Genética y ambiente han despertado un gran y largo debate durante la historia de la psicología. Durante el siglo pasado no eran pocos quienes defendían la postura del determinismo genético, mientras que otros aseguraban que, si se controlaban las influencias ambientales se podría fortalecer cualquier postura en un individuo.

Con el paso del tiempo, la comunidad científica zanjó la riña acordando que estos dos aspectos influían por igual, mitad uno mitad otro, pero, ¿y si no es realmente así? ¿y si la conducta se debe, también, a factores aleatorios, impredecibles? Es aquí donde entra la idea de ruido.

Se entiende por variación estocástica en Psicología la variación en personalidad y conducta que no es atribuible ni a genes ni a ambiente, una idea que vamos a explicar describiendo más a fondo la idea de ruido, poniendo ejemplos varios y relacionándolo con los rasgos de personalidad.

Genes, ambiente y ¿ruido? La variación estocástica

Es prácticamente un mantra el de que aspectos varios de cada uno, esto es, sus diferencias individuales, son una mezcla de dos factores: genética y ambiente.

Unos eran partidarios del determinismo genético, es decir, cada uno nacía con sus genes que configuraban como iba a ser, sin modificación alguna durante su vida.

Otros, en cambio, confiaban en el medio, combinado con influencias ambientales y sociales, para cambiar aspectos como la personalidad y la inteligencia del individuo.

Los debates sobre qué era más importante, si la genética (“nature”) o el ambiente (“nurture”) se intensificaron a lo largo del siglo pasado, pero ya para finales del mismo se acordó, de forma salomónica, la influencia de estos dos aspectos: “fifty-fifty”. Los genes y el ambiente influían por igual, quizás uno más en unos aspectos y el otro, en otros.

Gran parte de la investigación se ha centrado en averiguar cómo el ambiente influye por encima de la genética, bajo la creencia de que si se conocen todas las influencias es posible predecir aspectos como enfermedades y trastornos mentales, además del desarrollo en la personalidad, físico y mental. Esto tiene ciertamente mucho sentido, pero el problema es que con la investigación se vio que genes y ambiente no explicaba toda la variabilidad, especialmente en casos de individuos genéticamente idénticos y con mismo ambiente.

Todo lo que no es atribuido a la genética es atribuido al medioambiente. Es así como se suele concluir en muchos experimentos realizados con gemelos idénticos separados al nacer. En la medida en que se diferencien, eso será debido a que se criaron por separado, a haber vivido en ambientes distintos.

El problema es que en gemelos idénticos criados en el mismo entorno, criados en el mismo hogar, yendo a la misma escuela, incluso a la misma clase, siendo vestidos de la misma forma y un largo etcétera, presentan algunas diferencias. Algunas veces estas diferencias son muy notorias, como preferencia política, gustos u orientación sexual, ¿cómo se explica todo esto? Esta cuestión tiene una respuesta, que no es que sea muy elegante pero parece valerle a la comunidad científica: es a causa del ruido.

Incluso en un mismo individuo, hay diferencias entre célula y célula con misma función. Así se ha visto en células que unas manifiestan un comportamiento errático, propio de una célula tumoral, mientras que otras del mismo tipo, no. Yendo a estructuras más grandes, tenemos diferencias entre el lado derecho e izquierdo de la cara, el cuerpo y el cerebro, y la genética no le da explicación a este factor. Que la cara no sea exactamente simétrica podría deberse a un comportamiento, llamemoslo caprichoso, de las células que la conforman, más que a genética o ambiente.

El nombre de ruido no es casual. Los científicos han llamado ruido a esta variable porque, al igual que el ruido sonoro, es algo impredecible, no sistemático. Tratar de aislar el ruido y medirlo es algo que se podría denominar cuanto menos paradójico. ¿Cómo se mide lo que no se puede predecir? Se puede jugar con el genoma, se puede jugar con el ambiente, se puede jugar con la fisiología, activando ciertas células, controlando los estímulos, pero no puedes controlar ni cambiar la variación, está ahí.

El curioso caso de los marmorkrebs

En la década de los noventa una nueva especie apareció en partes de Europa, Japón y Madagascar. Una especie de pequeña langosta que habitaba en aguas de todo tipo: los marmorkrebs.

Estos pequeños crustáceos aparecieron de repente, siendo clasificados como una nueva especie. Por lo visto, seguramente durante el 1995, algún individuo de cangrejo doméstico sufrió una mutación que le permitió reproducirse asexualmente, haciendo que toda su descendencia constituyerá una nueva especie, todas ellas hembras capaces de reproducirse a partir de huevos sin fertilizar. A alguien se le escapó uno de los mutantes, que reprodujo rápidamente y amenazando los ecosistemas.

Una de las leyes de la naturaleza es que los organismos que se reproducen asexualmente son muy homogéneos genéticamente. Esto tiene un pro y un contra. El pro es que se garantiza el pase de los genes a la siguiente generación, dado que hay cientos de réplicas de un mismo genoma, pero ahí viene la contra, y es que al ser todos iguales, si su genoma no es adaptativo, difícilmente va a sobrevivir alguno ante un entorno poco favorable. Pero este no fue el caso de los pequeños cangrejos.

A pesar de su uniformidad genética, los marmorkrebs presentan diferencias en color, tamaño, comportamiento e, incluso, longevidad. Pese a ser clones son diferentes, tienen diversidad. El sentido común nos diría que, bueno, pese a ser iguales genéticamente, no hay que descartar las influencias ambientales. Los marmorkrebs criados en un clima templado quizás se han adaptado para adaptarse a él, mientras que otros lo han hecho para climas fríos. La naturaleza les ha puesto la situación y ellos han sabido adaptarse a la misma. Pero es que hay demasiadas diferencias en una misma población para que sea así.

Este es un ejemplo claro de cómo la genética y el ambiente no tienen el control de absolutamente todo en el desarrollo de un individuo. Si fuera así, cabría esperar que todos los individuos de marmorkrebs serían iguales en una determinada región, pero no es el caso. Incluso los que viven en el mismo río, con los mismos factores ambientales y la misma genética, presentan diferencias. Algo en sus células se ha activado de forma caprichosa para que sean diferentes.

Variación estocástica en Psicología

La variación estocástica parece jugar un papel muy importante en cuanto a rasgos de personalidad se refiere. Volviendo lo mencionado de los gemelos, ¿quien no conoce a gemelos idénticos criados en la misma casa que son como la noche y el día? No son pocas las parejas de gemelos monocigóticos que, pese tener el mismo genoma y (casi) el mismo ambiente se comportan de forma muy diferente, incluso presentan diferencias muy destacables como gustos, rendimiento escolar, sexualidad o ideología política.

Por lo visto, durante el desarrollo, los cerebros son órganos en los que más variación estocástica se da, es decir, variación aleatoria. Unas neuronas se conectan, otras pierden conexiones, sinapsis por aquí y sinapsis por allá. Parece un caos, una situación que, por lo visto, es lo que puede hacer grandes cambios inesperados en el comportamiento y la personalidad del individuo una vez haya madurado.

Son muchos los genes que se han encontrado que permiten comprender la variación tanto anatómica como comportamental de las personas, los que estarían detrás de sus diferencias individuales. Alterando estos genes, se podría medir, quizás, la importancia y capacidad del ruido tan impredecible.

Esto se observó en el ámbito experimental, pero con moscas. Una investigación del 2013, llevada a cabo por el grupo de Hassan encontraron esta conexión y desconexión de neuronas aleatoria en los cerebros de estos insectos que eran genéticamente iguales. Las conexiones neuronales de estas moscas variaban de individuo en individuo, pese a tener todas el mismo genoma criarse de la misma manera. Incluso presentaban diferencias intraindividuales, habiendo asimetrías entre los hemisferios izquierdo y derecho. Eran estas asimetrías, surgidas de la nada aparentemente, las que explicarían las diferencias en cuanto a su comportamiento.

De hecho, en base a sus experimentos, modificando tanto el genoma de las moscas como viendo su comportamiento, los científicos atribuyeron entre el 35% y 40% del comportamiento de las moscas como resultado del azar, esto es el ruido. Los propios científicos llegaron a afirmar que, dependiendo del carácter, el ruido sería el responsable del 50% de la variabilidad de rasgos de personalidad y comportamental.

Referencias bibliográficas:

  • Masotti, A. L. (2000). Variabilidad estocástica genética, epigenética y conductual y el proceso de individuación. Imago agenda 45.
  • Linneweber, G. A., Andriatsilavo, M., Bias-Dutta, S., Bengochea, M., Hellbruegge, L., Liu, G. … Hassan, B. A. (2013). A neurodevelopmental origin of behavioral individuality in the Drosophila visual system. Science, 367(6482), 1112-1119.