Para quien solo tiene un martillo, todo son clavos. El modelo médico sigue buscando y rebuscando, en una espiral sinfín, el “fallo” orgánico que provoca la Sensibilidad Química Múltiple (SQM). El órgano o proceso fisiológico responsable de las perversas reacciones a determinados agentes externos.

En una insistencia que tiene más que ver con la fe que con la ciencia, siguen sin entender que la SQM escapa a los supuestos organicistas del paradigma biomédico.

¿Qué es la la Sensibilidad Química Múltiple?

La SQM, también conocida como intolerancia ambiental idiopática, es un trastorno en el que la exposición a determinados agentes como olores, radiación electromagnética o determinados alimentos, provoca síntomas como dolor, nauseas, mareos, taquicardias o sensación de ahogo.

Según parece, el primero en ponerle nombre a este conjunto de síntomas fue el alergólogo norteamericano Teron G. Randolph, allá por los años 50. Desde entonces se han hecho muchas y variadas investigaciones con los pacientes que padecen SQM, analizando cada parte de sus organismos. Desde las pruebas más sencillas hasta la tecnología más avanzada. Desde el análisis de los órganos más prominentes, a las minúsculas moléculas, péptidos o enzimas que pueblan nuestro organismo. Desde lo orgánico a lo psicológico, analizando posibles condicionamientos o la personalidad de los afectados.

La conclusión no ha variado a lo largo de los años: no hay nada en el organismo de una persona que padece SQM que justifique esas reacciones.

Sin embargo, los investigadores basados en el modelo biomédico consideran que es cuestión de buscar con más ahínco, porque es cuestión de tiempo que aparezca la estructura o el proceso fisiológico que subyace al trastorno, permitiendo desarrollar un fármaco que revierta la supuesta condición.

Como si fuera fácil crear un fármaco que revierta una condición específica. La mayoría de fármacos se han descubierto por serendipia (casualidad) y, salvo los antibióticos, prácticamente ninguno tiene la capacidad de actuar sobre una causa específica. La mayor parte de fármacos actúa revirtiendo varios procesos a la vez, dándose la casualidad de que el patobiológico está entre ellos.

Estos investigadores piensan así por deformación profesional. En palabras de Einstein, son las teorías las que determinan lo que podemos observar, y desde el marco organicista, no tienen otra forma de elaborar una teoría que aborde la complejidad de la SQM.

Los estoicos pacientes, por deformación contemporánea, tienden a ver su problema según la teoría dominante de la era que les ha tocado vivir, que no es otra que la organicista. Obviando otras posibilidades, están convencidos de que la solución a su problema ha de salir del modelo médico: en su organismo hay algo que no funciona bien, y es cuestión de tiempo que lo encuentren.

Sin embargo, la causa orgánica no aparece y la medicina continua sin aportar un remedio eficaz. Esto hace que el paciente con SQM tenga un encaje complicado en el sistema de salud. Éste peregrina por todas las especialidades médicas hasta acabar en el cajón de sastre de los trastornos en los que el modelo médico naufraga, muy lejos del respetado paciente que ha sufrido un ictus o tiene una pierna rota.

Luchan denodadamente para que su problema se catalogue como enfermedad (hay una causa física), porque es la única oportunidad que tienen de que se les considere. Sin embargo, paradójicamente, cada peldaño subido en la escalera de la consideración como enfermedad, les sitúa un peldaño más lejos de la solución del trastorno, que no puede llegar de la mano del paradigma organicista.

Dos claves para entender la SQM

Veamos dos aspectos de la Sensibilidad Química Múltiple que ayudan a entender qué es:

1. Psicológica vs fisiológica

Hay un grave malentendido sobre lo que significa psicológico. Cuando se insinúa que la SQM puede tener un origen mental, médicos y pacientes se revuelven. Pero lo cierto es que, cuando hablamos de problemas que surgen entre una persona y la realidad (perfume, detergente, alimento, radiación…), lo psicológico obligatoriamente debe de estar considerado, no puede ser de otra forma.

¿Por qué? Porque ningún ser humano puede entrar en contacto directo con la realidad. Si hay una realidad verdadera, no puedes acceder a ella, lo haces a través de tu sistema perceptivo, un proceso psicológico. Tus sentidos captan una parte de esa realidad y tu mente le da un sentido basándose en sus dos principales intereses: supervivencia y reproducción. Nuestros sentidos no han evolucionado para mostrarnos la realidad tal cual es, han evolucionado para aumentar nuestras probabilidades de sobrevivir.

Los humanos hemos llegado a un acuerdo sobre lo que es la realidad porque tenemos el mismo sistema perceptivo, no porque estemos dotados de unos sentidos que nos muestran la realidad objetiva. La realidad que percibe un murciélago o un molusco es totalmente diferente a la nuestra, y sin embargo tiene la misma veracidad.

Por lo tanto, no hay una realidad verdadera, hay tantas realidades como personas, y lo que provoca el trastorno no es el perfume, la radiación o el alimento, es la imagen que construye un organismo sobre el perfume, la radiación o el alimento, que es muy distinto.

Todas tus interacciones con la realidad están mediatizadas por un sistema perceptivo que, dependiendo de lo que perciba, tenderá a responder de una forma u otra. Aunque los desmanes del modelo biomédico con el cerebro dan para escribir una enciclopedia, es importante aclarar que esa construcción sobre la realidad es mental, no cerebral.

El cerebro es una de las partes del conglomerado que permite la sensación, no la genera. Pensar que el cerebro por sí mismo es capaz de generar sensaciones, es lo mismo que pensar que el llanto por la pérdida de un ser querido está causado por las glándulas lagrimales.

Veamos algún ejemplo:

Dolor

El dolor no es propiedad de las lesiones o heridas. Si te rompes una pierna, esa lesión no tiene la capacidad de generar dolor. Lo que genera es una señal que informa del daño. Al ser interpretada por el organismo (no por el cerebro por su cuenta) como una amenaza para tu supervivencia, pone en marcha el dolor, un mecanismo de defensa que hace que no muevas la zona ayudando a la recuperación.

Alergia

Por ejemplo, el polen no puede provocar ninguna reacción en tu organismo, no tiene esa capacidad. La alergia al polen surge cuando el organismo percibe el polen como amenazante, y responde cerrando las vías respiratorias.

Miedo

Coloquialmente decimos que un león da miedo, pero ese miedo al que nos referimos no es propiedad del león. El miedo es consecuencia de la percepción de amenaza que hace el organismo del león, poniendo en marcha la respuesta de lucha - huida.

Detergente

El olor de un detergente, por fuerte que sea, no puede provocar dolor o nauseas. Estas reacciones defensivas son consecuencia de la valoración amenazante que hace el organismo de ese fuerte olor.

El punto más importante es entender que no hay nada en la realidad (radiación, alimento, olor…) que pueda provocar las reacciones típicas de la SQM (dolor, nauseas, diarrea…).

Como vemos, entre la realidad y nuestra vivencia, siempre hay un proceso mental: nada externo puede provocar las respuestas usuales de la SQM. A lo sumo podríamos considerar que son desencadenantes de una valoración de amenaza, que pondrá en marcha las correspondientes reacciones defensivas.

2. Daño físico vs reacción defensiva

Una cosa es el daño que provoca un agente externo, la lesión que provoca tocar un radiador ardiendo, y otra muy distinta el dolor. El dolor, como hemos visto, no es propiedad de las lesiones, es la reacción de nuestro organismo ante una amenaza para nuestra supervivencia.

En estos años ha surgido la medicina ambiental, la rama que estudia las enfermedades causadas por los tóxicos. Una rama que aún no se ha dado cuenta de que una cosa son los efectos que pueden causar en el organismo los aditivos, colorantes, conservantes o la contaminación, tales como disrupciones metabólicas o afectación a la fertilidad… y otra muy distinta la reacción del organismo ante ellos, porque:

  • Una diarrea surge por la valoración de la existencia de algo amenazante. Abre compuertas con el objetivo es deshacerse de ello.
  • Las nauseas aparecen por la valoración de algo amenazante en el sistema digestivo, o la presencia externa de algo que no conviene ingerir. El vómito es el mecanismo para deshacerse de ello.
  • Ya hemos visto que la reacción de dolor siempre va precedida de una valoración.
  • Una taquicardia es fruto de otra valoración organísmica, que concluye acelerar el organismo.

Lo que importa es la interpretación de la realidad

Por lo tanto, la SMQ no puede ser provocada por agentes externos. Es provocada por la interpretación de esos agentes externos.

No es el detergente, es la opinión que tiene tu organismo del detergente. Pensar que un agente externo puede provocar estas reacciones es no entender cómo nos relacionamos con la realidad, ni como funciona nuestro organismo. No es la realidad la que genera problemas, es la imagen que construimos de ella.

La causa de la SQM es una percepción de amenaza. Esto es lo que pone en marcha todas las demás reacciones psicofisiológicas (nauseas, dolor, vómitos, taquicardias…).

El problema del paradigma biomédico es que esta centrado en lo orgánico sin poder alcanzar un visión global. Lo psicológico no se entiende, y cuando se apela a ello parece que se alude a algo inventado, irreal o que se puede superar si la persona realmente quiere… sin entender la profundidad del concepto.

El funcionamiento de la SQM se basa en la lógica de la creencia: las creencias relacionadas con nuestros autoengaños son distorsiones perceptivas o experiencias repetidas que estructuran el conocimiento. Si escuchas que un determinado agente provoca esas reacciones en algunas personas, y empiezas a dudar y a sentir miedo de que te ocurra lo mismo, tu organismo puede empezar a poner en marcha respuestas como nauseas, dolor, diarrea, vómitos…

La siguiente vez que te acerques a un agente de ese tipo, la reacción será aún más automática. El origen ha sido una percepción, un proceso psicológico; sin embargo, eso no quiere decir que sea inventado, irreal o que sea provocado por la misma persona.

El origen de un dolor provocado por la rotura de una pierna, y el origen de otro provocado por un fuerte olor a detergente, es el mismo: una valoración mental. Psicológico no quiere decir inventado.

El poder de la percepción

Si piensas que una percepción no puede provocar ese tipo de síntomas, deberías saber que puede ser aún peor.

Walter Cannon publicó ya hace muchos años, en 1942, un artículo titulado: Voodoo Death. Tal y como se muestra, la convicción de una persona en el poder de una maldición puede matarla en pocas horas. Y no se trata de una muerte psicológica, los síntomas que provoca son reales, tan reales que llevan al colapso y a la muerte. También narra otro caso en el que una persona a punto de morir por la maldición de un brujo vecino, salva su vida al poco tiempo de obligar a dicho brujo a retirar la maldición.

Tal y como dijo el psicólogo Paul Watzlawick, la simple convicción o la atribución de determinados significados a las percepciones, puede tener un poderoso efecto sobre la condición física de una persona.

Si una silla no grita al partírsele un pata, es porque no tiene un sistema perceptivo que perciba ese daño y otro reactivo que le ayude a lidiar con ese daño, el dolor. Sin embargo, la capacidad de generar dolor de una pierna humana es la misma que la de la pata de la silla: ninguna. Tenemos una mente capaz de elucubrar sobre posibles peligros, y de activar mecanismos de defensa en caso de percibir amenaza. Una golondrina, con una inteligencia menos desarrollada y especulativa, no desarrollará nunca una SQM.

La estigmatización de lo psicológico, sin entender qué es y cómo funciona, hace imposible entender este tipo de trastornos.

¿Cómo abordar este trastorno?

La Terapia Breve Estratégica es más que una corriente psicológica, es una escuela de pensamiento dedicada a desentrañar cómo los humanos se relacionan con el mundo, con la realidad. Su premisa básica es que la realidad que percibimos, incluidos los problemas y las patologías, son la consecuencia de la interacción entre cada persona y la realidad. Por lo tanto hay tantas realidades como personas, no una realidad verdadera. Considera que los trastornos son modos disfuncionales de percibir la realidad, que resultan en reacciones disfuncionales. Si cambiamos la manera de percibir también cambia la forma de reaccionar.

La solución pasa por enseñar a tu organismo que ese agente al que teme, no es realmente peligroso. Cada evitación (el remedio estrella que se prescribe a estos pacientes) confirma a tu organismo la peligrosidad de lo evitado, aumentando la percepción de amenaza y perpetuando el trastorno.

El trastorno existe y el sufrimiento que provoca, también. El error está en creer que si no hay fallo orgánico el organismo no puede provocar esos síntomas, negando lo psicológico sin saber de qué es. La causa de la SQM es una percepción disfuncional de amenaza, un proceso psicológico. Tu sufrimiento parte de ahí, y todo lo que no sea cambiar la percepción que inicia las demás reacciones, te meterá en un pozo sin fondo.

En definitiva, la visión organicista que predomina en nuestros días, conlleva investigaciones parciales incapaces de lograr un visión global. Se centran en el árbol y no pueden ver el bosque.

El estigma que rodea a lo psicológico, unido a una profunda incomprensión sobre qué significa ese concepto, hace que, tanto pacientes como profesionales de la salud, no lo tengan en cuenta, cuando es la clave para entender y solucionar el trastorno.

Hay pocos agentes tan dañinos para la salud como el tabaco, inhalado de forma repetida hasta la profundidad de los pulmones. Produce daño, mucho, pero no es percibido de forma amenazante por nuestro organismo, no desencadena dolor, ni taquicardias. Está aceptado en nuestra sociedad.

Cuanto más se hable del trastorno y más se difunda, afectados habrá. Cuanto más se prescriba la evitación, más difícil les resultará salir del infierno de la SQM. Una cosa es el daño y otra la reacción ante ese daño, un proceso de valoración mental.