El sistema nervioso es uno de los primeros sistemas de nuestro organismo en empezar a desarrollarse durante la gestación. A lo largo de todo el embarazo e incluso durante toda la vida del individuo este sistema se va a ir modificando y desarrollando, especialmente desde la gestación hasta el inicio de la adultez. 

Sin embargo, en algunos casos el encéfalo no crece como debería o con la rapidez habitual ya desde el embarazo, provocando el nacimiento de niños con cabezas de un perímetro muy inferior a la media, vinculándose esto a menudo con la presencia de diferentes alteraciones y un cierto grado de discapacidad intelectual. Es lo que se conoce como microcefalia.

La microcefalia: concepto y síntomas

Entendemos como microcefalia la situación, condición o afectación neonatal en la que el cráneo y encéfalo del niño o niña presenta una ausencia o retraso evidente de desarrollo en el nacimiento o durante los primeros años, en comparación con otros individuo de la misma edad. Se trata de un trastorno poco frecuente que puede provenir de diferentes causas. En general se considera que el perímetro craneal de un niño con microcefalia se sitúa entre dos y tres desviaciones típicas por debajo de la media.

Si bien en algunos casos los niños con microcefalia pueden tener un nivel de inteligencia normativo, por norma general esta afectación curso con un grado variable de discapacidad intelectual. También pueden producirse alteraciones diversas como pérdida de visión, dificultades en la alimentación, enlentecimiento generalizado del desarrollo y convulsiones.

Con el paso del tiempo y según el pequeño va creciendo la cara y el resto del cuerpo se van desarrollando, pero el cráneo sigue sin crecer. Por ello este tipo de infantes suelen poseer frente hundida y una cara alargada.

Generalmente esta situación es detectada a lo largo del embarazo, o bien tras las primeras horas tras el parto. Sin embargo en ocasiones pueden pasar años antes de que se identifica un desarrollo atípico, no resultando evidente en los primeros meses de vida.

Origen de este tipo de condición médica

No existe una única causa que pueda generar microcefalia, sino que podemos encontrar diferentes trastornos y condiciones que pueden generarla. En su mayoría se trata de condiciones y enfermedades que se producen o transmiten a lo largo del desarrollo del feto o durante el parto.

Algunos trastornos, mutaciones y alteraciones genéticas pueden generar microcefalia. Entre ellas destacan las trisomías 18 (síndrome de Edwards) y 21 (síndrome de Down).

Otras de las causas más frecuentes de microcefalia tiene que ver con la transmisión de diversos virus por parte de la madre hacia el feto. La toxoplasmosis, el citomegalovirus, la rubeola o el conocido virus Zika han demostrado poder provocar alteraciones en el feto que pueden desembocar en microcefalia.

Además de ello, las mujeres embarazadas deben cuidar su estado de salud y tratarse enfermedades como la fenilcetonuria o la diabetes (las cuales si no son controladas también pueden alterar el desarrollo del feto debido a la ausencia de determinados nutrientes). Del mismo algunos fármacos y el uso abusivo de alcohol pueden provocar esta alteración. La desnutrición también dificulta que el futuro niño se desarrolle con normalidad.

Complicaciones durante el parto

Incluso si el desarrollo fetal concluye adecuadamente, durante el parto pueden surgir complicaciones como la anoxia que pueden alterar el funcionamiento y la capacidad de desarrollo del encéfalo.

Asimismo si bien por lo general el tamaño del cráneo va aumentando a lo largo del desarrollo gracias al crecimiento del cerebro, siendo el tamaño del segundo lo que genera que el primero sea más pequeño en casos de microcefalia, existen casos en que se produce una suturación prematura de los huesos del cráneo que no permiten que el cerebro crezca, condición médica conocida como craneosinostosis.

Tratamiento

La microcefalia no tiene un tratamiento que revierta dicha condición. Los tratamientos que se realizan se basan en la terapia ocupacional, la estimulación y la práctica educativa. Es necesario y de gran utilidad ofrecer terapias centradas en el habla y la psicomotricidad de manera que estos niños mejoren sus habilidades básicas, así como trabajar la esfera emocional del menor. Se trata de lograr que puedan llevar el mejor nivel de vida posible optimizando sus habilidades y explotando sus potencialidades.

Asimismo, la psicoeducación y asesoramiento a la familia y al entorno cercano resulta fundamental de cara a que éste pueda ayudar al menor a desenvolverse de la manera más adaptativa posible, a la par que permite otorgar información y permitir la expresión de dudas y miedos a la familia.

Una de las condiciones que puede causar microcefalia es el endurecimiento prematuro de las placas óseas del cráneo o craneosinostosis, que impide el crecimiento y desarrollo normativo del encéfalo al limitarlo físicamente. Esta condición concreta, si es detectada a tiempo, sí que puede revertirse mediante cirugía, de manera que se evitarían efectos nocivos sobre el encéfalo.

La prevención también resulta fundamental. El consumo de drogas y determinadas sustancias por parte de la madre, la desnutrición, el no tratamiento de condiciones médicas como la fenilcetonuria o la transmisión de determinados virus como la toxoplasmosis (la cual puede contagiarse a través de las deposiciones de los gatos o el consumo de alimentos no cocinados, en mal estado o contaminados) pueden ser posibles causas de la aparición de microcefalia, y en algunos casos pueden evitarse.

Referencias bibliográficas:

  • Kinsman ,S.L. & Johnston, M.V. (2016). Congenital anomalies of the central nervous system. In: Kliegman RM, Stanton BF, St Geme JW, Schor NF, eds. Nelson Textbook of Pediatrics. 20th ed. Philadelphia, PA: Elsevier.