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Pensamientos disfuncionales: qué son y cómo se tratan en terapia

Veamos qué son los pensamientos disfuncionales según la psicología, y cómo se tratan en terapia.

Laura Ruiz Mitjana

Laura Ruiz Mitjana

Pensamientos disfuncionales
Un resumen de este concepto tan importante en psicoterapia.Unsplash.

Sabemos que la realidad se puede interpretar de infinitas maneras, y que no existe una “única realidad”. Sin embargo, también es cierto que un procesamiento distorsionado de la información puede originar pensamientos disfuncionales y erróneos, que pueden causar un importante malestar a la persona que los tiene.

Para abordarlos, la terapia cognitiva suele ser la más empleada. En este artículo conoceremos las características de los pensamientos disfuncionales, cómo se originan, así como cuatro técnicas efectivas que permiten trabajarlos y eliminarlos, sustituyendolos por pensamientos más realistas y funcionales.

Pensamientos disfuncionales: definición y características

Los pensamientos disfuncionales, también denominados pensamientos automáticos o pensamientos automáticos negativos (PAN’s), son un concepto propuesto por Aaron T. Beck, un importante psiquiatra y profesor estadounidense.

A. Beck fue pionero en la orientación cognitiva dentro del campo de la psicología, así como en la terapia cognitiva, y describió los pensamientos disfuncionales como resultado o producto de un procesamiento distorsionado de la realidad. Según Beck, este procesamiento erróneo (al que llama distorsión cognitiva) acaba originando una serie de pensamientos que no aporta beneficios al paciente, y que le acaba alejando de la realidad más “objetiva”.

Las características básicas de los pensamientos disfuncionales son las siguientes: se trata de mensajes específicos, concretos; son creídos por la persona a pesar de ser irracionales y de no basarse en la evidencia, y son pensamientos espontáneos, involuntarios y por consiguiente, difíciles de controlar.

Un ejemplo de pensamiento disfuncional sería pensar: “Si voy a la piscina lo pasaré fatal” (porque anteriormente ya se ha ido y se ha tenido una mala experiencia), o “No valgo para nada”, “Seguro que me sale fatal la presentación”, “No le caigo bien a nadie porque todos me miran mal”, etc.

Es decir, acaban siendo pensamientos que no aportan nada bueno al paciente (es por ello que son disfuncionales), que generan malestar innecesario y que solo perpetúan más pensamientos disfuncionales.

¿Cómo se originan?

Como hemos visto, para llegar a los pensamientos disfuncionales, el procesamiento de la información previo debe ser erróneo (o estar distorsionado): son las llamadas distorsiones cognitivas de Beck.

Así, la manera de pensar de una persona con pensamientos disfuncionales se caracterizará por la presencia de errores sistemáticos en el procesamiento de la información, que implica que se interprete la realidad de forma errónea, o que nos fijemos solo en una parte de ella para evaluar un aspecto más global, etc.

¿Cómo operan en la mente?

Existen muchos tipos de pensamientos disfuncionales, según las características de los mismos. Además, una característica común de los pensamientos disfuncionales es que acaban favoreciendo la percepción y el recuerdo de estímulos congruentes con los esquemas erróneos; es decir, la persona se acaba fijando solamente en los aspectos de la realidad que ya de por sí tiene distorsionados, entablando una especie de “círculo vicioso”.

De esta manera, ocurriría lo siguiente: la persona interpreta erróneamente la realidad (sacando conclusiones erróneas, por ejemplo), se fija más en los aspectos distorsionados de la misma, y además los recuerda más en comparación con otros aspectos no distorsionados.

Los pensamientos disfuncionales pueden aparecer en personas “sanas” y en personas con un trastorno depresivo o ansioso, por ejemplo (en estos dos últimos casos, estos pensamientos suelen ser más frecuentes, intensos y numerosos).

El resultado, tanto en personas sanas como en personas con algún trastorno mental, suele ser similar (aunque varía en intensidad), y es una visión distorsionada de la realidad, que da lugar a un estado negativo, desadaptativo o con síntomas depresivos y/o ansiosos.

¿Cómo se pueden tratar en terapia?

La terapia psicológica, concretamente la terapia cognitiva, está indicada para tratar los pensamientos disfuncionales, especialmente cuando éstos están causando problemas y/o un malestar importante a la persona que los tiene.

A partir de ella, se pretende ayudar al paciente para que elabore un conjunto de supuestos básicos y pensamientos más realistas, que le permitan hacer inferencias y evaluaciones de los sucesos vitales más adecuados a sus objetivos.

La terapia cognitiva es una buena opción para tratar y modificar los pensamientos disfuncionales. Ésta terapia se utiliza especialmente con pacientes que tienen depresión, y que además presentan notables pensamientos disfuncionales.

La terapia cognitiva se suele emplear cuando el paciente ya tiene cierto nivel de funcionamiento; esto lo remarcamos, porque en las fases iniciales de la depresión, y más si ésta es grave, es frecuente que la persona se muestre totalmente apática e indispuesta a hacer nada; es por ello que al principio es mejor optar por técnicas conductuales que activen al paciente, para posteriormente ir incorporando poco a poco las técnicas cognitivas.

Las técnicas cognitivas se basan en el descubrimiento guiado (también llamado empirismo colaborador), que ofrece al paciente un papel activo en su recuperación y mejoría, y en el cual el terapeuta irá ayudando poco a poco al paciente para que sea él mismo el que encuentre su propia solución, lo más autónomamente posible.

Técnicas específicas

Dentro de la terapia cognitiva, encontramos diferentes técnicas o herramientas que podemos utilizar para tratar los pensamientos disfuncionales. Algunas de ellas son:

1. Registro diario de pensamientos automáticos

Los pensamientos disfuncionales también se llaman pensamientos automáticos o pensamientos automáticos negativos. Como hemos visto, consisten en pensamientos e imágenes que suelen estar distorsionados, y que suelen tener un carácter negativo para el paciente.

Se originan por la interacción de la información proporcionada por el medio, los esquemas del paciente, sus creencias y los procesos cognitivos que emplea. Se trata de pensamientos a los que se accede fácilmente (automáticos) a nivel de conciencia (es decir, vienen a la mente de forma rápida y automática, prácticamente sin ser procesados). Así, los pensamientos automáticos suelen ser negativos (Pensamientos Automáticos Negativos [PAN]), especialmente en la depresión.

El registro de los PAN es una técnica que se suele emplear en las primeras sesiones de la terapia cognitiva, y que implica que el paciente registre diariamente los pensamientos disfuncionales que va teniendo a cada momento, con el objetivo de que tome conciencia de que los tiene, y de que identifique con claridad cuáles son. Esta técnica se aplica inicialmente para ir complementándola con otras que permitan explorar esos pensamientos disfuncionales.

2. Búsqueda de interpretaciones/soluciones alternativas

Esta segunda técnica permite que el paciente investigue nuevas interpretaciones o soluciones ante situaciones complejas.

Dentro de ella, se suele emplear la “técnica de las dos columnas”, donde el paciente tiene dos columnas de registro; en una de ella escribe la interpretación original o pensamiento disfuncional que tiene en relación a una situación, y en la otra escribe posibles interpretaciones alternativas.

Esto le puede ayudar a explorar nuevas formas de interpretar las cosas (formas más funcionales y adaptativas), lejos de los pensamientos disfuncionales iniciales que le causaban malestar y estados emocionales que no entendía.

3. Técnica de las cuatro preguntas

Esta técnica parte del cuestionamiento de la evidencia a favor de mantener un determinado pensamiento disfuncional para generar interpretaciones más realistas o útiles. Para realizarla, se le plantean estas preguntas al paciente:

  • ¿En qué medida tu pensamiento refleja la misma realidad? (Deberá puntuar de 0 a 100).
  • ¿Cuál es la evidencia de esta creencia o pensamiento?
  • ¿Hay alguna explicación alternativa?
  • ¿Hay algún elemento de la realidad en la creencia o pensamiento alternativo?

A partir de las respuestas del paciente se pueden trabajar los pensamientos disfuncionales; explorar por qué se originan, qué determinantes los preceden, qué pensamientos alternativos existen, etc.

Además, la técnica de las cuatro preguntas facilita que el paciente mantenga un papel activo en el proceso terapéutico, cuestionándose él mismo la veracidad de sus pensamientos y buscando explicaciones alternativas.

4. Técnica de las tres columnas

Esta técnica permite identificar las distorsiones cognitivas del paciente (recordemos, un tipo de procesamiento que acaba originando los pensamientos disfuncionales), para posteriormente modificar las cogniciones distorsionadas o negativas del paciente.

Consiste en una tabla de tres columnas en un papel: en la primera columna, el paciente registra la distorsión cognitiva que tiene (después de un proceso de enseñanza de las mismas), en la segunda, escribe el pensamiento disfuncional que esa distorsión le genera, y en la tercera escribe un pensamiento alternativo, que sustituirá al pensamiento disfuncional.

Referencias bibliográficas:

  • Bas, F. y Adres, V. (1994). Terapia cognitivo-conductual de la depresión; un manual de tratamiento. Terapia de conducta y salud.
  • Caro, I. (1998). Manual de Psicoterapias Cognitivas. Paidós.
  • Ruiz, M., Díaz, M.I., Villalobos, A. (2012). Manual de técnicas de intervención cognitiva conductuales. Bilbao: Descleé de Broumer.

Graduada en Psicología por la Universitat de Barcelona, con Máster en Psicopatología Clínica Infantojuvenil por la Universitat Autònoma de Barcelona. Especializada en Trastornos del Neurodesarrollo. Actualmente trabaja como Psicóloga infantil en la Associació Catalana del Síndrome X Frágil. Autora del libro "Vivir de memoria" (Editorial Círculo Rojo, 2018). Aficionada del deporte y la lectura.

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