Cuando pensamos en seres vivos, de forma automática acudimos a perros, gatos, algún que otro invertebrado y, con suerte, quizás una planta.

No es para menos, pues los organismos macroscópicos nos rodean desde que empieza la mañana hasta que nos acostamos: aquél canto de un pájaro mientras vamos a trabajar, las hormigas atareadas haciendo filas para alimentarse y otros muchos seres vivos nos rodean en el día a día. Por antropizado que esté el entorno, la vida se abre paso como puede.

Si al reflexionar sobre la vida acudes a seres que puedes ver con los ojos, no podemos culparte. Se estima que existen 8,7 millones de especies en el planeta, prácticamente todas ellas observables a simple vista. Lo que quizá no sepas es que, detrás de todos esos organismos “evolutivamente complejos”, existe una carga microscópica que sujeta, como si de un gigante se tratara, todos los ecosistemas de la Tierra.

Hoy nos sentamos frente al microscopio para enseñarte algunos ejemplos de animales microscópicos. Además, aprovechamos para distinguir entre un microorganismo y un animal extraordinariamente pequeño, pues, aunque no lo parezca, son conceptos completamente distintos y en ningún caso intercambiables. Prepárate para descubrir un mundo invisible al ojo humano pero apasionante.

Las diferencias entre los microorganismos y animales microscópicos

Los microorganismos son esenciales para comprender el funcionamiento de la Tierra. Sin ir más lejos, se estima que, de las 550 gigatoneladas (Gt) de carbono (c) presentes en el planeta, las bacterias contribuyen con el 15%. Esto las convierte en la segunda mayor reserva de materia orgánica en todos los ecosistemas, siendo solo superadas por las plantas, que aportan un 80% del total.

Los microorganismos son seres vivos unicelulares con una organización biológica elemental. Su única característica en común es que no se pueden observar a simple vista y son “evolutivamente simples”, pues poco tiene que ver un virus con un protozoo, por ejemplo. El término “microorganismo” hace referencia a un grupo polifilético, es decir, que engloba a taxones que no tienen un antepasado común. Su única utilidad es divulgativa, pues no reporta información relevante sobre la categoría taxonómica y posición filogenética de estos seres.

Así pues, “microorganismo” es una suerte de cajón de sastre donde cabe todo lo que esté conformado por únicamente una célula (o sea acelular según algunos autores, como los virus), mientras que los animales microscópicos se rigen por una serie de criterios clasificatorios mucho más complejos. Para que un ser vivo sea considerado parte del reino Animalia, debe cumplir una serie de parámetros:

  • Ser eucariota: las células que conforman a este organismo deben presentar un núcleo verdadero que englobe su información genética. Las bacterias son procariotas y los animales, plantas y hongos eucariotas.
  • Ser pluricelular: el cuerpo del ser vivo debe estar compuesto por más de una célula. Un protozoo, por ejemplo, es unicelular.
  • Ser heterótrofo: el animal debe obtener su energía a partir de materia orgánica. En base a este parámetro, se excluyen del reino Animalia a las plantas.
  • Debe presentar una organización tisular (excepto poríferos): el animal debe presentar tejidos, que son organizaciones celulares especializadas en base a una función.

Además, los animales se caracterizan por una capacidad de movimiento excelente (en la mayoría de los casos), por carecer de cloroplastos, por no presentar pared celular (como sí hacen las plantas y los hongos) y por tener un desarrollo embrionario con ciertas pautas comunes. En base a todos estos parámetros, descartamos a plantas, hongos y todos los microorganismos.

Ejemplos de animales microscópicos, y sus características

Una vez hemos diferenciado sin ningún margen de error a los animales del resto de grupos de seres vivos, estamos preparados para mostrarte algunos ejemplos de animales microscópicos. No te los pierdas.

1. Copépodos

Los copépodos son una subclase de crustáceos maxilópodos de muy pequeño tamaño. Es un grupo reducido que incluye unas 8.500 especies, la mayoría marinas, de coloración generalmente semitransparente. Gran parte de estos animales miden entre 1 y 5 milímetros, así que entran perfectamente en la definición de “microscópico”. De todas formas, existen copépodos parásitos que alcanzan hasta los 32 centímetros de longitud, si bien esto es una completa excepción.

Debido a su tamaño microscópico, los copépodos se consideran parte del zooplancton, la fracción de la fauna acuática de tamaño minúsculo que se alimenta por ingestión de materia orgánica ya elaborada (a diferencia del fitoplancton, mayoritariamente compuesto por algas). Son la principal fuente de nutrientes de muchos organismos marinos macroscópicos, así que suponen una parte esencial de la base de la cadena trófica de los ecosistemas acuáticos.

2. Tardígrados

Los tardígrados son unos de los seres vivos más curiosos e interesantes de toda la Tierra. Son algunos de los animales más pequeños que conocemos, ya que los más minúsculos miden menos de 0,1 milímetros y los tamaños más grandes oscilan los 1,5 milímetros. Además, ocupan una posición filogenética un poco delicada, pues están englobados dentro del clado panarthropoda, que contiene a los tardígrados, onicóforos y los artrópodos propiamente dichos. No son artrópodos como tal pero tampoco microorganismos, así que “flotan” entre dos aguas taxonómicas.

La mayoría de los tardígrados son fitófagos (comen plantas) o bacteriófagos, pero existen algunas especies carnívoras que se alimentan de otros tardígrados. Estos curiosísimos animales también se conocen como “osos de agua”, pues presentan una morfología “casi” mamífera, con diversos segmentos con patas que recuerdan a las de un oso y una boca con múltiples estiletes. También son famosamente conocidos por su extrema resistencia, ya que son capaces de entrar en un estado de criptobiosis cuando las condiciones son desfavorables, reduciendo su contenido en agua en el organismo hasta un 1%.

3. Rotíferos

Los rotíferos son un ejemplo perfecto de animales microscópicos, ya que la mayoría de ellos oscilan en medidas de 0,1 a 0,5 milímetros. Son comunes en las aguas dulces de todo el mundo, si bien también se han registrado algunas especies marinas de forma excepcional.

Estos animales presentan una simetría bilateral completamente atípica dentro del reino animalia: tienen una boca en la zona ventral de la región cefálica y esta puede estar rodeada por bandas ciliadas del aparato rotador, que crean pequeñas corrientes que atraen las partículas de alimento del entorno. Se nutren de partículas orgánicas microscópicas, bacterias, algas unicelulares y ciertos protozoos.

4. Ácaros del polvo

Aunque al acudir a la subclase Acari pensemos automáticamente en animales de un tamaño muy reducido, esto no es una regla general ni mucho menos. Esta categoría, englobada dentro de la clase Arachnida, comprende a las garrapatas, ácaros de las plantas y otros muchos invertebrados macroscópicos que se pueden observar a simple vista, aunque otros muchos representantes sean microscópicos.

Por ello, para llegar a este último ejemplo, debemos hilar un poco más fino. Nos estamos refiriendo al género Dermatophagoides o ácaros del polvo, unos animales invertebrados microscópicos que miden entre 0,2 y 0,5 milímetros. Las especies más comunes comprendidas en este taxón y extendidas por casi todo el mundo son Dermatophagoides farinae, Dermatophagoides pteronyssinus y Euroglyphus maynei.

Estos animales son extremadamente simples a nivel evolutivo, pues carecen de estómago y cuentan con un intestino muy simple, que digiere pequeñas partículas de materia orgánica presentes en el entorno. Los machos viven de 10 a 19 días, mientras que las hembras aguantan hasta 70 días, poniendo una ingente cantidad de huevos durante sus últimas semanas de vida.

Resumen

Más allá de peces, reptiles, mamíferos, anfibios y aves, existe un mundo de invertebrados microscópicos que se escapa a nuestra vista, pero que no por ello dejan de ser esenciales para las cadenas tróficas, los ecosistemas y el mundo de la investigación. Sin ir más lejos, los ecosistemas marinos no podrían existir sin el zooplancton: por pequeño que sea el animal, su labor es inestimable e inigualable, se encuentre donde se encuentre.

Para finalizar, hacemos hincapié en la siguiente idea: un microorganismo no es lo mismo que un animal microscópico. Recuerda que las bacterias son unicelulares y procariotas, mientras que los animales están compuestos por dos o más células y presentan una envoltura nuclear que delimita su genoma del resto del cuerpo celular. En base a esta premisa tan simple, es posible diferenciar a los animales de todo el resto de taxones existentes.

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