El Romanticismo fue un movimiento artístico, cultural y literario que tuvo lugar, mayormente, en el continente europeo entre los siglos XVIII y XIX.

Los románticos se caracterizan, entre otras muchas cosas, en crear un movimiento contrarrespuesta a lo que la Ilustración y el Neoclasicismo, muy cercano en el tiempo, suponían.

A continuación veremos las características del Romanticismo junto a algunos de los personajes más destacables de esta corriente artístico-filosófica.

Las características del Romanticismo que ayudan a reconocerlo

El Romanticismo fue un movimiento artístico, intelectual y cultural que se dio a finales del siglo XVIII y principios del XIX en varios países europeos, pero sobre todo en Inglaterra, Alemania y Francia.

Estas tres naciones serían el principal escenario de este movimiento cultural, pero acabarían extendiéndose hacia el resto de países europeos y, también, cruzaría el Atlántico llegando hasta los Estados Unidos. Estas son sus principales características.

1. Rechazo a la Ilustración y el Neoclasicismo

Los románticos surgieron como una contraposición al movimiento intelectual de la Ilustración y su expresión artística por medio del Neoclasicismo, en donde se valoraba mucho la lógica, la razón y la objetividad. Tanto los pensadores ilustrados como los artistas neoclásicos eran partidarios de estandariza todo en forma y contenido.

Los románticos estaban en contra de estas ideas, pues eran una forma de coartar la creatividad y la libertad expresiva. Además, en los siglos XVIII y XIX hubo una profunda decepción con la Humanidad, dado que con la Revolución Industrial se estaba explotando todavía más si cabe al pueblo, emergiendo muchas formas injustas de tratar al proletariado.

Es por esto que los románticos eran incapaces de pensar que estaban viviendo en el mejor momento de la historia, pues parecía que la sociedad se había vuelto en un lugar hostil, cruel y exprimidor.

2. Exaltación de la subjetividad y las emociones

Los románticos exaltan los sentimientos y la subjetividad, con lo cual pudieron liberarse los artistas y el arte. Los sentimientos estaban por encima de la razón, motivo por el cual emociones como el miedo, el amor, la pasión, la locura y la soledad eran temas recurrentes en las obras tanto escritas como pictóricas de la época.

Dentro de la lógica romántica se entiende que el arte debe obedecer únicamente al propósito de expresar la subjetividad del artista, plasmar su punto de vista, sensibilidades, opiniones, miedos y deseos.

El arte pasa de ser hecho a intereses del cliente (mecenas) y pasa a ser una expresión individual del artista. Los románticos huyen del uso propagandístico que se había hecho de las composiciones artísticas, convertidas en productos hechos para representar las bonanzas y riquezas de las élites dirigentes.

3. Rebeldía contra las reglas en arte

Los románticos están en contra de la rigidez del academicismo promovido por la Ilustración. Liberan el arte de las reglas estandarizadoras, lo cual dio paso a una verdadera explosión de creatividad artística, habiendo una inmensa diversidad de estilos. Ni el arte ni la literatura romántica puede considerarse como un estilo unificado se mire por donde se mire.

4. Culto al yo y al individualismo

Antes de la irrupción del Romanticismo, el artista debía crear una obra en función de lo que le hubieran encomendado. Esta pieza de arte debía hacerse a designios del mecenas, pues era quien pagaba el encargo.

Sin embargo, esto es diferente en la mentalidad del romántico. Se supera esta imposición artística, haciendo que el artista de esta corriente haga uso pleno de su total libertad, y dentro de esa liberación podía centrarse en su propia individualidad.

Así pues los románticos exaltan la expresión del Yo, reclamando su identidad individual. El sujeto es alguien único y diferente que, también, forma parte de un colectivo, pero dentro de esa colectividad este individuo debe gozar del mismo reconocimiento.

5. Valoración de la originalidad

El Romanticismo, en tanto que no hay límites para la creación artística, es también un período de gran originalidad. La originalidad se vuelve en un criterio de valoración artística, en la que se pretenden hacer cosas nuevas, dejando atrás la idea de que el arte debe responder a la tradición, continuarla o perfeccionarla.

6. El genio incomprendido

En el movimiento romántico se sostiene la idea de que el artista romántico es un genio incomprendido, cuya imaginación sin límites, creatividad liberadora y vida atormentada lo convierte en un personaje ampliamente rechazado por la sociedad de su tiempo. Esto se contrapone con la idea del genio renacentista, quien es mostrado como un hombre muy hábil en su arte, de impecable manejo de las técnicas artísticas.

7. Sublimidad

El romanticismo antepone la idea de sublimidad frente a la idea de la belleza clásica, que era austera y ordenada. La belleza clásica era tan equilibrada, tan simétrica que se había vuelto predecible y estereotipada.

Por contra, lo sublime romántico implica encontrar la belleza en lo más terrible e incómodo, en aquello que no es agradable, que no deja indiferente a nadie. De lo turbio y conmovedor se pueden hacer grandes obras maestras. 8. Exaltación de la fantasía

Los románticos dan rienda suelta a sus fantasías, a su mundo onírico. De lo sobrenatural extraen todo tipo de expresiones artísticas que pueden ser material tanto para un cuento de hadas, con mundos de ensueño, como cuentos de terror, en mundos pesadillescos. Incluso se supera la línea de lo moralmente aceptado, introduciendo en sus obras temáticas muy poco ortodoxas, como tabúes y rituales satánicos.

9. Nostalgia por un pasado mejor

Al tratarse de un movimiento crítico con su período histórico, en el que era un hecho evidente que la lógica y razón ilustrada había fracasado, el Romanticismo desarrolló una fuerte nostalgia hacia un pasado idealizado, visto como un tiempo mejor.

El movimiento se contraponía al progreso dramático de la Revolución Industrial, que amenazaba con romper la unidad entre el ser humano y la naturaleza.

Era muy frecuente encontrar en las obras románticas la exposición de pasajes históricos, especialmente centrados en la Edad Media u otros períodos como del tiempo contemporáneo, que de alguna manera se percibieran como épocas mejores. En el caso de los románticos franceses era muy recurrente centrar su mirada en la Revolución Francesa, vista como un período de grandes cambios y esplendor para la nación.

10. Interés en la Edad Media y el Barroco

Como hemos comentado, los románticos sentían predilección por las épocas pasadas, siendo la Edad Media el período que más era representado. Uno de los motivos de ello era que es en este período en el que muchas pueblos de Europa surgieron, ya fuera por la desintegración del Imperio Romano y creación de nuevos reinos cristianos o por la mezcla de las culturas prerromanas.

De la Edad Media extraen como símbolo de gran representación artística su movimiento bajomedieval, el gótico. Este movimiento, lleno de oscuridad y sombras por fuera pero vivos colores en su interior, era visto por los románticos como el máximo exponente de espiritualidad y mística.

En cuanto al Barroco los románticos lo consideraban como un movimiento de verdadera liberación de las emociones, rico en efectos y exuberancia, principios muy afines con los ideales creativos y expresivos del Romanticismo.

11. Interés en lo exótico

Como su mundo más cercano era percibido como un entorno hostil, fallido y poco acogedor los románticos no únicamente se refugiaron en el ideal de épocas pasadas, sino que también idealizaron mundos lejanos, especialmente el lejano oriente.

Buscan romper con la tradición occidental en lo exótico viendo lo no europeo como un mundo mucho mejor. El orientalismo y la idea del aborigen americano son dos ejemplos de este interés romántico en culturas muy alejadas, muy sesgada su idealización en base al concepto del buen salvaje de Jean-Jacques Rousseau.

12. Interés por el paisaje

El paisaje es un elemento que no puede faltar en el Romanticismo. Sus escritores, pintores y músicos recurren a él por dos caminos. El primero es un esfuerzo por saldar la distancia entre el ser humano y la naturaleza, distancia motivada por los cambios socio-económicos. El segundo es convertir al paisaje en una metáfora del mundo interior del sujeto.

Ambas formas son ataques contra el racionalismo neoclásico, que en la mayoría de sus composiciones prefería escenas interiores y sobrias, con tal de conseguir que el espectador centrara su atención en el mensaje expuesto en la obra y no se distrajera con elementos paisajísticos.

13. Cultura popular

Si el movimiento ilustrado pretendía estandarizar el conocimiento, considerando que solo la cultura en manos de los más expertos e ilustrados personajes era válida, el movimiento romántico defenderá la búsqueda del saber por medio de la cultura popular, vista como una fuente inagotable de conocimiento. La sabiduría del pueblo se encontraba almacenada en el folclore cada cultura, transmitidas de generación en generación por medio de bailes, refranes y leyendas.

14. Nacionalismo

Los románticos son fuertemente nacionalistas, en tanto que ven en esta ideología como una expresión del yo colectivo. No es de extrañar que suceda esto, pues el Romanticismo coincidió con un momento histórico en el que empezaron a proliferar los estados nacionales, escenificándose con la unificación de Alemania y de Italia.

No obstante, no se debe caer en el error de pensar que los románticos ponían su énfasis en la institucionalidad del estado, sino en la identidad del pueblo. La identidad de esa nación, su herencia y el sentido de pertenencia son aspectos que todo autor romántico introdujo en sus obras.

15. Valoración de las lenguas vernáculas

Los románticos valoran mucho las lenguas vernáculas, especialmente usándolas como medio de expresión nacionalista. La lengua es el vehículo conductor de la identidad nacional, de la cultura popular y del yo colectivo.

Un ejemplo de esta valoración la tenemos en el abandono del italiano como lengua para cantar ópera, que hasta esos siglos había sido la norma, para pasar a componer obras en alemán, francés, español e inglés, entre otras.

16. La muerte

La muerte es un tema indispensable en las obras románticas, siendo abordada desde muchos puntos de vista y, en especial, la idea del suicidio. Quitarse la vida era una idea que todo autor romántico debía introducir en algún momento en su arte, fuera pintura, novela u ópera. Esta idea se hizo especialmente presente en esta corriente gracias a la influencia que ejerció la novela de Goethe Las penas del joven Werther (1774).

17. Fuerte idealismo

El romántico es idealista por naturaleza. Se imagina que un mundo mejor es posible, no solamente a nivel artístico, sino también en lo político y social.

Viviendo en un mundo percibido como lo peor que podía vivirse, los románticos creen que, en el futuro, las cosas podrían ir a mejor, pero para que eso sea posible es necesario hacer algo. Por este motivo es frecuente encontrar a cientos de autores románticos habiendo participado en causas políticas y movimientos espirituales.

Representantes del Romanticismo

Son muchos los representantes del Romanticismo, incluyendo tanto a hombres como a mujeres. A continuación descubriremos los nombres de algunos de ellos en función del tipo de obra artística en la que más destacaron y algunas de sus obras más representativas.

Escritores

  • Mary Shelley (1797 – 1851), Frankenstein (1829)
  • Edgar Allan Poe (1809 – 1849), El corazón delator (1843)
  • Víctor Hugo (1802 – 1885), Los Miserables (1962)
  • Johann Wolfgang von Goethe (1749 – 1832), Las penas del joven Werther (1774)
  • Alexandre Dumas (1802 – 1870), El Conde de Montecristo (1844)
  • José de Espronceda (1808 – 1842), El estudiante de Salamanca (1840)
  • Lord Byron (1788 - 1824), Las peregrinaciones de Childe Harold.

Pintores

  • Francisco Goya (1746 – 1828) Los sueños de la razón producen monstruos (1799)
  • William Turner (1775 – 1851), Lluvia, vapor y velocidad (1844).
  • Leonardo Alenza (1807 – 1845), Los románticos o Suicida (1837)
  • Théodore Géricault (1791 – 1824), La Balsa de la Medusa (1819)
  • Eugene Delacroix (1798 – 1863), La libertad guiando al pueblo (1830)
  • Caspar David Friedrich (1774-1840), El caminante sobre el mar de nubes (1818)

Compositores

  • Ludwig van Beethoven (1770-1827). Sinfonía Nº 9 (1824)
  • Franz Schubert (1797-1828). Ellens dritter Gesang o Ave María (1825)
  • Robert Schumann (1810-1856). Dichterliebe (Amor y vida de un poeta) (1840).

Referencias bibliográficas:

  • Berlin, I. (2000). Hardy, Henry, ed. Las raíces del romanticismo. Madrid: Taurus. ISBN 978-84-306-0369-5.
  • De Paz, A. (1986). La revolución romántica; poéticas, estéticas, ideologías. Traducción de María García Lozano. Madrid: Editorial Tecnos. ISBN 978-84-309-3960-2.
  • Fay, E. (2002). Romantic Medievalism. History and the Romantic Literary Ideal. Houndsmills, Basingstoke: Palgrave.