La sordera puede hacer que su adquisición del lenguaje sea deficiente. Unsplash.

El sistema auditivo, como ocurre en el resto de modalidades sensoriales, necesita que se produzca de forma normativa la entrada de estimulación sonora con tal de que el desarrollo anatómico-funcional del mismo se efectúe correctamente. El sistema auditivo se compone de tres conjuntos de estructuras.

Por ello, es importante prevenir los posibles problemas del desarrollo del lenguaje en niñas y niños con deficiencias auditivas, ya que esta etapa vital es clave en la formación de los procesos cognitivos que interactúan con el uso de conceptos abstractos y palabras. En este artículo repasaremos varias claves a tener en cuenta en este sentido.

Desarrollo lingüístico en niños con deficiencia auditiva

Ante la presencia de una deficiencia auditiva significativa durante la infancia, la capacidad lingüística puede verse afectada de forma muy variable dependiendo del área más perjudicada, pudiendo diferenciarse entre vocabulario, gramática, articulación, fluidez, comprensión, pronunciación, etc.

Además del tipo de afectación que presente el niño, el desarrollo del lenguaje también se ve influido por la naturaleza y calidad de entorno comunicativo que le rodea, por ello parece conseguirse una mayor habilidad lingüística si la madre es oyente respecto del caso en que tanto la madre como el hijo son sordos.

Más concretamente, en lo referente a cómo se produce el desarrollo lingüístico del niño sordo se observa que, durante los primeros 9 meses, estos bebés presentan un nivel de vocalización similar al de los niños no sordos. En ese momento se empiezan a observar discrepancias sobre la cantidad y la calidad de las producciones orales de los pequeños. Esto es debido a que el bebé no recibe los suficientes refuerzos ambientales que lo alienten a realizar dichas verbalizaciones.

A grandes rasgos puede decirse que el desarrollo de un niño sordo respecto de otro que no lo es se efectúa siguiendo las mismas fases en ambos casos, aunque en el niño sordo se produce más lentamente. En el área de la sintaxis se observan muchas dificultades, hasta el punto que no llegan a dominar las estructuras complejas aún a los 18 años (hito que sí se da en chicos oyentes a la edad de 8 años). Así, el contenido de las emisiones son más simples, con menos contenido significativo en plurales, preposiciones, conjunciones o pronombres, así como ocurren alteraciones en elementos de la oración como en los plurales, los tiempos verbales o el género.

La pronunciación se encuentra intensamente alterada en relación a la entonación, ritmo, tiempo, etc., además de otras distorsiones sintácticas graves. En cuanto a la comprensión, el niño debe valerse de claves visuales que le ayuden a entender la estimulación recibida. Utilizan además, la lectura labio-facial y otros métodos complementarios que les faciliten la diferenciación entre movimientos labiales compartidos por distintos fonemas o fonemas que no poseen movimientos visibles labiales.

Diferencias en el desarrollo morfosintáctico

Las investigaciones que han intentado estudiar las diferencias que tienen lugar entre el desarrollo morfosintáctico de un niño oyente respecto de otro sordo demuestran que es segundo presenta tanto desviaciones como retrasos en el aprendizaje gramatical y de la morfosintaxis, en concreto.

De forma más detallada, los estudios han hallado que la longitud de las oraciones es significativamente inferior en chicos sordos de 17 años respecto de las que logran construir niños oyentes de 8 años. Relacionado con ello, se ha encontrado que los chicos sordos no elaboran frases complejas, a diferencia de los niños oyentes de 11 años, los cuales empiezan a dominar esta capacidad.

Además, las construcciones oracionales de los niños con deficiencia auditiva son poco variadas sintácticamente y se observa en menor grado la utilización de adjetivos, auxiliares y conjunciones en contraposición a un mayor uso de nombres y verbos (los cuales se les puede atribuir más significado, por lo que resulta más accesible la evocación al concepto que representan), artículos, los pronombres y preposiciones también son escasos en chicos no oyentes. Así, las mayores diferencias entre un colectivo y otro hacen referencia al empleo de palabras “función”.

Otro grupo de investigaciones ha hallado tres conclusiones principales en la comparativa entre niños oyentes y sordos: para estos últimos resulta mucho más complejo la aplicación de estructuras que incluyen pronombres, la conjugación de los verbos y la formación de frases extensas; los sordos no alcanzan un completo desarrollo del lenguaje a los 18 años aunque la evolución del aprendizaje del lengaje es progresivamente positiva para frases simples (no así en las complejas); el mayor número de errores se concentran en el uso de palabras función en el grupo de los no oyentes.

Finalmente, a nivel neurofisiológico, otros estudios pretenden analizar el nivel de especialización en el hemisferio izquierdo a través de la actividad registrada por potenciales evocados tras la presentación de unas listas de palabras determinadas.

El resultado obtenido hace notar una discrepancia en la zona cerebral activada durante dicha tarea entre los oyentes y los sordos: las áreas cerebrales anteriores izquierdas eran activadas por las palabras función, mientras que las zonas zonas parietales posteriores, tanto en el hemisferio derecho como en el izquierdo, se activaron para las palabras con contenido semántico. Así, puede concluirse que la habilidad de dominio morfosintáctico depende de la modalidad en que se produzca la estimulación lingüística recibida.

Orientaciones en la optimización del aprendizaje del lenguaje oral

Silvestre (1998) ha propuesto un listado de condiciones consideradas óptimas para que pueda darse el aprendizaje de la lengua oral de forma adecuada.

1. La implicación familiar

Se recomienda una elevada frecuencia de intercambios entre padres e hijoS para potenciar la estimulación recibida por este, asegurando un mayor nivel de progreso.

2. Atención educativa temprana

Con la finalidad de alcanzar el mayor grado de desarrollo posible atendiendo a los periodos sensibles de mielinización y plasticidad neuronal.

3. Adaptación correcta del audífono

Indispensable para una correcta interacción entre le niño y el ambiente.

4. Reeducación auditiva temprana

Esencial para compensar en la medida de lo posible las deficiencias presentadas en cada caso concreto.

5. Aquisición de la lectura labio-facial

Deviene un requisito para la comprensión del lenguaje oral recibido por parte del interlocutor presente.

6. Desarrollo comunicativo y cognoscitivo

Puesto que existe una estrecha relacion entre el desarrollo orgánico y el psíquico, se debe actuar para impedir que dificultades en el primero (deficiencia auditiva) conlleven perjuicios en el segundo (psicopatología o malestar emocional o cognitiva).

Referencias bibliográficas:

  • Marchesi, A. (1987). Desarrollo cognitivo y lingüístico de los niños sordos. Madrid: Alianza editorial.
  • Peña , J. (1992). Manual de logopedia (3a ed.). Barcelona: Masson.
  • Puyuelo, M., RONDAL, J., WIIG, E. (2002) Evaluación del lenguaje.1a reimpresión. Barcelona: Masson.
  • Puyelo, M. (2004) “Manual del desarrollo de la sordera” Barcelona. Masson.
  • Silvestre, N. (1998) Sordera .Comunicación y aprendizaje. Barcelona. Masson.