https://www.flickr.com/photos/ronnyandre

El trastorno de identidad disociativo (TID), conocido popularmente como “Trastorno de personalidad múltiple”, es una de las psicopatologías más frecuentemente representadas en la ficción.

Personalidad Múltiple: ¿qué es?

Desde El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde hasta Psicosis o El club de la lucha, pasando por el personaje de Gollum de El señor de los anillos e incluso el personaje interpretado por Jim Carrey en la comedia Yo, yo mismo e Irene, se cuentan por decenas las obras que han usado el TID como inspiración debido a lo llamativo de su sintomatología. 

Es por este tipo de divulgación que la personalidad múltiple es uno de los trastornos psicológicos más conocidos, si bien no uno de los mejor entendidos, ni siquiera dentro del mundo de la Psicología, en el que hay una importante controversia con respecto a la misma existencia de este trastorno como tal.

Síntomas

La cuarta edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV) define el TID como «la presencia de dos o más identidades –raras veces más de diez- que toman el control de la conducta de una persona de forma recurrente, teniendo cada una de ellas recuerdos, relaciones y actitudes propios». En general, las distintas identidades no recuerdan lo experimentado por el resto, por lo cual no son conscientes de su existencia, si bien esto no siempre es así. El cambio entre personalidades suele producirse como consecuencia de estrés.

La personalidad primaria (o la “real”) tiende a ser pasiva y depresiva, mientras que el resto son más dominantes y hostiles. Son las identidades más pasivas las que manifiestan amnesia en mayor medida y, en caso de que sean conscientes de la existencia de las personalidades más dominantes, pueden ser dirigidas por estas, que incluso pueden manifestarse en forma de alucinaciones visuales o auditivas, dando órdenes a las demás identidades.

En la actualidad, tanto en el DSM como en la Clasificación internacional de enfermedades (CIE-10), el TID se categoriza dentro de los trastornos disociativos, es decir, aquellos que se producen por fallos en la integración de la conciencia, la percepción, el movimiento, la memoria o la identidad (en el caso de la personalidad múltiple, la desintegración se daría en todos estos aspectos) como consecuencia directa de traumas psicológicos.

Causas del Trastorno de Identidad Disociativo

Es esta relación con experiencias traumáticas lo que vincula el TID con el trastorno de estrés postraumático, que se caracteriza por la presencia de ansiedad y reexperimentación (mediante pesadillas o flashbacks) tras sucesos que ponen en peligro la vida, como abusos sexuales o catástrofes naturales. Un elemento de particular interés en este caso es el hecho de que el trastorno de estrés postraumático puede incluir síntomas disociativos, como la falta de recuerdo de aspectos importantes del suceso traumático o la incapacidad para experimentar emociones. 

Estos síntomas se conciben como una protección contra sentimientos de dolor y terror que la persona no es capaz de manejar adecuadamente, lo cual es normal en los momentos iniciales del proceso de adaptación a la vivencia traumática, pero que en el caso del estrés postraumático se vuelve patológico al cronificarse e interferir en la vida de la persona.

Siguiendo la misma lógica, el TID sería una versión extrema del estrés postraumático de inicio en la infancia (Kluft, 1984; Putnam, 1997): experiencias traumáticas tempranas, intensas y prolongadas, en particular negligencia o abuso por parte de los progenitores, llevarían a la disociación, es decir, al aislamiento de recuerdos, creencias, etc., en identidades alternativas rudimentarias, que se irían desarrollando a lo largo de la vida, dando lugar progresivamente a un mayor número de identidades, más complejas y separadas del resto. Raramente se observan casos de TID con inicio en la edad adulta. Así, el TID no surgiría de la fragmentación de una personalidad nuclear, sino más bien de un fallo en el desarrollo normal de la personalidad que resultaría en la presencia de estados mentales relativamente separados que acabarían convirtiéndose en identidades alternativas.

Evaluación y Tratamiento

El número de diagnósticos de TID ha aumentado en los últimos años; mientras algunos autores atribuyen esto a una mayor conciencia del trastorno por parte de los clínicos, otros consideran que se debe a un sobrediagnóstico. Se ha propuesto incluso que el TID se debe a la sugestión del paciente debida a las preguntas del clínico y la influencia de los medios de comunicación. Asimismo, también están los que opinan que existen una falta de formación sobre las manifestaciones del TID y una infravaloración de su prevalencia que llevan a que muchos casos de TID no sean detectados, en parte por una exploración inadecuada. 

En este sentido, cabe tener en mente que, según Kluft (1991), sólo un 6% de los casos de personalidad múltiple son detectables en su forma pura: un caso típico de TID se caracterizaría por una combinación de síntomas disociativos y síntomas de estrés postraumático con otros síntomas no definitorios del TID, como depresión, crisis de pánico, abuso de sustancias o trastornos alimentarios. La presencia de este último grupo de síntomas, mucho más obvios que el resto de síntomas del TID y muy frecuentes por sí solos, llevaría a los clínicos a obviar una exploración más profunda que permitiera detectar la personalidad múltiple. Además, es obvio que a las personas con TID les resulta difícil reconocer su trastorno por vergüenza, miedo al castigo o a causa del escepticismo de los demás.

El tratamiento del TID, que generalmente requiere años, se dirige fundamentalmente a la integración o fusión de las identidades o, al menos, a coordinarlas para lograr el mejor funcionamiento posible de la persona. Esto se lleva a cabo de forma progresiva. En primer lugar se garantiza la seguridad de la persona, dada la tendencia de las personas con TID a autoagredirse e intentar suicidarse, y se reducen los síntomas más interferentes con la vida cotidiana, como la depresión o el abuso de drogas. Posteriormente se trabaja la confrontación de los recuerdos traumáticos, como se haría en el caso del trastorno de estrés postraumático, por ejemplo a través de exposición en la imaginación. 

Por último, se integran las identidades, para lo cual es importante que el terapeuta respete y valide el rol adaptativo de cada una para facilitar que la persona acepte como propias esas partes de ella misma. Para una descripción más detallada del tratamiento del TID se puede consultar el texto Guidelines for treating dissociative identity disorders in adults, third revision, de la International Society for the Study of Trauma and Dissociation (2011).

Referencias bibliográficas:

  • Freyd, J. J. (1996). Betrayal trauma: The logic of forgetting childhood abuse. Cambridge, MA: Harvard University Press.
  • International Society for the Study of Trauma and Dissociation (2011). Guidelines for Treating Dissociative Identity Disorder in Adults, Third Revision. Journal of Trauma & Dissociation, 12:2, 115-187
  • Kluft, R. P. (1984). Treatment of multiple personality disorder: A study of 33 cases. Psychiatric Clinics of North America, 7, 9-29.
  • Kluft, R. P. (1991). Multiple personality disorder. In A. Tasman & S. M. Goldfinger (Eds.), American Psychiatric Press review of psychiatry (Vol. 10, pp. 161-188). Washington, DC: American Psychiatric Press.
  • Putnam, F. W. (1997). Dissociation in children and adolescents: A developmental perspective. New York, NW: Guilford Press.