Gracias a la arqueología, el pasado vuelve para cuestionar lo que sabemos acerca de cómo vivían nuestros antepasados. A menudo, algunos de estos descubrimientos nos obligan a replantear ciertas cuestiones referentes a un periodo en concreto y reabren el debate sobre si lo que sabemos es, en verdad, cierto.
Es el caso de un reciente descubrimiento acaecido en Opole, Polonia. Un equipo interdisciplinar compuesto, entre otros, por miembros de la Universidad de Kiel (Alemania) y el Instituto Hirszfeld de Inmunología y Terapia Experimental de la Academia Polaca de Ciencias (Wrocław, Polonia), ha descubierto unos restos óseos ocultos en los muros de la Catedral de la Exaltación de la Santa Cruz de esta ciudad polaca.
Se trataba de una necrópolis compuesta por más de 40 tumbas, entre las que llamó la atención un enterramiento donde los difuntos estaban emplazados de forma extraña: uno de ellos parecía abrazar al otro y colocaba una de sus piernas encima de su cuerpo.
A continuación, te contamos lo que sabemos acerca de este curioso descubrimiento que vuelve a cuestionar la realidad de la Europa medieval.
Las dos mujeres que fueron enterradas juntas en la catedral de Opole (Polonia)
La actual Catedral de la Exaltación de la Santa Cruz de la ciudad de Opole, en Polonia, se levantó sobre una más antigua, datada del siglo XIII. En los muros, el equipo de investigación encontró los cimientos de la antigua iglesia, fundada, según las fuentes documentales, por el príncipe Casimiro de Opole en el año 1217.
Pero todavía había más. A unos 150 metros de profundidad, los arqueólogos se toparon con los restos de un cementerio que albergaba unas 46 tumbas. Se trataba, sin duda, de la necrópolis de la antigua iglesia, devorada por la estructura de la catedral actual. Se trata de un caso típico: muchos cementerios medievales desaparecieron (o, mejor dicho, quedaron escondidos) con la construcción de edificios nuevos.
De entre las más de 40 sepulturas encontradas, una llamó poderosamente la atención de los investigadores: se trataba de un enterramiento doble, donde los restos óseos (bastante mal conservados) manifestaban la presencia de dos individuos que habían sido depositados en la tumba sin ataúd, envueltos en sudarios, directamente sobre la tierra.
Pero lo más curioso fue la insólita postura en que fueron hallados los huesos: uno de los individuos parecía abrazar al otro y colocaba una de sus piernas encima de su cuerpo. Los investigadores bautizaron a estas dos personas como "los esqueletos abrazados".
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La tradicional interpretación romántica
Pronto, y como era de esperar, el público empezó a llamar a los individuos "amantes". ¿Qué otra cosa podía ser? Dos personas enterradas juntas, en una actitud cariñosa y leal, solo podía significar que se trataba de una pareja que iniciaba el largo y eterno viaje uno al lado del otro.
No era la primera vez que sucedía algo parecido. En 2009 fueron hallados cerca de Módena dos esqueletos igualmente abrazados, a los que la prensa empezó rápidamente a llamar "los amantes de Módena". Sin embargo, diez años después, y gracias a la tecnología genética, se descubrió que se trataba de dos hombres. En ese momento, los que sostenían la hipótesis de los "amantes" se cuestionaron si la investigación había sido profesional y lanzaron la posibilidad de que las muestras de ADN se hubieran contaminado...
El pasado parece desafiarnos constantemente a cuestionar nuestras propias creencias. Porque, de forma parecida a lo que sucedió con los esqueletos de Módena, la investigación biológica y genética de los huesos de Opole esclarecieron un punto muy importante: se trataba de los cuerpos de dos mujeres que, además, no estaban vinculadas por ningún lazo de parentesco.
¿Cómo interpretar, pues, el hallazgo? Dos mujeres enterradas juntas, sin ningún lazo familiar, que, además, se abrazaban en el más allá... ¿Serían amantes al fin y al cabo?
El primer hallazgo de estas características en Polonia
Como hemos visto, el descubrimiento no es inusual. Además del caso de los "amantes de Módena", se han registrado diversos hallazgos de enterramientos dobles sin que la genética haya probado ningún parentesco entre los individuos: es el caso, por ejemplo, de los dos esqueletos que aparecieron en China, pertenecientes a la cultura Qijia (hace unos 4.000 años).
Se trataba de un esqueleto adulto y otro de un niño muy pequeño, ubicado entre sus brazos. A través de los estudios genéticos se pudo determinar que el adulto era una mujer, por lo que la explicación lógica era que murió intentando proteger a su hijo del terremoto que afectó la zona. Sin embargo, la genética tenía reservadas más sorpresas: la mujer y el niño no eran parientes.
A pesar de estos descubrimientos previos, el de Opole es el primero de estas características hallado en Polonia. Los análisis llevados a cabo por la Universidad de Kiel, en Alemania, determinaron que las dos mujeres enterradas en la antigua iglesia de Opole no eran parientes, al menos hasta tercer grado. Lo que, por supuesto, activaba una pregunta muy concreta: ¿por qué fueron inhumadas juntas?
Para descubrir los lazos de parentesco de unos restos humanos, la ciencia se basa en el denominado ADN mitocondrial, que se transmite a través de la madre. En el caso de las mujeres de Opole, los estudios arrojaron conclusiones muy precisas: ambas eran portadoras de haplogrupos mitocondriales diferentes. Uno de los individuos portaba el haplogrupo H, bastante común en el continente europeo; sin embargo, el otro presentaba el haplogrupo U8a1a1, muy raro en la zona.
¿Por qué fueron enterradas juntas?
Esta parece ser la gran pregunta. ¿Por qué estas dos mujeres, que no compartían lazos de sangre, fueron enterradas juntas en la antigua iglesia de Opole y, además, en una posición tan inaudita?
Los especialistas descartan la hipótesis de las "amantes" y se inclinan más bien hacia otras teorías, como la de la existencia de una relación familiar no consanguínea. Se trata de un hecho bastante común en las sociedades medievales, cuando los lazos afectivos y familiares estaban determinados por otros factores además del parentesco: lazos sociales, laborales, de comunidad...
Por otro lado, no podemos descartar que el insólito enterramiento se debiera a una muerte simultánea, provocada por un accidente. Existen otros ejemplos tardoantiguos y medievales de personas que fallecieron al mismo tiempo y que fueron inhumadas juntas.
Una última teoría, que tiene especial peso si consideramos el contexto cultural del enterramiento (una sociedad eslava medieval) es que el segundo esqueleto, el que “abraza” al otro, quizá fuera colocado precisamente para inmovilizar al finado.
En el este de Europa ha existido siempre una fuerte creencia en los "no-muertos" o vampiros, por lo que no es descabellado considerar que el segundo cuerpo fuera depositado en la tumba para frenar una posible evasión de la difunta. De hecho, se han encontrado otras evidencias de inhumaciones con elementos que pretenden "inmovilizar" al cadáver, como piedras situadas encima del cuerpo.
En todo caso, el hallazgo de Opole es una invitación a reflexionar sobre cómo proyectamos nuestra realidad hacia el pasado; un pasado que, en todo caso, no tiene por qué seguir las mismas directrices que nuestro presente.














