Los momentos que corren son verdaderamente estresantes. Si bien parece que la situación está mejorando, lo cierto es que la pandemia ha puesto patas arriba la vida de muchas personas quienes tienen miedo a contagiarse.

Algunos síntomas de la ansiedad coinciden con los del COVID-19, especialmente el de la falta de aire y presión en el pecho. Como el miedo a tener la enfermedad causa todavía más ansiedad, quien está viviendo uno de estos episodios se preocupa más, teniendo todavía más dificultades para respirar y encontrándose peor.

Teniendo en cuenta esto hoy vamos a ver cuáles son las principales diferencias entre ansiedad y problemas respiratorios asociados a enfermedades, además de ver algunas formas para averiguar si se está ante un ataque de ansiedad o no.

Principales diferencias entre la ansiedad y los problemas respiratorios

Los episodios de ansiedad son cuadros que muchas personas pueden padecer a lo largo de sus vidas. Detrás de ellos puede haber todo tipo de causas que provocan en quienes lo sufren todo tipo de síntomas, diferentes en cada persona pero que comparten como emoción experimentada principal un profundo miedo y temor a cómo irán las cosas.

La pandemia mundial es un problema lo suficientemente serio como para incrementar la cantidad de casos de ataques de ansiedad. Además del miedo a cómo va a desarrollarse la sociedad en tiempos posteriores a esta crisis está el hecho de tenerle miedo al virus mismo, puesto que la enfermedad que provoca es potencialmente mortal. Al ser una enfermedad respiratoria la COVID-19 puede provocar falta de aire, un síntoma que muchas personas manifiestan cuando tienen un ataque de ansiedad.

Si nos ponemos en la piel de una persona que está viviendo un ataque de ansiedad y teniendo en cuenta que el COVID-19 es el protagonista de la actualidad informativa, el hecho de que nos empiece a faltar el aliento es algo que nos alertará muy fácilmente. Asociaremos esta dificultad para respirar al coronavirus, puesto que es la enfermedad del momento y el principal peligro. Creeremos que nos hemos contagiado y que estamos manifestando los primeros síntomas, que estaremos a solo un paso de ingresar en la UCI.

Creyendo esto la situación irá a peor, puesto que a más ansiedad más nos faltará el aire y, cuanto más pensemos en el COVID-19 (o cualquier otra enfermedad respiratoria grave) más ansiedad tendremos y, así, sucesivamente hasta que alguien o algo consiga calmarlos. Tener la enfermedad del coronavirus no es lo único que daña nuestra salud, sino que también lo hace el pensar constantemente en ello y no saber diferenciar entre ansiedad y problemas respiratorios de causa médica.

Es por todo esto que, con la intención de ayudar a todas esas personas que han padecido alguna vez algún ataque de ansiedad, a continuación veremos las similitudes y diferencias entre el exceso de ansiedad y problemas respiratorios.

Síntomas de la ansiedad y de los problemas respiratorios

Antes de todo vamos a conocer cuáles son los síntomas de la ansiedad. Este problema no se manifiesta de la misma forma en todas las personas puesto que, al igual que tenemos diferente personalidad, inteligencia y habilidades, nuestra forma de manifestar un problema psicológico es también distinta. Sin embargo, lo que coincide en todos los casos que hay un ataque de ansiedad es un miedo irracional y temor, especialmente sin saber cómo va a acabar el episodio o pensando que se corre una situación de potencial peligro.

En el contexto actual la preocupación por el virus es normal y es natural que la gente esté muy estresada. Al miedo de contagiarse del virus se le añade la incerteza de cómo acabará todo esto, las repercusiones económicas y sociales que está implicando y si la “nueva normalidad” acabará siendo la futura “normalidad”, un mundo en el que va a costar mucho adaptarse.

Pensar en todo esto es algo que puede causar un ataque de ansiedad en todo tipo de personas, en especial las que tienen una personalidad neurótica o algún trastorno de ansiedad. Entre los síntomas que podemos encontrar en un cuadro de este tipo tenemos.

  • Sentimientos de miedo, pánico y nerviosismo
  • Pensamientos obsesivos e incontrolables
  • Pensamientos repetidos
  • Flashbacks de eventos traumáticos
  • Comportamientos rituales irracionales
  • Sudoración excesiva
  • Entumecimiento en las manos y los pies
  • Falta de aire e hiperventilación
  • Dolor en el pecho o palpitaciones
  • Incapacidad para estar calmado y tranquilo
  • Boca seca, náuseas y mareos
  • Sentirse sin calma, al límite
  • Cansancio
  • Dificultad para concentrarse
  • Mente en blanco
  • Irritación
  • Tensión muscular
  • Excesiva preocupación
  • Problemas de sueño: insomnio y falta de sueño reparador.
  • Diarrea

Tomando a la COVID-19 como enfermedad respiratoria de ejemplo, entre sus síntomas primarios podemos encontrar los tres siguientes.

  • Fiebre
  • Problemas para respirar
  • Tos seca

Otros síntomas menos comunes de esta enfermedad son:

  • Dolores en varias partes del cuerpo
  • Congestión nasal
  • Rinorrea (nariz que moquea)
  • Dolor de garganta
  • Diarrea

Distinguiendo entre ambas alteraciones

Viendo los síntomas de ambos problemas, podemos ver que en lo que coinciden un ataque de ansiedad y la COVID-19 son las dificultades para respirar, aunque su gravedad es diferente.

Está claro que si se está padeciendo un ataque de ansiedad se está teniendo un problema y que lo ideal es consultar con un psicólogo para adquirir las mejores estrategias para hacerle frente; esto ya nos aporta una de las diferencias para diferenciar entre ambas alteraciones: la ansiedad es un fenómeno psicológico que en la mayor parte de los casos no tiene causas orgánicas, mientras que los problemas respiratorios están vinculados a alteraciones físicas.

Pero quizás la diferencia más notable entre ambos es la fiebre. Si bien este síntoma se puede dar en casos muy extremos de ataques de ansiedad, esto es algo muy extraño, mientras que en el caso de las enfermedades causadas por agentes patógenos como los virus y las bacterias, es frecuente que además de no poder respirar bien, suba la temperatura corporal.

Otra distinción más clara es el moqueo. En los problemas respiratorios en general, es frecuente que haya excesiva producción de mocos, mientras que en un ataque de ansiedad esto no sucede. Puede dar la casualidad que la persona que está experimentando un ataque de este tipo esté resfriada y tenga muchos mocos pero no será la ansiedad lo que los cause, sino el problema respiratorio en sí.

Otro aspecto en los que se diferencian la ansiedad y los problemas respiratorios están en su duración. Un ataque de pánico en el que se incluye dificultad para respirar puede durar entre 20 y 30 minutos, llegando a su punto máximo pasados unos 10 minutos. En cambio, las dificultades respiratorias asociadas a una enfermedad respiratoria, sea leve como un catarro o grave como el propio coronavirus, tienen una duración variada en función de cuál sea el problema médico en cuestión, pero duran como mínimo varios días.

¿Cómo saber si es ansiedad o una enfermedad respiratoria?

Naturalmente, las personas más indicadas para diagnosticar enfermedades respiratorias son los médicos, mientras que las personas más adecuadas para detectar un ataque de ansiedad son los psicólogos. Sin embargo, es útil saber qué hacer para saber distinguir entre estos dos problemas sin necesidad de acudir a un hospital y, por un lado, darle más trabajo del necesario a los médicos y, por el otro, arriesgarse a contagiarse.

Además de tener en cuenta las diferencias anteriormente mencionadas, lo que podemos hacer para ver si realmente tenemos un problema respiratorio es el siguiente ejercicio:

  • Siéntate o acuéstate con tu espalda recta
  • Exhala completamente a través de la boca
  • Cierra la boca ligeramente e inhala por la nariz contando hasta cuatro
  • Mantén la respiración y cuenta hasta siete
  • Exhala audiblemente a través de tu boca y cuenta hasta ocho
  • Repite los pasos del 3 al 6 tres veces más hasta contar cuatro ciclos de respiración.

Si hemos podido hacer este ejercicio sin que nos faltara el aliento lo más probable es que hayamos tenido un ataque de ansiedad. En las personas que padecen alguna enfermedad respiratoria no es posible completar el ejercicio, puesto que los pulmones están demasiado afectados y las dificultades respiratorias se van agravando en un corto período de tiempo.

Igualmente, dada la excepcionalidad de la situación en la que nos encontramos, los gobiernos regionales, estatales y diferentes organizaciones de la salud han puesto al alcance de los usuarios números de teléfono con los que poder contactar con personas que, sin necesidad de acudir al médico, puedan informarnos sobre si puede que tengamos la enfermedad. Si no se ha podido completar el ejercicio de respiración que acabamos de mencionar, lo más recomendable es buscar ayuda médica urgente.

Referencias bibliográficas:

  • Solomon, C. (2015). Generalized Anxiety Disorder. The New England Journal of Medicine, 373(21), pp. 2059 - 2068.
  • Sylvers, P.; Lilienfeld, S.O.; LaPrairie, J.L. (2011). Differences between trait fear and trait anxiety: implications for psychopathology. Clinical Psychology Review. 31(1): pp. 122 - 137.
  • Wu, J. (2015). Episodic future thinking in generalized anxiety disorder. Journal of anxiety disorders, 36, pp. 1 - 8.
  • European Centre for Disease Prevention and Control. (2020) “Outbreak of acute respiratory syndrome associated with a novel coronavirus, China; First cases imported in the EU/EEA; second update”. ECDC.