A la hora de preguntar a cualquier paleontólogo estrechamente vinculado con el ámbito de la filogenia, es posible que este no dude en afirmar que las aves son dinosaurios. Entrando en un debate más confuso, seguramente también matizará que los pájaros son “dinosaurios avianos” y a su vez, reptiles.

A pesar de perdernos en matices semánticos y sobre-complicar las cosas con este tipo de temáticas, las reflexiones terminológicas y filogenéticas en el mundo de la evolución son necesarias: Roma no se hizo en un día, y el conocimiento humano requiere de un análisis exhaustivo y la puesta a prueba de teorías y múltiples puntos de vista para cimentar sus bases.

Por ello, en este espacio vamos a centrarnos en el “consenso científico” en base a la materia que hoy nos atañe, pero hemos de tener claro que nada de lo expuesto es un dogma férreo inamovible. Por ejemplo, algunos especialistas continúan argumentando que las aves evolucionaron a partir de los cocodrilomorfos, una teoría de difícil justificación, pero que existe.

Es por esta disparidad de opiniones por la que nada es del todo real o absolutamente falso. Nos movemos en un terreno altamente especulativo, que a juicio personal, resulta bastante estimulante. En el mundo de la ciencia los colores blanco y negro están en desuso: la respuesta suele encontrarse en una escala de grises. Bien, ¿las aves son dinosaurios o no? No desesperes, pues aquí te exponemos las posibles respuestas.

¿Las aves son dinosaurios? Un conglomerado filogenético

La filogenia es un término que hace referencia a una disciplina científica encargada de estudiar las relaciones de parentesco entre especies o taxones en general. Para reconstruir la historia evolutiva de un grupo taxonómico no basta con fijarse en las características externas del animal y colocar a las familias lo lejos o cerca que queramos del ancestro: han de seguirse férreos análisis genéticos y aplicar criterios matemáticos.

Determinados programas computacionales basados en la aplicación de algoritmos construyen los árboles filogenéticos con las pruebas genéticas brindadas de los distintos organismos. Es importante notar que esta reconstrucción se basa en la famosa navaja de Ockham o principio de parsimonia. Esto es, la respuesta más probable radica en el árbol que se construye a partir del menor número de cambios posibles.

Por ejemplo, ante un animal alado analizado a día de hoy, podrían darse dos supuestos diferentes:

  • Que presente alas en su condición ancestral, las pierda en algún momento de su historia evolutiva y los descendientes actuales las recuperen otra vez.
  • Que no presentara alas en su condición ancestral y luego aparecieran derivadas a partir de estructuras de su ancestro primitivo.

Nos acogemos bajo el supuesto de que la evolución acontece de la manera más simple, y por ello, a menos que se aporten pruebas paleontológicas fehacientes, la segunda opción a primera vista siempre parecerá más viable.

La compleja filogenia de las aves

Al abordar la historia evolutiva de las aves, tenemos que comenzar dejando las cosas claras: el consenso científico actual es que su divergencia evolutiva comenzó seguramente en el periodo del Triásico a partir de un clado singular de dinosaurios terópodos, los celurosaurios. Pero, ¿qué comparten los pájaros actuales con estos primitivos seres?

1. El debate de las plumas

En este punto es esencial introducir a la pieza quizá más clave de este puzzle: el fósil del Archaeopteryx hallado en 1861. Esta impronta evolutiva nos muestra a un individuo claramente transicional entre dinosaurio y ave moderna: la relación es innegable.

Archaeopteryx

A partir de este punto, se han descubierto plumas en otros muchos grupos taxonómicos de dinosaurios. Hasta hace relativamente poco, este rasgo morfológico se había asociado únicamente a los terópodos (como ya hemos dicho, los considerados ancestros de las aves modernas), pero una serie de fósiles que datan de 160 millones de años de antigüedad hallados en Siberia sugieren algo diferente, pues se ha encontrado evidencia de dinosaurios ornitisquios emplumados.

Según científicos entrevistados por la fuente National Geographic, «probablemente esto significa que el ancestro común de todos los dinosaurios tenía plumas». Siguiendo el principio de parsimonia previamente expuesto, es más coherente pensar que el grupo ancestral tenía plumas y que algunos integrantes las perdieran, que el registro de una historia sin plumas-con plumas-sin plumas otra vez (dos pasos evolutivos con respecto a tres).

Aún así, no faltan detractores que se opongan a esta idea. Una pequeña minoría científica argumenta que la presencia de ciertas “protoplumas” en improntas fosilizadas correspondería a la degradación de las fibras de colágeno, y que las especies que incuestionablemente poseen plumas, como los oviraptorosaurios y dromaeosaurios no son dinosaurios, sino verdaderas aves no emparentadas con ellos. Este argumento se desmonta considerablemente cuando algunos estudios han mostrado la presencia de melanina de color de soporte en estas estructuras, algo que se espera de una pluma pero no de una formación de colágeno.

2. Esqueleto

Las relaciones entre las estructuras esqueléticas de aves y dinosaurios es fehaciente, y se trata de una realidad esencial a tener en cuenta a la hora de establecer relaciones entre aves y dinosaurios. Se han detectado más de 100 aspectos anatómicos aviares en fósiles de terópodos, entre los que se encuentran similaridades en estas estructuras:

  • Cuello.
  • Huesos huecos de densidad baja.
  • Pubis relocalizado, de una posición anterior a otra más posterior.
  • Cinco o más vértebras incorporadas en el sacro.
  • Muñecas flexibles con carpo semilunar.
  • Extremidades superiores alargadas.
  • Omóplato.
  • Presencia de fúrcula.

El número de similaridades generales llega a más de 20. Aún así, la presencia de fúrcula, resultado de fusionar las dos clavículas, es especialmente llamativa, ya que solo está presente en aves y dinosaurios terópodos. Tal y como se ha demostrado a día de hoy, esta estructura fortalecedora de la caja torácica apareció antes del vuelo. Junto con la presencia de las plumas, la fúrcula es una de las características que más han permitido la correlación directa entre aves y terópodos.

3. La falta de ADN

Podemos seguir nombrando similitudes entre terópodos y aves de forma interminable: puesta de huevos, sacos aéreos pulmonares, corazones de cuatro cámaras, la utilización de gastrolitos (estructuras que facilitan la digestión en el estómago del animal...etc). Aún así, es necesaria una aclaración esencial. Por ahora, no se ha obtenido un registro fehaciente de la extracción de ADN de muestras fósiles.

Esto complica enormemente la tarea de reconstrucción de árboles filogenéticos, pues cualquier genetista afirmará que las pruebas genéticas siempre deben ser la primera de las bases a la hora de reconstruir el historial evolutivo de cualquier ser vivo. Aún así, existen otras pruebas fehacientes que no se basan solo en carácteres esqueléticos y morfológicos externos.

Por ejemplo, se han obtenido trazas de tejido en el interior de huesos del Tyrannosaurus rex, y tras su rehidratación y análisis, se descubrieron siete tipos de colágeno diferentes. Al compararlos con los de diversas aves (especialmente el pollo), su similitud morfológica arrojó aún más evidencia de la correlación entre terópodos y aves modernas.

Aún así, a pesar de todas estas similitudes morfológicas y estructurales, aún nos falta la clave definitiva: un ADN concordante que acalle todas las voces en contra de los hechos aquí expuestos. A pesar de ello, algo se tiene claro desde la comunidad científica, y es que no existe teoría más aceptada del origen de las aves a día de hoy que no esté vinculada con los terópodos.

Resumen

Podemos responderte que sí, que las aves son dinosaurios y dejar atrás todos los matices expuestos hasta ahora. Esta afirmación peca de simplificar las cosas de más, pero el supuesto “debate” entre la relación de los terópodos y las aves es algo que ya se considera zanjado en la comunidad científica. A pesar de que existan detractores a esta idea, las mismas proposiciones realizadas por ellos vulneran dogmas tan aceptados en el mundo de la filogenia a día de hoy como el principio de parsimonia.

Lo más probable es que las aves sean descendientes directos de los terópodos celurosaurios, ya que no existe otra teoría que explique su surgencia con un menor número de pasos evolutivos. Así de simple.

Por lo tanto, el consenso actual es que las aves son un grupo de dinosaurios terópodos maniraptores que se originaron durante el Mesozoico.

Referencias bibliográficas:

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