El origen del Homo sapiens, o de lo que es lo mismo, nuestra especie, ha sido un tema siempre de interés para la comunidad científica, especialmente cuando se dejó de creer en la idea de la creación divina y de que todos los animales surgieron mágicamente por generación espontánea.

Dos han sido las principales teorías que han tratado de explicar cómo los seres humanos somos como somos en la actualidad, siendo la teoría de que venimos de África la que más fuerza y evidencia científica ha logrado. Veamos qué pruebas se han encontrado.

El origen del Homo sapiens: lo que sabemos sobre la aparición de nuestra especie

Aunque hoy en día se tiene bastante aceptada la idea de que los primeros seres humanos debieron surgir en algún lugar de África y que, posteriormente, se fueron expandiendo por el mundo migrando, no siempre se ha tenido esta idea. A lo largo del estudio del origen del Homo sapiens se han planteado dos teorías principales que han tratado de dilucidar cuál era el origen de nuestra especie.

La primera es la del poligenismo, también llamada hipótesis multirregional, defensora de que realmente los seres humanos modernos no proceden de un grupo de humanos originales, sino de varios grupos de una especie anterior que fueron evolucionando por su propia cuenta.

La segunda, que es la más defendida por la antropología actual, es la que defiende que los primeros humanos vivieron en África y, desde allí, fueron migrando a otras partes del mundo, extendiendo así la especie y adaptándose a los climas, surgiendo las razas.

Poligenismo

El poligenismo es una teoría sobre los orígenes del ser humano que postula la existencia de diferentes linajes que han dado como resultado las razas humanas. Los defensores de esta teoría decían que, realmente, los humanos éramos un conjunto de especies, las cuales eran fruto de diferentes procesos evolutivos que, casualmente, coincidía en algunos aspectos.

Las razas humanas serían el resultado de que, el eslabón homínido anterior a lo que hoy entendemos que es el Homo sapiens, se hubiera escindido en diferentes poblaciones, las cuales, con el pasar de los milenios, habrían dado diferentes especies que se podrían clasificar como parte de un mismo género, no una especie, que sería el de los humanos. Por este motivo el poligenismo también es llamado hipótesis multirregional, diciendo que el actual estado de los seres humanos se debe a evoluciones de diferentes poblaciones en varias regiones.

Quienes defendían estas hipótesis solían basarse en criterios religiosos y pseudocientíficos, o tomando las evidencias empíricas de forma muy arbitraria. Se llegó a justificar el racismo y la esclavitud basándose en estas tesis, dado que, si se tiene la noción de que los negros, los asiáticos y otras razas son, además de verse intelectualmente inferiores a la blanca, diferentes a los europeos como especie, el uso de individuos de estas razas como quien usa una mula o un caballo para cargar sacos sería igualmente legítimo.

El origen africano

Pero pese a que el racismo y las posturas esclavistas defendieron la idea de que negros, blancos, asiáticos y otras razas son el resultado de linajes que habían evolucionado por separado y eran, en verdad, especies diferentes, estas tesis acabaron dejándose de lado.

Hoy en día las evidencias científicas han demostrado que el origen del Homo sapiens está en África, probablemente en algún lugar del Rift Valley, aunque esto se ha acabado poniendo cada vez más en duda.

Lo que sí que se acepta es que la especie humana actual tiene que descender de un grupo de humanos primigenio, unos primeros Homo sapiens que debieron expandirse por el mundo, cambiando sus características físicas como, por ejemplo, la estatura, el tono de piel, cabello y ojos, dientes y forma del cráneo particular pero, que en esencia, continúan siendo la misma especie.

Las pruebas en el registro paleoantropológico, junto con restos arqueológicos, inferencias históricas y pruebas genéticas han indicado que el origen del Homo sapiens se remontaría a hará unos 140.000 o 200.000 años en el África Subsahariana. Esto es una evidencia aceptada, prácticamente, por toda la comunidad científica.

Historia y pruebas de la teoría

La teoría del origen africano del Homo sapiens se remonta a finales del siglo XIX, con la figura de James Prichard, un etnólogo quien sostenía que habían suficientes razones para considerar que los seres humanos descendían de los negros africanos, unas declaraciones que, dado lo racista de la sociedad de su tiempo, no hace falta decir que fueron polémicas. Asegurar que los blancos, quienes eran vistos como puros, intelectualmente superiores y la cúspide de la evolución animal eran, en realidad, descendientes de negros, era tremendamente controvertido.

Charles Darwin, con sus estudios sobre la variedad evolutiva en las Islas Galápagos, ya había supuesto que, por necesidad, tenía que existir un ancestro común para todos los seres humanos. El primer ancestro debía ser, seguramente, algún primate similar a un homínido, que a opinión de Darwin debía vivir en África, dado que en ese continente era el hábitat de grandes simios, con tamaño y forma muy similar a la de los humanos, además de que algunos eran capaces de mantenerse en posición bípeda.

Con el paso del siglo XX y gracias a la mejora de las técnicas antropológicas y genéticas, se pudo establecer con mayor seguridad dónde y cuándo se encontraba el origen de nuestra especie.

Evidencia fósil

A partir de los huesos hallados en diferentes lugares de África, se ha hipotetizado que los seres humanos anatómicamente modernos evolucionaron en ese continente durante los últimos 200.000 años, a partir de una población preexistente de homínidos.

Con anatómicamente modernos se hace referencia a homínidos que presentaban rasgos muy similares a los de los humanos actuales: cráneo altamente redondeado, esqueleto ligero y esbelto, retracción facial, gracilidad de los pómulos...

Los primeros fósiles con estas características se encontraron en África oriental, cerca del río Omo (Etiopía), siendo fechados en 195.000. Estos restos se llaman los hombres de Kibish, y son considerados los Homo sapiens más antiguos.

Comportamiento y cultura

Aunque es lógico pensar que es muy difícil saber cómo se comportaban poblaciones homínidas que vivieron hace mucho, lo cierto es que han dejado algunos restos tras de sí que permiten saber, de forma más o menos sugerida, cómo eran sus culturas.

La conducta humana moderna dio lugar al paleolítico superior, período que se estableció en Europa hace 30.000 años, pero en África ocurrió antes, hará unos 70.000 años.

Esto se sabe por algunas pinturas encontradas en cuevas, como es el caso en Sudáfrica. Se tratan de representaciones abstractas pintadas con ocre rojo. También se han encontrado objetos, como puntas de piedra y flechas hechas de hueso, con entre 70.000 y 90.000 años de antigüedad.

Estudios paleolingüísticos

La paleolingüística es la disciplina que estudia las lenguas ancestrales, es decir, lenguas que se hablaron hace milenios, de las cuales sólo es posible hacer suposiciones a base de las lenguas vivas habladas hoy en día, como sería el caso del indoeuropeo reconstruido a partir de lenguas europeas y de la India.

Pero anterior al indoeuropeo, y a cualquier otra lengua, debió hablarse el protosapiens, la lengua original, antes de que esta se escindiera como en la leyenda de la torre de Babel.

Los paleolingüistas han propuesto la hipótesis de que las lenguas presentan más fonemas cuanto más relacionadas están con las regiones pobladas con mayor antigüedad. Esto es, las poblaciones derivadas de una población fundadora, pero que se han ido distanciando de esa misma, van reduciendo su repertorio fonético, teniendo menos sonidos.

No se debe caer en el error de que estas lenguas, por tener menos sonidos, tendrán necesariamente menos vocabulario. Fonemas y vocabulario no están directamente correlacionados, pero si fonemas y distancia del continente africano.

Se han estudiado 504 lenguas vivas del mundo, y se ha visto que las que más sonidos tienen, algunas teniendo los raros “clics” o chasquidos consonánticos (ʘ, ǀ, ǃ, ǂ y ǁ), se encuentran en África, como es el caso de las lenguas joisán con más de 140 sonidos.

Por contra, las lenguas con menor repertorio fonético se encontrarían en Sudamérica e islas de Oceanía, una de las regiones que seguramente fueron pobladas por el ser humano de forma muy tardía. El hawaiano, con tan solo 13 fonemas, es el idioma con menos sonidos.

Evidencia genética: Adán y Eva

Gracias al estudio de la genética humana, se sabe que estudiando el árbol familiar de toda la especie humana, habría existido un antepasado común masculino y uno femenino, a quienes se les ha llamado el señor Adán, de apellido Cromosómico, y la señora Eva, de apellido Mitocondrial. El nombre no es casual, dado que, realmente, toda la especie humana descendería de estos individuos, comparables a la idea cristiana de Adán y Eva en el jardín del Edén.

La diferencia entre los personajes bíblicos y estos ancestros humanos comunes es que estos últimos no se conocieron, dado que vivieron en épocas muy diferentes. La Eva mitocondrial debió vivir hará 190.000 años, seguramente en algún lugar de Tanzania, mientras que Adán cromosómico no se tiene muy claro, pero podría haber vivido hará entre 270.000 y 60.000 años.

El ADN mitocondrial, esto es, el ADN de forma circular, muy similar al de una bacteria, que se encuentra dentro de las mitocondrias, se hereda por vía materna. En ancestro común más reciente que nos habría brindado ese ADN mitocondrial tuvo que ser del sexo femenino, y por eso se ha planteado la existencia de la señora Eva mitocondrial.

El cromosoma Y solo se puede heredar por vía masculina, y es el cromosoma sexual que define que se sea de sexo masculino. A grandes rasgos habría sucedido como con el caso de la Eva mitocondrial. Todos los varones tendríamos un ancestro común, un varón que tuvo el primer cromosoma Y, que sería el señor Adán cromosómico.

El problema de establecer la línea

Muchas personas, cuando escuchan hablar de la evolución humana, se imaginan la clásica imagen de varios individuos, colocados en línea, yendo desde un mono cuadrúpedo, pasando por homínidos de más a menos peludos y llegando al Homo sapiens, con una lanza y taparrabos. Esta imagen, que si bien es bastante ilustrativa, induce a la creencia errónea de que la evolución humana se ha dado de forma similar a cómo lo hacen los Pokémon. Fase 1: mono, fase 2: australopithecus, fase 3: Homo habilis … fase final: Homo sapiens.

Pero realmente el proceso fue mucho más progresivo, y esto se observa en los restos óseos. No es fácil delimitar dónde empieza y dónde acaba una especie mirando su registro fósil. Queda claro que si se toma a dos individuos que vivieron en épocas muy separadas cronológicamente, como fueron los australopithecus y los neandertales, se ven diferencias.

Sin embargo, esto no es tan sencillo cuando se comparan huesos separados por apenas unos 100.000 años o, incluso, de especies que llegaron a convivir y que todavía no se habían diferenciado demasiado, como debió ser el caso de los primeros neandertales y los primeros Homo sapiens. De hecho, se cree que un importante de la población europea son descendientes de híbridos fértiles de Homo sapiens con neandertales, siendo esta última especie la responsable de que los europeos suframos más casos de enfermedad de Crohn, diabetes tipo II y cirrosis biliar.

Un ejemplo de ello lo tenemos hallazgos óseos realizados en Jebel Irhoud, en Marruecos. En la década de los sesenta se encontraron huesos pertenecientes a dos individuos adultos y uno infantil: dos cráneos adultos, una mandíbula infantil, un húmero infantil y un fragmento de coxis. Dado que estos huesos presentaban rasgos primitivos o, más bien, toscos, se los clasificó como neandertales.

Décadas más tarde, y volviendo a analizar los huesos, se cambió de opinión. Esos huesos debían pertenecer a Homo sapiens, lo que pasaba es que debían ser de una variedad muy primigenia. Con este caso se ve lo difícil que es establecer la línea, dado que, al ser la evolución un proceso continuo, es difícil establecer el criterio que sirve para delimitar claramente entre una especie y otra.

Referencias bibliográficas:

  • Hublin et al. (2017). New fossils from Jebel Irhoud, Morocco, and the pan-African origin of Homo sapiens, Nature. DOI 10.1038/nature22336
  • Ritcher et al. (2017). The age of the hominin fossils from Jebel Irhoud, Morocco, and the origins of the Middle Stone Age, Nature. DOI 10.1038/nature22335