La respuesta breve es que un ataque de pánico, por sí mismo, no se considera una situación potencialmente mortal. Puede producir sensaciones físicas extremadamente intensas (palpitaciones, opresión en el pecho, falta de aire, mareo o temblores) y el miedo a morir es, de hecho, uno de sus síntomas característicos.
Ahora bien, existe un matiz fundamental: no podemos asumir que cualquier dolor torácico, dificultad respiratoria o mareo intenso sea simplemente ansiedad. Algunos problemas cardíacos, respiratorios y de otros tipos pueden producir síntomas parecidos. Especialmente ante un primer episodio, síntomas diferentes de los habituales o determinadas señales de alarma, puede ser necesaria una valoración médica.
Por eso, entender qué ocurre durante un ataque de pánico no consiste en aprender a ignorar cualquier señal del cuerpo. Se trata de conocer cómo funciona esta respuesta de alarma, por qué puede generar una sensación tan convincente de peligro y en qué circunstancias debemos dejar de atribuir los síntomas a la ansiedad y pedir ayuda.
¿Qué ocurre durante un ataque de pánico?
Un ataque de pánico es una aparición brusca de miedo o malestar intenso que alcanza una gran intensidad en cuestión de minutos. Puede ocurrir mientras estamos preocupados o atravesando una situación difícil, pero también aparecer aparentemente “de la nada”, incluso mientras dormimos o realizamos una actividad cotidiana.
Durante el episodio, el organismo activa sistemas que normalmente nos preparan para responder ante una amenaza. El corazón puede latir con mayor rapidez, la respiración cambia, aumenta la tensión muscular y nuestra atención se dirige con enorme intensidad hacia cualquier señal que pueda confirmar que existe peligro.
Entre las sensaciones más habituales encontramos:
- Palpitaciones o aceleración de la frecuencia cardíaca.
- Sudoración, temblores, escalofríos o sensación de calor.
- Falta de aire o sensación de ahogo.
- Presión, dolor o molestias en el pecho.
- Náuseas o malestar abdominal.
- Mareo, inestabilidad o sensación de desvanecimiento.
- Hormigueo o entumecimiento.
- Sensación de irrealidad o de estar desconectado de uno mismo.
- Miedo a perder el control, “volverse loco” o morir.
Precisamente porque muchas de estas sensaciones afectan al corazón, la respiración y la percepción de nuestro propio cuerpo, es fácil interpretarlas como la señal de que está ocurriendo algo catastrófico. Eso ayuda a explicar por qué una persona puede estar convencida en ese momento de que está a punto de morir aunque el episodio sea un ataque de pánico.
¿Por qué siento que voy a morir si el ataque no es mortal?
Uno de los elementos más útiles del artículo original era la idea del círculo vicioso del pánico, aunque su explicación fisiológica necesitaba algunos matices. El problema no consiste simplemente en que intentemos “controlar” una sensación y nuestro cuerpo se descontrole, sino en la interacción entre las sensaciones físicas y la interpretación que hacemos de ellas.
Imaginemos que notamos una palpitación. Podemos pensar que se debe a haber subido rápidamente unas escaleras y no darle mayor importancia. Pero si la interpretamos como “mi corazón está fallando”, nuestra percepción de amenaza aumenta. El organismo responde aumentando todavía más la activación y, al notar que el corazón late más rápido, esa interpretación parece confirmarse: “sabía que estaba pasando algo grave”. Este mecanismo puede alimentar rápidamente el miedo.
Algo semejante ocurre con la respiración. Durante un episodio de ansiedad podemos empezar a respirar de forma rápida o profunda. Una hiperventilación mantenida puede reducir el nivel de dióxido de carbono en la sangre y favorecer sensaciones como mareo, hormigueo o aturdimiento. Si esas sensaciones se interpretan como evidencia de que estamos a punto de desmayarnos o morir, el miedo aumenta y la respuesta de alarma se intensifica.
Este modelo de “falsa alarma” se utiliza para explicar parte de lo que sucede en los ataques de pánico: determinadas sensaciones se interpretan como amenazas y el propio miedo a esas sensaciones contribuye a amplificarlas.
¿Un ataque de pánico puede provocar un infarto o hacer que deje de respirar?
Aquí conviene corregir una de las afirmaciones demasiado absolutas de la versión anterior. No es adecuado decir simplemente que “no puedes tener un ataque al corazón” mientras sufres un ataque de pánico. El pánico no es un infarto, pero sus síntomas pueden parecerse, y que alguien esté ansioso no permite descartar a distancia que exista otra causa médica.
Lo mismo ocurre con la sensación de ahogo. Durante un ataque de pánico la persona puede sentir de manera muy convincente que no consigue introducir suficiente aire o que va a asfixiarse. Esa sensación forma parte de los síntomas conocidos del pánico, pero una dificultad respiratoria real también puede aparecer en problemas médicos diferentes.
Por eso, ante síntomas físicos importantes no debemos razonar al revés y pensar: “como tengo ansiedad, todo lo que siento se debe a la ansiedad”. El propio NIMH señala que los síntomas de un ataque de pánico pueden sentirse de manera similar a los de un infarto, mientras que NICE recomienda descartar problemas físicos agudos cuando una persona se presenta en urgencias con un posible ataque de pánico.
Tampoco es necesario que todos los episodios duren exactamente diez o veinte minutos. Lo característico es que la oleada de miedo alcanza su máxima intensidad rápidamente, generalmente en minutos. Después, la activación suele disminuir, aunque el cansancio, la inquietud o el miedo a que vuelva a ocurrir pueden mantenerse durante más tiempo.
¿Cuándo debo buscar atención médica urgente?
Si una persona ya ha sido evaluada, conoce sus ataques y reconoce un patrón idéntico al de episodios anteriores, puede resultar más sencillo interpretar lo que está ocurriendo. Sin embargo, un primer episodio o unos síntomas claramente distintos de los habituales merecen más cautela.
Conviene solicitar asistencia médica urgente ante situaciones como:
- Dolor o presión intensa en el pecho que no desaparece o presenta características diferentes a episodios previos.
- Dolor torácico que se extiende hacia el brazo, la mandíbula o la espalda.
- Dificultad respiratoria grave.
- Pérdida de conocimiento.
- Confusión intensa o aparición repentina de dificultades para hablar, ver, caminar o mover alguna parte del cuerpo.
- Síntomas físicos especialmente intensos, nuevos o cuyo origen genera dudas razonables.
El dolor torácico puede aparecer durante un ataque de pánico, pero también por problemas cardíacos, pulmonares, digestivos o musculoesqueléticos. Algunas de esas causas requieren atención urgente.
Por tanto, la recomendación no es acudir a urgencias cada vez que aparece cualquier sensación de ansiedad, pero tampoco intentar autodiagnosticar como pánico un cuadro físico importante cuando no sabemos qué está ocurriendo.
¿Qué puedo hacer si estoy teniendo un ataque de pánico?
Si ya has recibido una evaluación médica o psicológica y reconoces el episodio como un ataque de pánico, recordar qué está sucediendo puede reducir el segundo nivel de miedo: el miedo a las propias sensaciones.
En lugar de intentar eliminar cada síntoma inmediatamente, puede ser útil adoptar una actitud menos combativa hacia la activación. Respirar de manera pausada y cómoda, sin realizar grandes inspiraciones forzadas, puede ayudar cuando la respiración se ha acelerado. También puede servir dirigir parte de la atención hacia el entorno (lo que ves, escuchas o notas fuera de tu cuerpo) para evitar permanecer completamente centrado en cada cambio de la frecuencia cardíaca o la respiración.
Si estás en un lugar seguro, trata de permanecer allí mientras disminuye la intensidad en lugar de interpretar automáticamente que necesitas escapar. Salir corriendo de todas las situaciones en las que aparece ansiedad puede proporcionar alivio inmediato, pero también favorecer que esos lugares terminen asociándose con el peligro.
Ahora bien, este artículo no pretende sustituir la guía específica sobre cómo afrontar una crisis. Si quieres profundizar en qué hacer durante un episodio y cómo reconocer sus síntomas, el artículo anterior de esta serie desarrolla esas pautas con mayor detalle.
- Te recomendamos leer: "¿Estoy teniendo una crisis de ansiedad? Síntomas y qué hacer"
¿Qué hacer después de un ataque de pánico?
Un ataque aislado no equivale a un trastorno de pánico. Algunas personas experimentan uno o varios episodios a lo largo de su vida sin desarrollar posteriormente un problema persistente. La situación cambia cuando el miedo al próximo ataque empieza a convertirse en un problema por sí mismo.
Después de una experiencia tan intensa es comprensible prestar más atención al cuerpo durante unos días. Sin embargo, puede desarrollarse un círculo diferente: comprobar constantemente el pulso, evitar el ejercicio porque acelera el corazón, rechazar lugares donde sería difícil “escapar” o necesitar estar acompañado para sentir seguridad. De ese modo, el temor a un nuevo episodio comienza progresivamente a modificar la vida cotidiana.
El trastorno de pánico se diferencia precisamente del ataque aislado porque aparecen ataques inesperados recurrentes y, además, existe durante al menos un mes preocupación persistente por sufrir nuevos episodios o cambios relevantes de conducta vinculados con ellos.
Cuando el miedo lleva a evitar transportes, centros comerciales, espacios abiertos, aglomeraciones u otras situaciones por pensar que escapar o recibir ayuda sería difícil si aparece una crisis, también puede desarrollarse agorafobia. No todas las personas con ataques de pánico la presentan, pero esa evitación merece atención cuando empieza a reducir la autonomía.
- Te recomendamos leer "Agorafobia: qué es, causas, síntomas y tratamiento"
¿Cómo se tratan los ataques de pánico recurrentes?
Cuando los episodios son recurrentes, existe miedo persistente a su repetición o empiezan a condicionar la vida cotidiana, resulta recomendable realizar una evaluación profesional. No es necesario esperar a que el problema sea incapacitante para pedir ayuda.
La terapia cognitivo-conductual es una de las intervenciones psicológicas con mayor respaldo para el trastorno de pánico. Puede incluir psicoeducación sobre las sensaciones del pánico, trabajo sobre las interpretaciones catastróficas y procedimientos de exposición. Una herramienta característica es la exposición interoceptiva, mediante la que, dentro de un tratamiento estructurado, la persona aprende a experimentar determinadas sensaciones corporales temidas sin interpretarlas automáticamente como señales de peligro.
La evidencia disponible respalda distintas intervenciones psicológicas para el trastorno de pánico, particularmente las basadas en enfoques cognitivo-conductuales. El tratamiento farmacológico también puede estar indicado en algunos casos y debe decidirse junto con un profesional sanitario teniendo en cuenta el cuadro clínico y las preferencias de la persona.
- Te recomendamos leer "6 tratamientos eficaces contra la ansiedad"
Entonces, ¿puedo morir de un ataque de pánico?
Un ataque de pánico en sí mismo no se considera mortal, aunque pueda producir una sensación intensísima de peligro y un miedo completamente real a morir. Esa diferencia entre lo que sentimos y el peligro objetivo es precisamente una de las características que hacen que estos episodios resulten tan perturbadores.
Pero esta respuesta no debe transformarse en una falsa seguridad ante cualquier síntoma. Si el episodio es nuevo, aparecen manifestaciones físicas especialmente intensas o diferentes de las habituales, existe pérdida de conocimiento, dificultad respiratoria grave o un dolor torácico que plantea dudas sobre su origen, la opción segura es buscar atención médica.
Una vez descartadas otras causas y cuando se confirma que existen ataques de pánico, comprender el ciclo del miedo y tratar el problema puede reducir tanto los episodios como el temor constante a que vuelvan a aparecer. El objetivo no es aprender a ignorar el cuerpo, sino dejar de interpretar automáticamente cada señal de activación como una catástrofe.
Serie: Entender la ansiedad
Estás leyendo: ¿Puedes morir de un Ataque de Pánico?
Según lo que necesites ahora:
- Si quieres entender si lo que te ocurre es una crisis de ansiedad y qué hacer durante ella → ¿Estoy teniendo una crisis de ansiedad? Síntomas y qué hacer
- Si estás empezando a evitar lugares o situaciones por miedo a sufrir otro ataque → Agorafobia: qué es, causas, síntomas y tratamiento
- Si quieres conocer los principales tratamientos para la ansiedad → 6 tratamientos eficaces contra la ansiedad














