Estas alteraciones mentales pueden llegar a generar síntomas muy extraños. Unsplash

Es habitual que, ocasionalmente, las personas sanas experimenten a lo largo de su vida algún episodio de somatización. La somatización es la capacidad inconsciente de convertir las aflicciones o conflictos psíquicos en síntomas físicos, orgánicos y funcionales.

Sin embargo, en ciencias de la salud, cuando esta somatización se convierte en patológica se puede hablar de trastorno por conversión. Asimismo, existe una amplia categorización de los diferentes tipos de trastorno de conversión según las funciones físicas o psicológicas aceptadas.

¿Qué es el trastorno de conversión?

El trastorno por conversión o trastorno disociativo, era antiguamente conocido como histeria de conversión y fue con el archiconocido psiquiatra Sigmund Freud con quien ganó mayor popularidad; el cual afirmaba que los conflictos internos sin resolver se convierten en síntomas físicos.

Este trastorno se distingue por la presencia de una serie de síntomas a nivel neurológico que perjudican las funciones sensoriales y motrices. Sin embargo, lo más característico de todo es que realmente no existe ninguna enfermedad subyacente que los cause o justifique.

Tal y como su nombre indica, la persona que sufre un trastorno por conversión transforma inconscientemente sus preocupaciones o conflictos psicológicos en síntomas, dificultades o déficits a nivel físico; como por ejemplo ceguera, parálisis de algún miembro , insensibilidad, etc.

Habitualmente, los pacientes afectados por este trastorno tienden a negar todos aquellos conflictos o problemas que sí resultan evidentes para el resto de personas.

Tipos de trastorno de conversión

Según el Manual CIE-10, existen diferentes tipos de trastornos por conversión según qué funciones o capacidades se vean afectadas.

1. Amnesia disociativa

En este subtipo de trastorno la persona sufre una pérdida de memoria en la que** olvida todos los acontecimientos recientes**. Esta pérdida no tiene ningún origen o causa orgánica y es demasiado acentuada como para se deba a factores de estrés o cansancio.

Esta pérdida de los recuerdos afecta sobre todo a sucesos traumáticos o con una carga emocional muy intensa, y tiende a ser parcial y selectiva.

Esta amnesia suele venir acompañada de estados afectivos diversos, tales como angustia y desconcierto, pero en muchas ocasiones la persona acepta este trastorno de forma muy apacible.

Las claves para el diagnóstico son:

  • Aparición de amnesia parcial o completa de eventos recientes de índole traumática o estresante.
  • Inexistencia de una afección orgánica cerebral, posible intoxicación o cansancio extremo.

2. Fuga disociativa

En este caso el trastorno cumple todos los requisitos de una amnesia disociativa, pero además se incluye un traslado intencionado lejos del emplazamiento donde habitualmente se sitúa el paciente, este desplazamiento tiende a ser a lugares ya conocidos por el sujeto.

Es posible que incluso se llegue a efectuar un cambio de identidad por parte del paciente, la cual puede durar desde días hasta largos períodos de tiempo, y con un nivel de autenticidad extremo. La fuga disociativa se puede llegar a dar una persona aparentemente común para cualquiera que no le conozca.

En este caso las normas para el diagnóstico son:

  • Presentar las propiedades de la amnesia disociativa.
  • Desplazarse de manera intencionada fuera del contexto cotidiano.
  • Conservación de las capacidades de cuidado básico y de la interacción con otros.

3. Estupor disociativo

Para este fenómeno, el paciente presenta todos los síntomas propios del estado de estupor pero sin una base orgánica que lo justifique. Además, tras una entrevista clínica queda manifestada la existencia de algún evento biográfico traumático o estresante, o incluso conflictos sociales o interpersonales relevantes,

Los estados de estupor se caracterizan por un descenso o parálisis de la motricidad voluntaria y una falta de respuesta a los estímulos externos. El paciente se conserva inmóvil, pero con el tono muscular presente, durante un tiempo muy prolongado. Asimismo, la capacidad de hablar o comunicarse también está prácticamente ausente.

El patrón de diagnóstico es el siguiente:

  • Presencia de estados de estupor.
  • Inexistencia de una afección psiquiátrica o somática que justifiquen el estupor.
  • Aparición de eventos estresantes o conflictos recientes.

4. Trastornos de trance y posesión

En el trastorno de trance y posesión se origina un olvido de la propia identidad personal y de la conciencia del entorno. Durante la crisis el paciente se comporta como si estuviera poseído por otra persona, por un espíritu o por una fuerza superior.

Por lo que respecta al movimiento, estos pacientes suelen manifestar un conjunto o combinación de movimientos y exhibiciones muy expresivas.

Esta categoría solamente comprende aquellos estados de trance involuntarios que ocurren al margen de ceremonias o ritos culturalmente aceptados.

5. Trastornos disociativos de la motilidad voluntaria y de la sensibilidad

En esta alteración el paciente representa padecer alguna dolencia somática a la que no se le puede encontrar un origen. Habitualmente los síntomas son una representación de lo que el paciente cree que es la enfermedad, pero no tienen porqué ajustarse a los síntomas reales de esta.

Además, al igual que el resto de trastornos por conversión, tras una evaluación psicológica se ponen de manifiesto algún acontecimiento traumático, o una serie de ellos. Asimismo, en la mayoría de los casos se descubren motivaciones secundarias, como una necesidad de atención o dependencia, evitación de responsabilidades o de conflictos desapacibles para el paciente.

En este caso, las claves para el diagnóstico son:

  • No se hallan pruebas de la existencia de una enfermedad somática.
  • Conocimiento preciso del entorno y características psicológicas del paciente que hagan sospechar que existen motivos para la aparición del trastorno.

6. Trastornos disociativos de la motilidad

En estos casos el paciente manifiesta una serie de dificultades en la movilidad, llegado a sufrir en algunos casos una pérdida total de la movilidad o parálisis de alguna extremidad o extremidades del cuerpo.

Estas complicaciones también pueden manifestarse en forma de ataxia o dificultades en la coordinación; además de sacudidas y pequeños temblores que pueden afectar a cualquier parte del cuerpo.

7. Convulsiones disociativas

En las convulsiones disociativas los síntomas pueden simular a los de una crisis epiléptica. Sin embargo, en este trastorno no se da ningún tipo de pérdida de consciencia, sino más bien un pequeño estado de embotamiento o trance.

8. Anestesias y pérdidas sensoriales disociativas

En los déficits sensoriales disociativos los problemas de falta de sensibilidad cutánea, o las alteraciones en cualquiera de los sentidos no pueden ser explicadas ni justificadas por una afección somática u orgánica. Además, este déficit sensorial puede venir acompañado de parestesias o sensaciones cutáneas sin causa aparente.

9. Trastorno disociativo mixto

En esta categoría se incluyen los pacientes que presentan una combinación de algunos de los trastornos anteriores.

10. Otros trastornos disociativos

Existen una serie de trastornos disociativos no categorizables en las clasificaciones anteriores:

Finalmente, existe otra categoría llamada Trastorno por conversión sin especificación, en la cual se incluyen aquellas personas con síntomas disociativos pero que no cumplen los requisitos para las clasificaciones anteriores.