Un extraño fenómeno clínico.

El poder de la mente sobre nuestro cuerpo es muy elevado: la primera es capaz de afectar al funcionamiento del organismo. Nuestro ritmo cardíaco y respiratorio, la presión sanguínea, el nivel de tensión muscular, la dilatación o contracción de las pupilas, la sudoración, el paso de la sangre, el tránsito intestinal, y muchos otros procesos similares se ven muy afectados por nuestros contenidos mentales y emocionales.

Se conocen casos de personas que pierden la memoria de eventos traumáticos debido al intento de su mente por bloquear determinados recuerdos, o de otras que han padecido enfermedades médicas, convulsiones, parálisis o problemas del habla por causas vinculadas al sufrimiento a nivel mental.

Sin embargo, esta relación puede llegar incluso más allá de lo que la mayoría de personas suele pensar: nuestra propia mente puede llegar a causarnos la muerte. Este tipo de muerte es conocida como muerte psicógena, y es sobre ella sobre la que vamos a hablar a continuación.

¿Qué es la muerte psicógena?

Probablemente en alguna ocasión hemos oído hablar de alguna persona de la que se dice que ha muerto de pena poco después de morir una persona muy cercana, o bien que se ha dejado morir porque no tenía ganas de vivir. Aunque en algunos casos es una interpretación de lo que le ha sucedido al fallecido, este tipo de expresiones encierran una verdad que debe tenerse en cuenta: es posible morir por causas mentales y emocionales.

Recibe el nombre de muerte psicógena el deceso o padecimiento el cual se produce en ausencia de una patología o condición médica física que explique la muerte, y que tiene como principal causa la influencia de la psique sobre el funcionamiento del cuerpo y la energía necesaria para vivir.

Este tipo de fallecimiento suele estar vinculado a la vivencia extrema de emociones como tristeza, miedo o vergüenza generalmente vinculados al padecimiento de algún tipo de vivencia traumática con gran afectación para la persona.

En muchos casos el sujeto pierde la motivación para vivir y de hecho al cabo de un tiempo puede terminar muriendo. No se trata sin embargo de un fenómeno derivado de la depresión u otras condiciones psiquiátricas, sino que simplemente y a pesar de no ser algo intencional y pretendido (no se trataría de una forma de suicidio), el sujeto se rinde a la muerte al perder la voluntad para vivir.

¿Qué la causa?

Tradicionalmente, se ha considerado que la muerte psicógena es producida por algún tipo de alteración cardíaca generada por la vivencia de un trauma, como por ejemplo un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular desencadenado por la tensión emocional. Ello es así en muchos casos.

Sin embargo también se ha descubierto que muchas de estas muertes, especialmente aquellas que no se encuentran vinculadas al miedo o la vergüenza sino a la tristeza, pueden tener una causa diferente: el cese de la motivación para vivir.

En términos fisiológicos, se presupone la existencia de una alteración a nivel de cingulado anterior, una de las principales áreas que rigen la motivación a nivel conductual y permiten que la persona oriente su actuación hacia metas concretas, algo que incluye la orientación hacia la supervivencia. La vivencia de determinados eventos traumáticos puede generar que este área deje de funcionar correctamente, lo que va llevando a una progresiva pérdida de motivación y energía que puede llevar a la muerte.

5 etapas de abandono

La llamada muerte psicógena no ocurre de manera súbita y repentina (salvo en los casos en que la emoción genera una respuesta fisiológica como un infarto), sino que por lo general es posible observar como estos fallecimientos ocurren a lo largo de un proceso que puede ser relativamente rápido, pudiendo durar desde unos pocos días a meses o años. En dicho proceso pueden observarse una serie de etapas o fases que poco a poco van a ir acercando al sujeto a su final.

1. Fase de retirada social

Durante esta primera fase la persona empieza a retraerse, aislarse y alejarse de su entorno. Existe la tendencia a un cierto egocentrismo y separación para con el mundo, así como una progresiva pasividad e indiferencia emocional.

Generalmente esta primera fase suele ocurrir después de algún tipo de trauma emocional, y algunos autores la interpretan como un intento de alejarse para reconstruirse. Es en caso de no conseguir dicha reconstrucción cuando se sigue el proceso.

2. Fase de apatía

Una segunda fase, más peligrosa que la primera, se produce cuando el sujeto empieza a notar una falta total de energía juntamente con una sensación de fuerte desconexión para con la realidad. En este momento es sujeto puede llegar a perder el instinto de preservación y dejar de luchar para desarrollarse y seguir viviendo.

3. Fase de abulia

No solo la energía se ha ido, sino que en esta tercera fase también lo han hecho la motivación y la capacidad de tomar decisiones. Existe una especie de entumecimiento mental y una falta de contenido mental y consciente.

Es habitual una retirada extrema que incluso puede generar el olvido de necesidades básicas como comer, pero a pesar de que el sujeto no tiene capacidad para automotivarse aún es posible motivarlo desde el exterior (ahora bien en ausencia de dicha motivación externa el sujeto volverá a la situación de intensa apatía y abandono)..

4. Acinesia psíquica

Esta cuarta fase es una de las más graves, incrementándose la sintomatología anterior de tal modo que aunque hay conciencia hay una total falta de sensibilidad. Mejor dicho, a pesar de que pueden sentir son incapaces de reaccionar a los estímulos. Aún si sienten dolor o malestar las personas en este estado no reaccionarán ni evitarán la estimulación nociva.

5. Muerte psicógena

La última fase del proceso es la que lleva a la muerte real de la persona, tras una etapa en que ningún tipo de estimulación logrará que el sujeto reaccione. No hay motivación para vivir y el sujeto se deja ir, lo que finalmente llevará al deceso.

Tipos de muerte psicógena

Aunque por lo general la muerte psicógena es producto de la vivencia de un evento traumático o de la experimentación intensa de emociones como sufrimiento o vergüenza, lo cierto es que podemos encontrar diferentes tipos de muerte psicógena. A continuación veremos algunas variantes de este tipo de muerte en función de qué genera la falta de deseo de vivir o la autosugestión de que van a morir pronto.

Entre ellas podemos encontrar la muerte por emplazamiento, nacida de la sugestión y condicionamiento de suponer que la propia muerte va a llegar cuando se de una condición concreta. El elevado nivel de tensión emocional que ello supone va a terminar por hacer que la psique del propio sujeto le genere una muerte real. Existen numerosos registros históricos de personajes que han muerto de este mismo modo.

También encontramos entre las muertes psicógenas las muertes vudú, las cuales también surgen de la creencia y sugestión por parte de quien la padece que el haber sido hechizado o haber roto un tabú sagrado va a provocarle la muerte. Es esta una de las causas más habituales de que personas creyentes en el vudú terminen por fallecer realmente tras haber sido maldecidos, o lo que provoca que personas que juegan con la ouija corran la misma suerte (motivos por los cuales se dice que dichos actos sólo afectan si la persona cree en ellos).

Un tercer tipo de muerte psicógena lo encontramos en lo que se conoce como hospitalismo. El hospitalismo es un concepto que hace referencia a la separación de un niño y su madre o figura de apego durante un período prolongado de tiempo. Dicha separación genera una gran ansiedad y angustia al pequeño, el cual puede terminar por perder el apetito y terminar falleciendo. Es el caso por ejemplo de muchos niños abandonados o separados a temprana edad de sus padres, los cuales terminan muriendo sin una causa orgánica clara a causa de la privación de afecto.

Un tipo de fallecimiento evitable

La muerte psicógena no es un proceso inevitable, sino que resulta posible revertir el proceso. Se debe trabajar en primer lugar en el incremento de la actividad de la persona, así como en su percepción de control sobre su propia vida y en la reestructuración de creencias desadaptativas y disfuncionales, sea cual sea el caso de entre los expuestos.

Deberá tratarse la situación traumática que ha podido generar el inicio del proceso, así como estimular el compromiso con uno mismo y la reinstauración de hábitos saludables para poco a poco añadir un trabajo sobre la socialización y la participación comunitaria. También puede resultar relevante ayudar a encontrar metas vitales al sujeto, motivos para vivir y hacia los que orientarse.

Asimismo la psicofarmacología puede ayudar a fomentar un aumento de las ganas de vivir, mediante el uso de estimulantes y sustancias como los antidepresivos para fomentar la actividad y reducir la pasividad.

Referencias bibliográficas:

  • Beebe Tarantelli, C. (2008). Life within death : towards a metapsychology of catastrophic psychic trauma. The International Journal of Psychoanalysis, 84 (4).: 915-928
  • Instituto de España Real Academia Nacional de Medicina (1974). El sentido del dolor. Discurso para la recepción pública del Académico electo Excmo. Sr. Dr. D. Pedro Piulachs Oliva leído el 4 de junio de 1974 y contestado por el Académico numerario Excmo. Sr. Dr. D. Rafael Vara López. Madrid, España.
  • Leach, J. (2018) Give-up-itis revisited. Neuropathology of extremis, Medical Hypotheses.