Un conjunto de cuadros clínicos que debemos estudiar. Unsplash

Un impulso se caracteriza por ser algo que todas las personas viven o sienten en algún momento a lo largo de su vida, y se trata de llevar a cabo una acción de forma emocional o, por decirlo de otra forma, hacer algo “sin pensar”.

Habitualmente, la persona es perfectamente capaz de gestionar estos impulsos, dejándose llevar en mayor o menor medida. Sin embargo, en algunas personas esta capacidad se ve altamente alterada, pudiendo desencadenar un desorden mental conocido como trastorno del control de impulsos.

¿Qué es el trastorno del control de los impulsos?

El trastorno del control de impulsos se define, según el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV), como aquellos trastornos en los que la persona experimenta grandes dificultades o no es capaz de soportar o resistirse al impulso de cometer una acción que acabará siendo nociva para la propia persona o para los demás.

En casi todas estas alteraciones de la conducta, el paciente experimenta una sensación de tensión o de gran activación previa a la realización de la acción, seguida de una emoción o sentimiento placentero, de gratificación o, incluso, de liberación.

No obstante, en ocasiones el paciente puede sentir sentimientos de culpabilidad y auto-reproches. Sin embargo, no es una condición obligatoria del trastorno del control de impulsos.

La sintomatología suele crónica y en un gran número de veces intrusiva, llegando a interferir en diferentes áreas de la vida del paciente. Asimismo, las personas afectadas por un trastorno de control de impulsos tienden a poseer un déficit en la capacidad para controlar sus emociones, lo que unido a los síntomas propios del trastorno puede provocar también un serie de alteraciones emocionales.

En la mayoría de los casos, la afección comienza en la etapa de la infancia o la adolescencia y los síntomas tienden a agravarse con el tiempo.

Clasificación

A pesar de que existen numerosas alteraciones psicológicas caracterizadas por un déficit en el control de los impulsos, algunos de los trastornos de control de impulsos más conocidos son los siguientes.

1. Trastorno explosivo intermitente

En el trastorno explosivo intermitente la persona experimenta capítulos recurrentes de conductas impulsivas, caracterizadas por ser de carácter agresivo y virulento. Asimismo, también puede acometer arrebatos de manifestaciones verbales coléricas y reacciones desproporcionadas a cualquier situación.

Algunos de sus síntomas incluyen rabietas, violencia doméstica o lanzar y romper cualquier objeto que el paciente tenga a mano.

2. Cleptomania

A pesar de ser uno de los trastornos con más fama dentro de los trastornos del control de impulsos, la cleptomanía es una alteración compleja que se define como la incapacidad de refrenar o dominar el impulso de robar.

Una persona cleptómana experimenta un irresistible impulso de robar, en muchas ocasiones, con el objetivo de apaciguar sus emociones. Asimismo, una peculiaridad poco conocida de la cleptomanía es que el paciente suele sentir culpabilidad tras acometer el robo.

3. Tricotilomanía

La tricotilomanía se caracteriza porque la persona es incapaz de reprimir el impulso de tirarse del cabello, llegando a arrancarlo y provocándose decalvaciones. Es alteración está muy asociada a la tricofagia, en la que la persona además de arrancarse el pelo lo ingiere de forma compulsiva.

4. Piromanía

Otro trastorno psiquiátrico sumamente conocido es la piromanía, en el cual el paciente siente el impulso de originar incendios, experimentando una sensación placentera, de alivio y de calma.

5. Ludopatía

La ludopatía también es conocida como juego compulsivo, y en ella la persona siente una incontrolable urgencia o necesidad de realizar o persistir en conductas relacionadas con el juego, aunque esto implique un grave deterioro en su vida o grandes pérdidas a nivel económico.

6. Dermatilomanía

Esta es una afección poco conocida en la que la persona siente la necesidad compulsiva de arañarse, rozar, pellizcarse o rascarse la piel.

7. Onicofagia

Caracterizada por el hábito, a veces, compulsivo, de morderse las uñas. La onicofagia es posiblemente el trastorno de control de impulsos más extendido y seguramente el más aceptado socialmente.

8. Compras compulsivas

Impulso irrefrenable de comprar de forma espontánea, sin ningún tipo de premeditación. Se suele conocer con el nombre de oniomanía.

9. Síndrome del acaparador compulsivo

En este síndrome la persona tiende o tiene la obsesión de recolectar y almacenar objetos de manera desmesurada; sin importar que estos carezcan de cualquier valor, o bien sean nocivos o perjudiciales para la salud.

En estos casos las personas pueden llegar a vivir hacinadas en sus casas, rodeadas de cientos de objetos apilados por el hogar. Asimismo, también pueden llegar a recoger animales, sosteniendo a una gran cantidad de animales, en muchas ocasiones bajo condiciones de poca salubridad.

Síntomas de estos trastornos

Debido a la gran cantidad y diversidad de alteraciones del comportamiento que engloban los trastornos del control de impulsos, existen una infinidad de síntomas y signos propios de estos. Y estos variarán en función del tipo de afectación que sufra la persona.

Esta sintomatología se puede dividir en síntomas físicos, conductuales, cognitivos y psicosociales.

  • Síntomas físicos
  • Marcas como cardenales, contusiones o magulladuras
  • Cicatrices de quemaduras consecuencia de experimentar con el fuego
  • Síntomas conductuales
  • Capítulos de furia explosiva
  • Comportamiento colérico frente a cualquier persona, animal u objeto
  • Conductas de robo
  • Mentiras
  • Experimentar constantemente con fuego o generar incendios
  • Síntomas cognitivos
  • Falta de control de impulsos
  • Falta de concentración
  • Ideas intrusivas
  • Esquemas de pensamiento obsesivos
  • Esquemas de pensamiento compulsivos
  • Síntomas psicosociales
  • Inquietud
  • Depresión
  • Ansiedad
  • Temperamento irritable o agresivo
  • Poca autoestima
  • Aislamiento y soledad
  • Desapego emocional

Causas

El origen y evolución de los trastornos de control de impulsos puede encontrarse en diferentes causas, pudiendo ser genéticas, físicas y ambientales.

1. Causas genéticas

Del mismo modo que otros trastornos psiquiátricos son susceptibles de originarse por causas genéticas, diversos estudios han afirmado existencia de una influencia genética en el inicio y desarrollo de los trastornos del control de impulsos.

2. Causas físicas

Mediante la utilización de técnicas de neuroimagen se ha podido constatar que los pacientes que manifiestan síntomas propios del trastorno de control de impulsos revelan diferencias en el cerebro a nivel estructural.

Esta diferenciación podría interferir en la funcionamiento normal del cerebro, incluyendo la correcta actividad de los neurotransmisores encargados del control de los impulsos.

3. Causas ambientales

El contexto o entorno en el que vive la persona es un elemento susceptible de ejercer una gran influencia en esta, convirtiéndose en un agente importante a la hora de moldear la conducta de los pacientes.

Tratamiento

Al igual que ocurre con la gran diversidad de síntomas, el tratamiento para el trastorno del control de impulsos dependerá de la manera en la que este se exteriorice.

Asimismo, en contadas ocasiones la persona acaba solicitando asistencia o ayuda profesional, dándose solamente en aquellos casos en los que el trastorno ha llegado a interferir demasiado en la vida del paciente o en aquellos en lo que ha llegado a saltarse la ley.

Aún así, se ha demostrado que las intervenciones más eficaces son aquellas que combinan un abordaje psicológico con un tratamiento farmacológico que disminuya las compulsiones del paciente.