por perder la voluntad de controlar dicha separación.

Este cansancio psicológico provoca que las personas afectadas compartan contenidos personales en las redes sociales sin pensar en la naturaleza de estos. La causa principal es que la fatiga de privacidad genera tal agotamiento psicológico que hace que las personas lleguen a olvidar la necesidad de proteger su vida privada y de los riesgos que conlleva una exposición pública excesiva.

La paradoja de la privacidad

Como consecuencia de esta fatiga se produce un fenómeno conocido bajo el término “paradoja de la privacidad”. Este concepto hace referencia al hecho de que los usuarios de redes sociales mantengan el hábito de publicar información personal a pesar de la preocupación por su privacidad.

Esta paradoja no tiene que ver solamente con la fatiga de privacidad, sino que se sostiene sobre otros muchos factores o agentes psicológicos internos como la necesidad de autoafirmación y la necesidad de sentir que se forma parte de un grupo de personas o comunidad.

Tradicionalmente se ha entendido la privacidad como una zona o área de la vida íntima de cada persona, la cual se desenvuelve en un espacio privado y habitualmente confidencial. Sin embargo, esta noción de privacidad ha cambiado con el paso de los años y la aparición de las redes sociales.

Hace unos años resultaría impensable publicar una fotografía en la que nos encontremos en la intimidad de nuestro hogar. Pero con el auge de las redes sociales, la vida privada se ha convertido en una herramienta de exposición al mundo, a través de la cual manifestar cómo nos sentimos o cómo de orgullosos estamos de realizar cualquier tipo de actividad.

Esto hace que la identidad individual de cada persona se forma alrededor de una identidad comunitaria, que refuerza (o en ocasiones castiga) dicha identidad a través de la cantidad de likes otorgados en una publicación. Como consecuencia, cada vez resulta más complicado establecer una frontera entre lo público y lo personal o privado.

¿Qué síntomas presenta?

Finalmente, el equipo de investigación que ha propuesto el término de fatiga de privacidad ha establecido una serie de síntomas que se van desarrollando conforme avanza el cansancio provocado por esta preocupación constante.

En un principio, la sintomatología aparece de la misma manera que lo hace en otros tipos de fatiga. La persona se ve tan sobrecargada por las demandas que le exige la propia preocupación por la privacidad que acaba por desencadenar en agotamiento psicológico continuo.

Esta sensación de agotamiento psicológico permanente se va incrementando gradualmente hasta que se convierte en frustración, desesperanza o desilusión. La persona experimenta una sensación parecida a la indefensión aprendida, puesto que siente que nada de lo haga va a poder evitar el hecho de estar expuesto a través de las redes sociales.

Por lo tanto, tal y como ocurre con el proceso de indefensión, la persona deja de luchar por mantener esta privacidad, lo que conlleva que deje de preocuparse por qué contenidos publicados en redes sociales pueden considerarse públicos o, por el contrario, demasiado privados.

¿Existe algún tipo de tratamiento?

Debido a que se trata de un trastorno psicológico todavía por determinar, no existen unas pautas de tratamiento o intervención específicas. No obstante, es recomendable que todas aquellas personas que se sientan abrumadas por esta preocupación constante acudan a un profesional de la psicología para realizar una valoración y una posible intervención individualizada.