En el mundo, existen un total de 8 tipos de ecosistemas o biomas que albergan a las distintas especies de seres vivos que habitan en la actualidad. Para entender un ecosistema, se debe tener en cuenta que este está formado por 2 grandes elementos: el biotopo y la biocenosis.

El biotopo hace referencia a un área de condiciones ambientales concretas que provee un espacio vital al conjunto de flora y fauna. Esto es, el medio físico (las rocas y sedimento, entre otros), la disponibilidad de agua, parámetros ambientales, accidentes geográficos y otros elementos no vivos. Por otro lado, la biocenosis corresponde al conjunto de poblaciones de seres vivos que coexisten en el espacio y en el tiempo. Así pues, tan esencial es en un ecosistema la materia viva como el escenario en el que esta se desarrolla.

Si nos fijamos en la biocenosis, podemos describir una infinidad de interacciones intra e interespecíficas. Debes tener en cuenta que se han descrito 1.426.337 especies animales, así que hay espacio para todo tipo de interacción entre ellos: depredación, competencia directa e indirecta, parasitismo, comensalismo y simbiosis, entre otros. Hoy nos centramos en este último tipo de interacción biológica, la simbiosis, pues a veces en la unión de está la fuerza.

¿Qué es la simbiosis?

Como con todo término científico, la raíz etimológica del mismo nos permitirá conocer su significado. La palabra simbiosis proviene del vocablo griego σύν, syn (juntos) y βίωσις, biosis (vivir). Gracias a esta disección lingüística, podemos imaginarnos por dónde van a ir los tiros a partir de aquí.

El término simbiosis se aplica a la relación estrecha y persistente entre organismos de diferentes especies, donde las partes implicadas en esta interacción se conocen como simbiontes. De todas formas, es necesario realizar algunas acepciones antes de continuar diseccionando los fenómenos simbióticos.

En su sentido más amplio y laxo, el término simbiosis se define como cualquier tipo de interacción biológica entre especies, ya sea esta beneficiosa o perjudicial para alguna de las partes. Así pues, paradójicamente, el parasitismo sería un tipo de simbiosis negativa, pues ambos elementos están altamente relacionados el uno con el otro y coevolucionan a la vez, aunque uno de ellos se vea gravemente perjudicado con el tiempo (el hospedador). También se englobaría en esta definición el comensalismo, interacción donde una parte se beneficia y la otra se muestra indiferente.

A nivel divulgativo, la simbiosis se suele asociar de forma indistinta al mutualismo. En este caso, la relación entre los integrantes debe ser positiva para ambos, así que el parasitismo y el comensalismo quedan fuera. Por último, algunos autores utilizan una acepción del término aún más estricta, donde se requiere que la relación sea indispensable para la vida de ambas especies. Si bien en el mutualismo ambas partes se benefician, pueden seguir con su vida por separado. En la simbiosis más clásica, los componentes no pueden sobrevivir sin la acción del otro.

Tipos

La simbiosis puede clasificarse en distintos tipos, pero aquí te presentamos los más importantes.

Por ejemplo, si atendemos a la relación espacial entre ambos participantes, existe una posible ectosimbiosis y una endosimbiosis. En la ectosimbiosis, como su propio nombre indica, uno de los integrantes vive sobre o alrededor del cuerpo del otro. Quizá te vengan a la mente los cangrejos y las anémonas, por ejemplo, pues estos crustáceos viven sobre ellas para protegerse y, a la vez, depredan a los posibles parásitos que se asienten sobre la anémona.

Por otro lado tenemos a la endosimbiosis, que no se puede ver externamente pero es igual (o más) importante a nivel evolutivo. En este caso, uno de los individuos vive en el interior del otro, así que necesariamente debe ser más pequeño que este (generalmente hablamos de microorganismos). La microbiota intestinal y el ser humano son un claro ejemplo de ello: muchas de nuestras bacterias no podrían vivir fuera de nuestro tracto gastrointestinal, y a la vez estas nos ayudan a digerir sustancias, especializar el sistema inmunitario y evitar infecciones, entre otras cosas.

En base a otros parámetros, las simbiosis pueden ser facultativas u obligatorias. Estos términos se explican bastante bien de forma rápida: en el primer caso, ambos elementos pueden vivir por sí solos pero se benefician de la interacción, mientras que en otros la vida de uno no se puede concebir sin el otro. Un caso muy curioso de simbiosis facultativa es el de ciertos pájaros en las espaldas de grandes mamíferos: las aves desparasitan a bueyes y rinocerontes (entre otros), desparasitándolos, pero si no hay comida, se la buscan por sí mismas.

Por otro lado, un ejemplo claro de la simbiosis obligada son los líquenes, producto de una estrecha unión evolutiva entre un hongo y un alga o cianobacteria. El alga es capaz de realizar la fotosíntesis, así que le otorga al hongo materia orgánica sin mayor dificultad. Por su parte, la estructura hifal del elemento fúngico captura agua y sales minerales del medio, defendiendo así al alga de la desecación por seco que sea el entorno. En este caso, ninguno de los 2 elementos sobreviven en el medio sin el otro.

Grado de simbiosis en los seres vivos

Otra forma de entender los procesos simbiontes en los seres vivos es colocando en una escala numérica el nivel de interacción entre los participantes. En base a este parámetro, podemos crear la siguiente lista o ranking:

1. Grado de menor interacción

Los integrantes establecen una relación de comportamiento, es decir, viven juntos, se buscan y han aprendido a interactuar de forma positiva.

2. Grado metabólico

Es el caso de los líquenes. Generalmente, en estas ocasiones el exudado o producto metabólico de uno de los integrantes es el alimento del otro.

3. Grado de interacción alta

Por ejemplo, las proteínas de uno de los integrantes de la simbiosis es imprescindible para el otro. Este es el caso de muchos vegetales.

4. Máximo grado de integración

Se produce una transferencia de material genético y la consiguiente fusión de los simbiontes, generando así un nuevo ser vivo donde antes habían 2.

¿Simbiosis o altruismo?

Es muy común en nosotros humanizar al resto de seres vivos, pues creemos que estos se rigen por los códigos morales y éticos arbitrarios que hemos establecido. Nada más lejos de la realidad. En la naturaleza, nada se hace al azar o por desinterés, al menos en la inmensa mayoría de animales.

Así pues, una simbiosis se puede ir al garete a lo largo de la historia evolutiva de ambas especies si esta deja de reportar beneficios para alguna de las partes. En cuanto una de las especies comienza a “perder” en la relación, el mecanismo se desestabiliza y pueden surgir problemas, desembocando incluso en fenómenos de parasitismo. Te ponemos un ejemplo.

Un claro caso que ejemplifica lo relatado es el de los picabueyes, 2 especies de aves pertenecientes a la familia Buphagidae. Estos simpáticos pajarillos negros se posan en las espaldas de grandes mamíferos y, de forma simbiótica, les extraen los insectos y parásitos que se asientan sobre su piel. Hasta aquí, ambos participantes se ven claramente beneficiados, ¿verdad?

Lo que sucede es que a estos pájaros les encanta la sangre, y por ello, tienen predilección por las garrapatas hinchadas presentes en la superficie del mamífero. Cuando no hay suficientes de ellas o el ave necesita un aporte calórico extra, a veces se encarga de mantener la herida abierta y succionarla directamente del hospedador. Donde antes había una simbiosis, se ha cruzado una línea que desemboca en el parasitismo.

Resumen

Como hemos podido ver, el término “simbiosis” presenta más matices de los que en un principio se podría esperar. En la naturaleza no todo es blanco o negro, pues los sistemas biológicos se ven influenciados por el ambiente y pueden cambiar en cualquier momento. Cuando una especie deja de reportar a otra beneficio, en el mejor de los casos uno de los integrantes se separa, y en el más extremo, el dominante subyuga al otro y lo depreda o lo parasita.

El término “empatía” no existe de forma clara en la mayoría de los integrantes del reino animal, y fenómenos como estos lo ejemplifican a la perfección. Para los seres vivos, lo único que importa es la transmisión de genes y la permanencia de su especie, al coste y perjuicio que sean necesarios. Sin duda, la naturaleza es tan bella y fascinante como cruel.

Referencias bibliográficas:

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