La nosocomefobia es una fobia relacionada con el miedo extremo a los hospitales.

Todos nosotros hemos estado enfermos en alguna ocasión, y habremos acudido a algún hospital o consulta médica con el fin de mejorar nuestra situación y recuperar la salud. Ir al hospital no es precisamente una actividad de ocio o divertida, pero por lo general y a menos que nos enfrentemos a un problema grave la mayoría de la gente ocurre con cierta tranquilidad.

Sin embargo, tampoco es infrecuente que nos pueda generar cierta inquietud: vamos allí a va a ver a un médico para que evalúe si todo está bien… o no. Además algunas pruebas pueden ser dolorosas o molestas, y algunas personas sienten aprensión cuando tienen que visitar determinadas unidades.

Pero para algunas personas, ir al hospital no es algo neutro o sólo ligeramente inquietante, sino un suplicio y algo aterrador. Estamos hablando de personas que sienten pánico y una enorme ansiedad ante la mera idea de ir a o incluso ver un hospital, provocándoles la idea incluso síntomas físicos y limitando en gran medida su vida y el mantenimiento de su salud. Es lo que les ocurre a las personas con nosocomefobia, de la cual vamos a hablar a lo largo de este artículo.

¿Qué es la nosocomefobia?

Recibe el nombre de nosocomefobia una fobia relativamente poco frecuente y que puede tener implicaciones peligrosas para la vida de quienes la padecen: se trata de la fobia a los hospitales y centros de salud en general.

Como fobia que es, implica la existencia de un profundo nivel de pánico y ansiedad que aparece de manera irracional y excesiva ante la presencia de un estímulo o situación concreta. Estas sensaciones aparecen de manera incontrolable y por lo general el propio sujeto reconoce que sus sensaciones son desproporcionadas para el posible peligro que podría implicar el estímulo en cuestión.

La exposición a éste generará que se dispare la ansiedad hasta niveles que la persona considera insoportables y que pueden llegar a generarle síntomas como crisis de ansiedad en las que aparezcan taquicardia, hiperventilación, sudor frío y profuso, temblores, mareos y/o sensación de estar muriéndose o volviéndose loco. El grado de malestar es tal que la persona tendrá que huir o escapar de la situación, algo que le llevará en adelante a evitar la situación fóbica o, en caso de necesidad, permanecer en ella con gran sufrimiento y deseando que termine.

En el caso de la nosocomefobia este estímulo o situación que generan ansiedad y van a ser evitados son los hospitales, la idea de ingresar o acercarse a ellos o cualquier tipo de elemento que se pueda asociar a ellos. Así, no solo va a ser la imagen de un hospital o la idea de acercarse lo que va a generar ansiedad, sino que también es probable que el sujeto sienta pánico si ve aparecer una ambulancia por la calle, ve vendas, instrumental quirúrgico, camillas o salas de espera, se encuentra con sanitarios, médicos o enfermeros/as o en algunos casos incluso simplemente ante la visión de batas blancas, lesiones o enfermedades que puedan requerir asistencia en uno de dichos centros.

Si bien no es necesario que se den conjuntamente, es habitual que la nosocomefobia aparezca vinculada a la latrofobia a los médicos, la nosofobia o miedo a las enfermedades o a caer enfermo o incluso a fobias a la sangre-inyecciones-daño. De hecho, en ocasiones la presencia de una de ellas puede llegar a generalizarse y expandirse al centro médico, siendo como veremos más adelante uno de sus posibles orígenes.

Sin embargo esto no es necesario para su aparición, y técnicamente es posible padecer nosocomefobia sin padecer alguna de las otras y viceversa. También puede existir una vinculación con la hipocondría, en tanto el miedo y convencimiento de estar enfermo puede llegar en algunas personas a evitar ir al hospital (si bien resulta más habitual que acudan con gran frecuencia) por miedo a que le pudieran confirmar su diagnóstico.

Una fobia peligrosa

La mayoría de fobias pueden llegar a ser muy invalidantes para las personas que las sufren, especialmente si el estímulo que les genera ansiedad está presente con frecuencia en el medio que les rodea. La evitación activa del estímulo y lo que se relaciona con él hará que evite determinadas zonas, se acerque o relacione con determinada gente o incluso que no pueda disfrutar de determinados tipos de ocio, trabajo o estudios. En algunos casos incluso les puede imposibilitar salir de su hogar.

Sin embargo, además de la propia ansiedad y malestar sentida y lo invalidante que resulte en diferentes niveles y ámbitos vitales, en el caso de la nosocomefobia estamos ante una que puede suponer un peligro directo para la vida y supervivencia del afectado. Y es que quienes sufren esta fobia van a evitar ir a hospitales y servicios médicos, algo que podría hacer que no buscaran tratamiento médico en condiciones peligrosas, como por ejemplo cardiopatías, traumatismos o infecciones entre otras muchas.

Si bien es cierto que existe la posibilidad de llamar al médico y que acuda al domicilio, en muchos casos puede precisarse instrumental o tecnologías que no resulten fácilmente transportables, o bien un entorno esterilizado y estanco. E incluso algunas personas pueden llegar a obviar también esta opción debido a su asociación con el contexto médico y hospitalario.

Además de su propia supervivencia, también puede tener repercusiones a nivel socioafectivo: existirán dificultades para visitar a personas de su entorno que por algún motivo estén hospitalizadas, asistir a partos o nacimientos o despedirse de seres queridos en sus últimos momentos. Es también posible que el miedo a que se les pueda contagiar una enfermedad que les lleve al hospital pueda tener como consecuencia la evitación o rechazo de personas enfermas incluso fuera del centro. Ello puede provocar riñas e incomprensiones por parte del entorno y la sociedad.

Posibles causas y hipótesis explicativas

Las causas de la nosocomefobia no están totalmente claras y por lo general no se encuentran en un único elemento sino en un cúmulo de variables, y tiene un origen multicausal. Sin embargo, pueden establecerse diferentes hipótesis al respecto.

En primer lugar, cabe tener en cuenta que los hospitales son establecimientos donde acuden personas con problemas de salud con el fin de curarse o bien descubrir qué les sucede. También es un lugar donde, a veces, las personas pasan sus últimos momentos antes de morir. Todos lo sabemos, y es una idea que puede transmitirse socialmente. En este sentido, una de las posibles explicaciones pasaría por el hecho de que se ha condicionado el centro o aquello que recuerda a él a nivel cognitivo con un estímulo que de por sí resulta aversivo: el dolor y el sufrimiento.

Este mismo principio explica también el hecho de que en el caso de que existan fobias a los médicos, a la sangre, al daño, a las inyecciones o a la enfermedad, o incluso a los gérmenes, es posible que en ocasiones el miedo a dichos estímulos pueda generalizarse y condicionar nuestra respuesta al centro en cuestión. De este modo, un estímulo al principio neutro (el hospital en sí), se relaciona con lo que nos aterra (el daño, la muerte o otro estímulo fóbico) y termina provocando en nosotros una respuesta condicionada de miedo y ansiedad.

Vinculado con esta hipótesis podemos plantear que otra posible explicación puede hallarse en la vivencia de situaciones ansiógenas en el pasado dentro de un contexto médico u hospitalario: la vivencia de la enfermedad y muerte de un ser querido, el diagnóstico de una enfermedad grave, una hospitalización larga en la infancia, un tratamiento o prueba médica dolorosa (por ejemplo la quimioterapia)… Estas situaciones pueden generar gran malestar y pueden desencadenar ansiedad hacia el entorno en que se produjo. Se trataría de un condicionamiento de la respuesta, al igual que en el anterior punto, si bien en este caso derivado de experiencias pasadas.

Además de ello, cabe tener en cuenta que estamos ante un tipo de fobia principalmente vinculada con la idea del daño. En este sentido resulta una fobia cuyo origen, del mismo modo que puede ocurrir con otros como la fobia a las arañas o a las serpientes, puede tener un sentido biológico.

Tal y como propone la teoría de la preparación de Seligman, algunas fobias pueden haber sido heredadas a nivel filogenético dado que en el pasado evitar dichos estímulos nos protegió y sirvió para sobrevivir como especie. Si bien tal vez no sea un caso directo, hay que tener en cuenta que existen factores cognitivos que pueden vincular hospital con daño: aunque podamos ir al hospital a curarnos, en el fondo este hecho implica que estamos padeciendo algún mal, que a nivel cognitivo puede ser difícil de aceptar.

Otra posible causa puede encontrarse en la existencia de preocupación o miedo de perder el control sobre uno mismo: en el hospital pasas a ser un paciente, un ser pasivo que se ve sometido al criterio de otro ser humano con poder de decisión sobre nosotros.

Tratamiento del miedo a los hospitales

Tratar la nosocomefobia en aquellas personas que la padecen es altamente recomendable, debido a la profunda afectación o incluso riesgo que puede tener para su vida. Afortunadamente, existen diferentes alternativas que permiten tratar con gran éxito tanto estas como otras fobias.

La primera y más exitosa de todas ellas es la terapia de exposición. En ella, se establece entre profesional y paciente una serie de objetivos y una jerarquía de estímulos o situaciones generadoras de ansiedad. Esta jerarquía será ordenada en función del grado de ansiedad que genere, y de manera estructurada y poco a poco se va a ir exponiendo al sujeto a cada uno de los ítems o estímulos (comenzando por niveles intermedios) hasta lograr que el sujeto vea reducida su ansiedad hasta que esta desaparezca o bien resulte controlable.

Según vaya superando cada ítem al menos dos veces sin que exista ansiedad o al menos que esta no supere determinado nivel, se irá pasando al siguiente ítem.

Esta técnica suele emplearse en vivo (en la realidad), pero en caso de no ser posible puede ser empleada en imaginación (en la que si bien tiene menor efecto también ha manifestado cierta utilidad). También es posible utilizar exposición en realidad virtual, generando un entorno virtual en forma de hospital o consulta en el que el sujeto se expone a diversos estímulos de forma altamente controlada (si bien por lo general es algo menos efectiva que la exposición en vivo, resulta eficaz e incluso podría servir de paso previo a la práctica en vivo)

Existe también la desensibilización sistemática, cuya principal diferencia con la anterior es el hecho de que en la segunda en vez de esperar que se reduzca la ansiedad se plantea la realización de una actividad incompatible con esta, como ejercicios de relajación.

Además de la exposición, es necesario tener en cuenta que en la nosocomefobia pueden existir factores cognitivos muy poderosos que medien o incluye estén en la base de la ansiedad sentida.

En este sentido puede ser de gran interés la realización de diversas técnicas de reestructuración cognitiva en la que pueden trabajarse aspectos como las creencias sobre lo que es un hospital, la evaluación del riesgo real que supone, la vinculación entre hospital y dolor, posibles sesgos cognitivos o creencias disfuncionales o el miedo a la pérdida del control o la salud y lo que dicha pérdida podría suponer. También pueden fortalecerse y realizarse un entrenamiento en gestión del estrés, autoestima o percepción de control.

Finalmente la práctica de técnicas de relajación puede ser de utilidad para rebajar la ansiedad sentida antes de exponerse. En ocasiones también puede llegar a ser útil el uso de fármacos tranquilizantes, si bien algunos de los motivos que pueden llevarnos a necesitar ir a un hospital pueden requerir del no consumo de fármacos.

Referencias bibliográficas:

  • Bourne, E. J. (2005). The Anxiety & Phobia Workbook. New Harbinger Publications.
  • Hamm, A. O. (2009). Specific phobias. The Psychiatric Clinics of North America. 32 (3): 577 - 591.