La fama viene con ciertos riesgos.

Recientemente saltó a los medios un nuevo ejemplo del alto precio que pagan algunas personas por la fama. Demi Lovato, la estrella Disney por la que suspiran miles de jóvenes, confesó su adicción a la cocaína y al alcohol.

Años y años de intentar convencerse de que controlas un mundo vertiginoso, sin darse cuenta que las adicciones son una ruleta rusa donde es muy difícil salir airoso. Todo un esfuerzo constante de mostrar una imagen de triunfadora, glamour y éxito, mientras la realidad llamaba a su puerta en forma de sufrimiento, decepciones y alteraciones mentales.

La propia estructura Disney así lo potenciaba, mostrando jóvenes en una fiesta permanente donde los referentes familiares eran casi inexistentes. Hizo de la negación y de la ocultación una forma de vida, en la que priman más seguir exprimiendo los resultados económicos que la propia persona. La imagen artística acabó por destruir a la persona que luchaba por lograr encajar.

La relación entre las adicciones y el éxito económico

El abuso de sustancias y el alcoholismo tienen una alta relación con las enfermedades mentales y en el presente caso no podía ser menos. Episodios maníacos, depresión, trastorno bipolar y bulimia eran algunas de las enfermedades que se intentaban ocultar tras una sonrisa y una campaña de marketing.

Quizá el caso de Demi Lovato es el más reciente, pero no el único. Casos muy llamativos como el de Amy Winehouse, con su muerte a los 28 años y recién alcanzada cima, Whitney Houston, Michael Jackson o Elvis Presley, nos ponen ante una lista interminable de personas que conocieron la maldición de una fama mal asimilada.

¿Es la fama peligrosa?

Un estudio realizado por los investigadores C.R. Epstein y R.J. Epstein, profesores de la facultad de medicina de la Universidad de Queensland, titulado Death in The New York Times: the price of fame is a faster flame, pone ante nosotros unas conclusiones abrumadoras. La vejez se muestra como la causa de muerte mayoritaria en funcionarios, profesionales liberales, académicos, profesores y médicos, mientras que resulta minoritaria en cantantes, actores, actrices y profesionales creativos.

El segundo grupo, vinculado a la “fama”, presentaba una mayor relación con las denominadas drogas “recreativas”, además de la utilización de drogas psicoactivas como los ansiolíticos y los opiáceos como estrategias de afrontamiento que se demuestran a largo plazo letales. El abuso de tabaco y el consumo excesivo de alcohol se diferenció de manera muy significativa con el primer grupo de “no famosos”, detectándose un mayor número de no fumadores y no bebedores en esté grupo.

Los investigadores indicaron que el cáncer, particularmente los tumores en los pulmones, eran más comunes entre los artistas. Por otro lado, el estudio marca que las presiones psicológicas y familiares de tener una vida pública exitosa conducen a tendencias autodestructivas a lo largo de sus vidas.

Si bien es cierto que en muchos casos de famosos fallecidos se observan ejemplos de una educación demasiado permisiva, abusos o malos tratos, éstas personas estarían más dispuestas a dar por bien empleados los graves costos psicológicos y físicos que repercutirán en su vida si eso le conduce a la fama, entendiéndolo como un “precio” a pagar necesario.

La trampa del "todo disponible"

Resulta a veces complicado para una persona algunas veces en pleno desarrollo, ver que de un día para otro todo lo que le acompaña son sonrisas, alabanzas, fans, dinero y facilidades. Un mundo que se extiende a sus pies como una alfombra roja donde todo lo que puede pasar por sus mentes está disponible al momento con sólo pedirlo.

Un mundo sin límites donde en ocasiones los artistas son exprimidos al máximo por discográficas, representantes o sus propios familiares sin importarles las consecuencias de crearles un mundo irreal donde todo está permitido.

El actor James Dean con su frase “Sueña como si fueras a vivir para siempre, vive como si fueras a morir hoy”, puso ante nosotros los ingredientes de la receta del éxito: fama y dinero. La historia tenebrosa de la fama se empeña en demostrar que algunos de quienes lo saborean no logran asimilar su trascendencia y acaban siendo devorados por sus propias sombras.

Referencias bibliográficas:

  • C.R. Epstein, R.J. Epstein; Death in The New York Times: the price of fame is a faster flame, QJM: An International Journal of Medicine, Volume 106, Issue 6, 1 June 2013, Pages 517–521, https://doi.org/10.1093/qjmed/hct077.

Ismael Dorado Urbistondo