La vida se justifica por sí misma, pues el fin último de todo ser vivo es la supervivencia, y por consiguiente, la propagación de su especie en todos los medios que permitan su desarrollo. Para explicar este “ansia de vida” se proponen hipótesis tan interesantes como la panspermia, la cual argumenta con datos fehacientes que es más que probable que no estemos solos en el sistema solar.

Al mirar a las estrellas nos es inevitable pensar en la infinidad del universo, pues únicamente nuestro sistema solar data de 4600 millones de años de antigüedad y presenta un diámetro de 12.000 millones de kilómetros. Estos conceptos resultan incomprensibles para la mente humana, y por lo tanto, es fácil sospechar que la idea de “vida” tal y como nuestra mente la concibe no sirva para describir a los entes biológicos externos a la tierra.

Sumérgete con nosotros en este viaje astronáutico en la panspermia, o lo que es lo mismo, la hipótesis que postula que existe vida en el universo transportada por meteoritos y otros cuerpos.

¿Qué es la panspermia?

Como hemos dejado entrever en las líneas previas, la panspermia se define como una hipótesis que propone que la vida existe en todo el universo y se encuentra en movimiento adherida sobre polvo espacial, meteoritos, asteroides, cometas planetoides y también estructuras espaciales de uso humano que transportan microorganismos de forma no intencionada.

De nuevo, recalcamos que nos encontramos ante una hipótesis, es decir, una suposición hecha a partir de unas bases que sirve de pilar para iniciar una investigación o una argumentación. Ni mucho menos la información aquí expuesta ha de tomarse como una realidad o dogma inamovible, pero sí que es cierto que cada vez existen pruebas más fehacientes que respaldan la hipótesis que aquí te exponemos.

Además, también hay que dejar claro que el concepto cimentado en el imaginario popular de “extraterrestre” está fuera de lugar en la formulación de estas ideas. En todo momento hablamos de microorganismos o seres vivos análogos a ellos, no de entes foráneos morfológicamente complejos.

Una vez realizadas estas aclaraciones iniciales, veamos los puntos a favor y en contra de esta apasionante postulación.

Los extremófilos y la supervivencia en el espacio

Un extremófilo, como su propio nombre indica, es un microorganismo que puede vivir en condiciones extremas. En general, estos seres vivos microscópicos habitan en aquellos lugares donde la presencia de animales o vegetales complejos es imposible, ya sea por temperaturas, acidez, cantidades elevadas de radiación y otros muchos parámetros deletéreos para los entes “normales”. La pregunta es obvia: ¿pueden los extremófilos vivir en el espacio?

Para dar respuesta a esta pregunta, un equipo de investigación expuso a las esporas de la especie bacteriana Bacillus subtilis a condiciones espaciales, mediante su transporte en satélites FOTON (cápsulas enviadas al espacio con fines de investigación). Las esporas fueron expuestas al espacio en capas secas sin ningún agente protector, en capas mezcladas con arcilla y arenisca roja (entre otros compuestos) o en “meteoritos artificiales”; es decir, estructuras que combinaban a las esporas dentro y sobre formaciones rocosas que trataban de imitar a cuerpos inorgánicos naturales del espacio.

Tras dos semanas de exposición a condiciones espaciales, se cuantificó la supervivencia de las bacterias según el número de formadoras de colonias. Los resultados te sorprenderán:

  • Las esporas en capas secas sin ningún tipo de protección estaban completamente inactivadas.
  • El ratio de supervivencia se quintuplicó en las esporas mezcladas con arcilla y otros compuestos.
  • La supervivencia alcanzó casi un 100 % en las esporas que se encontraban encerradas en los “meteoritos artificiales”.

Esto no hace más que confirmar una idea que ya se ha demostrado en el ámbito terrestre: la radiación ultravioleta producida por la luz solar es deletérea para los seres vivos que habitan en la tierra cuando estos salen de la atmósfera. Aún así, experimentos como este registran que materiales minerales sólidos son capaces de actuar como “escudos” si están en contacto directo con los microorganismos transportados en ellos.

Los datos aquí expuestos proponen que cuerpos celestes rocosos con unos pocos centímetros de diámetro podrían proteger a ciertas formas de vida ante la insolación extrema, si bien los objetos de tamaño micrométrico podrían no aportar la protección necesaria para la preservación de vida en el espacio.

La litopanspermia

La litopanspermia es la forma más extendida y cimentada de la posible panspermia, y se basa en el transporte de microorganismos mediante cuerpos sólidos como pueden ser meteoritos. Por otro lado tenemos a la radiopanspermia, que justifica que los microbios podrían ser propagados por el espacio gracias a la presión de la radiación de las estrellas. Sin ninguna duda, la principal crítica ante esta última teoría es que obvia en gran parte la acción letal de las radiaciones espaciales en el cosmos. ¿Cómo va a sobrevivir una bacteria sin ningún tipo de protección a las condiciones espaciales?

El ejemplo que aquí hemos brindado en el anterior apartado responde a una parte del proceso de transporte de los microorganismos entre cuerpos planetarios, pero igual de importante es el viaje que el aterrizaje. Por ello, algunas de las hipótesis que más se deben probar a día de hoy son las basadas en la viabilidad de los microorganismos al salir del planeta y al entrar en uno nuevo.

En lo que a la eyección se refiere, los microorganismos deberían de aguantar unas fuerzas extremas de aceleración y de choque, con los drásticos aumentos de temperatura sobre la superficie en la que viajan asociados a estos procesos. Estas condiciones deletéreas se han simulado en ambientes de laboratorio mediante el uso de rifles y ultracentrífugas con éxito, si bien esto no tiene por qué confirmar en su totalidad la viabilidad de ciertos microorganismos tras la eyección planetaria.

Además del tránsito espacial, otro momento especialmente delicado es la entrada atmosférica. Por suerte, estas condiciones son simulables experimentalmente, e investigaciones ya han sometido a microorganismos a la entrada en nuestro planeta mediante cohetes de sondeo y vehículos orbitales.

De nuevo, las esporas de la especie Bacillus subtilis fueron inoculadas en cuerpos rocosos de granito y sometidas al tránsito de hipervelocidad atmosférica tras ser lanzadas en un cohete. Los resultados son de nuevo prometedores, pues a pesar de que los microorganismos situados en la cara frontal del cuerpo mineral no sobrevivieron (esta cara descendiente fue sometida a las temperaturas más extremas, 145 grados centígrados), los que estaban a los lados de la roca sí que lo hicieron.

Entonces, como hemos podido ver, desde un punto de vista experimental la presencia de vida en cuerpos minerales espaciales parece plausible. Aunque sea a duras penas y bajo ciertas condiciones muy específicas, se ha demostrado que ciertos microorganismos sobreviven durante las diversas etapas necesarias que comprende un viaje interplanetario.

Una crítica cada vez menos fundamentada

Los principales detractores de la hipótesis de la panspermia argumentan que esta no responde al origen de la vida, sino que simplemente lo colocan en otro cuerpo celeste. Sí, los primeros microorganismos podrían haber llegado a la tierra dentro de meteoritos y estar en circulación por el universo, pero, ¿de dónde partieron estas bacterias originalmente?

También debemos de tener en cuenta que este término se utilizó en su acepción más básica por primera vez en el siglo V a. C., por lo que a lo largo de los siglos, los detractores de esta idea se han fundamentado en que se trata de un proceso imposible de explicar.

Los nuevos avances científicos llevan años combatiendo esta preconcepción, pues como hemos visto, ya ha quedado demostrada la supervivencia de microorganismos en la eyección planetaria, durante el tránsito y tras la entrada a la atmósfera. Eso sí, un apunte es necesario: todo lo recogido hasta ahora ha sido en condiciones experimentales con microorganismos terrestres.

Resumen

Entonces, seamos claros: ¿es la panspermia posible? Desde un punto de vista teórico, sí. ¿Es la panspermia probable? Tal y como hemos visto en los ensayos científicos, también. Por último: ¿está la panspermia demostrada? Nos tememos que aún no.

Por mucho que las condiciones experimentales han evidenciado la viabilidad de esta hipótesis, todavía no ha llegado el día en el que un meteorito caído en la Tierra nos regale vida extraterrestre. Hasta que esto no suceda, la panspermia (especialmente la litopanspermia) seguirá en condición de hipótesis, la cual solo podrá ser elevada por una prueba fehaciente e indiscutible. Mientras tanto, los seres humanos seguiremos alzando la mirada a las estrellas y preguntándonos si estamos solos en el universo.

Referencias bibliográficas:

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