Estas células están diseñadas para crear nuevos seres vivos. Wikimedia Commons.

Los seres humanos, al igual que la mayoría del resto de animales, somos organismos pluricelulares que perpetuamos nuestra especie mediante el tipo de reproducción que conocemos como sexual. Este tipo de reproducción, que tiene como resultado el surgimiento de individuos con características genéticas procedentes de dos individuos, algo que otorga a las especies de una variabilidad mucho mayor del que ofrece la reproducción asexual.

Para que la reproducción sexual produzca un nuevo ser será necesaria que se fusionen un determinado tipo de células: las células sexuales o gametos. Es sobre estas sobre las que vamos a hablar en este artículo.

Los gametos o células sexuales

Reciben el nombre de gametos o células sexuales a un tipo determinado de célula el cual tiene como principal función la de generar un nuevo ser, perpetuando la especie y los genes de los progenitores.

Las células sexuales presentan diferentes formas, concretamente hallándose dos tipos cuya unión será la que genere el cigoto del que terminará por desarrollarse un nuevo individuo. El nombre concreto de estas células depende del tipo de ser vivo del que estemos hablando, existiendo una masculina y otra femenina.

Este tipo de células posee la mitad de cromosomas de las que tiene la especie en cuestión, algo que al aparecer el nuevo ser ante la unión o fusión de dos células de dos individuos distintos permite que el organismo hijo acabe teniendo el mismo número de cromosomas que sus progenitores, si bien con una información genética diferente del de cualquiera de los anteriores. Tras su unión se produce una recombinación genética de la información genética procedente de ambas células, generando un código genético único a través de dicha recombinación.

En el caso del ser humano, tenemos un total de 46 cromosomas divididos en 23 pares. De ellos, 22 de los pares se corresponden con cromosomas somáticos y son iguales independientemente del sexo. Sin embargo el par 23 difiere entre hombres y mujeres, siendo estos los cromosomas sexuales que marcan nuestro sexo genético. Concretamente, el varón tiene un cromosoma X y uno Y, mientras que la mujer posee dos cromosomas X.

Las células sexuales en animales

Cuando hablamos de sexo o de células sexuales, lo primero que pensamos es en el tipo de reproducción y de células que tenemos nosotros los seres humanos y que también poseen el resto de especies animales: los espermatozoides y los óvulos.

Los espermatozoides

Denominados espermatozoides a las células sexuales propias del género masculino, y las cuales poseen la mitad de la información genética necesaria para formar a un nuevo ser vivo. Se trata de un tipo de célula de muy pequeño tamaño, inferior al de los gametos femeninos, y que se forman en gran cantidad dentro de los testículos de los machos de cada especie.

Para que se produzca la fecundación es necesario que los espermatozoides se desplacen hasta el óvulo, de los cuales sólo uno (por lo general, si bien existen excepciones) va a conseguir entrar en el óvulo y combinar su material genético con él. Es por ello que el espermatozoide tiene adaptaciones morfológicas que permiten dicho desplazamiento.

Su morfología básica es la siguiente:

En primer lugar podemos observar la existencia de una gran cabeza (la parte más grande del espermatozoide) dentro de la cual podemos encontrar el núcleo, en el cual puede encontrarse la información genética en cuestión, y el acrosoma o capa formada por diversas enzimas que permiten que permiten que el espermatozoide entre dentro de los gametos femeninos. Además de ello podemos encontrar diferentes sustancias que permiten nutrir y permitir el movimiento del espermatozoide.

La otra parte principal es la cola o flagelo, gracias a la cual los espermatozoides pueden desplazarse por el interior del cuerpo femenino hasta llegar al óvulo. Dentro de ella podemos encontrar en primer lugar un pequeño cuello a través del cual se une a la cabeza, posteriormente una pieza intermedia en la cual podemos encontrar diferentes mitocondrias, las cuales permiten producir suficiente energía (a través de las sustancias presentes tanto en el propio esperma como en el resto del semen) y finalmente el flagelo o parte final, la cual se mueve para permitir el desplazamiento.

Los óvulos

Los óvulos son las células sexuales femeninas, las cuales cargan con la mitad de la información genética necesaria para la génesis de un nuevo ser. Se trata de un tipo de célula de gran tamaño, las cuales tienen forma de esfera y que son producidas por los ovarios de las hembras de las distintas especies.

Los óvulos presentan la característica de que no se encuentran siempre disponibles para la fecundación, existiendo todo un ciclo a través del cual se produce un óvulo, madura, permanece disponible para una posible reproducción y se desprende en caso de no ser fecundado, siendo este el ciclo menstrual. Se genera aproximadamente uno al mes (en realidad, por lo general son 28 días).

Asimismo, al contrario que los espermatozoides que están presenten en gran cantidad durante toda la vida, únicamente existe un determinado número de ellos en cada hembra. Durante la reproducción en sí el óvulo se queda inmóvil, hasta que los espermatozoides llegan a él y finalmente une logre penetrarlo (en caso de que se consiga).

La estructura de esta célula es la siguiente, de dentro a fuera:

En primer lugar y en su interior, destaca el núcleo en el cual se encuentra la información genética que permitría la formación de un nuevo ser de unirse a un espermatozoide. También podemos encontrar en su interior el vitelio, una serie de sustancias a modo de reservorio energético que permitiría la supervivencia del cigoto hasta la formación de una placenta. Todo ello estaría rodeado de una membrana plasmática que limita la célula y a través de la cual pueden entrar y salir elementos químicos que permiten que su interior esté equilibrado químicamente hablando.

Alrededor de la membrana podemos encontrar una capa gelatinosa protectora, denominada capa pelúcida, que actúa como protección a la par que permite la entrada de un primer espermatozoide y termina endureciéndose para evitar que entre más de uno. Una última capa, la más externa, es la corona radiata. Esta tendrá especial relevancia en regular las hormonas sexuales y generar la placenta si hay fecundación.

Las células sexuales en vegetales

Espermatozoides y óvulos no son los únicos tipos de células sexuales que existen, siendo únicamente los propios de los animales. Las plantas y el resto de vegetales también tienen en muchos casos reproducción sexual, siendo sus células sexuales la oósfera y el polen.

La oósfera

Recibe el nombre de oósfera al tipo de célula sexual femenino de las plantas que tienen la capacidad de reproducirse sexualmente. Este tipo de célula puede encontrarse en el interior de los llamados rudimentos seminales situados en el los sacos embrionarios de las plantas, situado en las flores.

Al igual que los óvulos animales, posee la mitad de cromosomas que el resto de células de los individuos progenitores. El polen o gameto masculino a nivel vegetal entra en contacto con ésta a través del estigma de las flores.

El polen

El polen sería el equivalente vegetal de los espermatozoides: la célula sexual masculina de las plantas. Se trata de pequeñas partículas en forma de granos que se forman en los estambres de las plantas. Se une a la oosfera en el proceso conocido como polinización (para lo cual necesitan del viento o de la ayuda de animales.

Estos granos, cuyo contenido es el de la mitad de la información genética necesaria para producir un nuevo ser,entran en el estigma y se unen a la oósfera. Para ello, una vez en el estigma, el polen genera una pequeña prolongación llamada tubo polínico con el fin de transportar su material genético hasta la oósfera.