Dado que los conceptos de epistemología y gnoseología están enfocados al estudio del conocimiento, es frecuente que se confundan ambos términos y se usen como sinónimos.

Sin embargo, los matices que ofrecen cada uno son importantes, y es por ello que aquí vamos a ver las diferencias entre epistemología y gnoseología, además de entrar en más detalle con las definiciones de ambos términos.

Diferencias entre la epistemología y la gnoseología

Antes de entrar con más detalle sobre cada una de las diferencias entre estos dos términos, se hace necesario hablar con mayor profundidad sobre qué significa la palabra epistemología y qué significa la de gnoseología.

Epistemología: qué es y cuáles son sus orígenes

La epistemología, del griego ‘episteme’, ‘conocimiento’ ‘’ y ‘logos’, ‘estudio’, es una rama de la filosofía que trata sobre los problemas filosóficos que rodean a la teoría del conocimiento, fundamentalmente el conocimiento científico. Es decir, la epistemología se encarga de definir el saber y los conceptos relacionados, las fuentes, criterios y tipos de conocimientos posibles, además del grado en que cada uno de ellos resulta ser cierto. Esta disciplina entiende el conocimiento como una relación entre la persona y el objeto de estudio.

Los orígenes de esta disciplina se pueden encontrar en la Antigua Grecia de la mano de filósofos tan importantes para la historia del pensamiento occidental como Aristóteles, Parménides y Platón. Pese a que sus orígenes son muy antiguos, la epistemología no llega a desarrollarse como ciencia hasta llegados siglos XV y XVI, momento en el que se dá el Renacimiento.

Cada filósofo ve de una forma diferente la relación en que las personas nos relacionamos con el conocimiento que queremos adquirir. Para Platón, el conocimiento verdadero, el cual está relacionado con el conocimiento científico, era aquel que se alcanzaba por medio de la razón. Consideraba que esta era la única vía con la que se podía conocer la verdadera esencia de las cosas, las ideas que le daban forma.

Los objetos del mundo sensible, que surgían a partir de las ideas, solo podían proporcionar a los seres humanos una opinión o doxa, pero nunca un conocimiento verdadero, dado que los objetos físicos puede cambiar y, por lo tanto, no los podemos percibir más allá que una apariencia.

El mundo físico, visto a ojos de Platón, no era más que una copia del mundo de las ideas, un mundo metafísico en el que, de llegar ahí, se podría tener un verdadero conocimiento de la esencia de las cosas. El cuerpo, que es material, pertenece al mundo físico, mientras que el alma, que se ha quedado atrapada en el cuerpo, pertenece al mundo de las ideas y, cuando nos muramos, ésta volverá al mundo de donde procede. Esto es lo que se conoce como realismo platónico.

No obstante, su discípulo, Aristóteles, el conocimiento verdadero no se encuentra en un mundo lejano al que solo podremos llegar una vez estemos muertos. Para este filósofo el conocimiento nace directamente de la experiencia sensible, a través de lo que captan nuestros sentidos. Es mediante la experiencia que somos capaces de captar la esencia de las cosas. Esto, que se diferencia radicalmente del pensamiento de Platón, se llama empirismo.

Con estos ejemplos, y sin exponer toda la filosofía occidental habida y por haber, se hace comprensible la idea detrás de la palabra ‘epistemología’. La disciplina que trata de averiguar cómo el ser humano obtiene el conocimiento del mundo en el que vive, ya sea a través del mundo físico o mediante la iluminación venida de un mundo no perceptible.

Gnoseología: ¿qué es exactamente?

La gnoseología, de ‘gnosis’, ‘conocimiento, facultad de conocer’ y ‘logos’, ‘estudio’, es la disciplina que estudia la naturaleza, el origen y los límites del conocimiento, no los conocimientos en sí. Es decir, esta disciplina no estudia qué es la física, las matemáticas o la biología, sino el conocimiento en general y cuáles son sus límites y fundamentos. Por lo tanto, se puede entender como una teoría del conocimiento, en términos generales, sin que este sea necesariamente científico.

Esta disciplina también ahonda sus raíces en la Antigua Grecia y, de hecho, se considera que el surgimiento de las primeras corrientes de la filosofía occidental nacen a la par de este concepto. La mayor parte de los filósofos han contribuido al desarrollo de esta rama de la filosofía, encontrándose en obras como De Anima de Aristóteles o en su libro IV sobre la metafísica.

Adelantándonos en la historia, entrados en el siglo XVII, empiristas como John Locke, David Hume y George Berkeley defienden el papel de la experiencia a la hora de conocer, sosteniendo que cualquier tipo de conocimiento proviene de la experiencia sensible, a partir de los datos de los sentidos. El crecimiento del individuo, sea cual sea lo que conoce, se da mediante la experiencia y, sus primeras interacciones siendo todavía infante resultan ser la fuente de todo conocimiento, en el cual se asentarán los demás que vaya adquiriendo.

René Descartes, por otra parte, considera que se puede llegar a obtener un conocimiento claro y evidente mediante la duda, es decir, mediante el raciocinio. Pensando sobre la realidad que nos rodea, podemos atar cabos y, a la vez, estar más cerca del conocimiento verdadero. Este filósofo, junto con Spinoza y Leibniz, afirmaba que la realidad era independiente de la experiencia y que existían las ideas innatas en la mente humana, que no éramos una tábula rasa.

Como combinación de ambas visiones, Immanuel Kant propone en su Crítica a la Razón Pura su concepto de idealismo trascendental. En ella afirma que el sujeto no es pasivo en el acto de conocer, sino activo, conociendo el mundo y construyendo su propia realidad. El límite del conocimiento es la experiencia. Sin embargo, sólo es posible tener un conocimiento fenoménico de la realidad, es decir, de la forma en que el objeto se presenta ante el sujeto y éste lo percibe. La cosa en sí, su esencia real, no está a nuestro alcance.

¿Cómo distinguir entre ambas?

Una vez vistas las definiciones de epistemología y gnoseología y cuáles son sus orígenes, tanto históricos como etimológicos, se hace evidente ver el por qué se confunden con tanta facilidad. Son, en esencia, el estudio del conocimiento y, encima, estas palabras tienen un origen etimológico que, básicamente, parte de la misma idea: ‘gnosos’ y ‘episteme’ significan conocimiento, así que se pueden traducir como "el estudio del conocimiento".

Sin embargo, sí que difieren. Muy sutilmente, pero lo hacen. Pese a que la inmensa mayoría de los filósofos que han abordado en su filosofía la epistemología también lo han hecho para con la gnoseología, siendo algunos de ellos quienes han usado los dos términos de forma indistinta, ambos conceptos son diferentes.

La principal distinción entre epistemología y gnoseología, aunque pueda parecer un tanto arbitrario, es el tipo de conocimiento que abordan. Por un lado, la epistemología se dedica al conocimiento más etológico o psicológico, más orientado hacia la idea de inteligencia y directamente relacionada con las ciencias, sean cuales sean estas.

La epistemología hace referencia al conocimiento como aquello que se da entre un sujeto con la capacidad de aprender y de pensar y el objeto de estudio. En cambio, la gnoseología aborda la teoría del conocimiento en general, sea cual sea éste conocimiento, desde algo tan simple como la experiencia cotidiana de cada día como algo un tanto más complejo.

Hilando un poco más fino y volviendo al tema del origen etimológico, cabe decir que sí hay una diferencia significativa en cuando al origen de ambas palabras, pero es tan sutil que tiende a conducir a error. ‘Episteme’ hace más referencia a un sistema de conocimientos, es decir, lo que se entiende modernamente como una disciplina o ciencia. En cambio, ‘gnosis’ hace más referencia al conocimiento individual, lo que ha ido aprendiendo una persona a lo largo de la vida, independientemente de si es algo complejo o no tanto.

Referencias bibliográficas:

  • Bunge, M. (1989). La ciencia: su método y su filosofía. Ediciones Siglo Veinte: Buenos Aires. Pp. 9 - 34.
  • Rodríguez, B. (2006). Metodología jurídica. Capítulo II. Teoría del conocimiento y el conocimiento del derecho. Pp. 50 - 65.