Según Howard Gardner, las personas que se dedican a la danza destacan por esta habilidad. Wikimedia Commons.

Desde el preciso trabajo de un cirujano salvando vidas al grácil y sinuoso movimiento de un bailarín, pasando por el dominio de los sutiles gestos que dan verosimilitud a las acciones de un actor, el ejercicio de cualquiera de estas profesiones requiere un elevado grado de capacidad.

La mayoría de personas podría pensar que estamos hablando de capacidad física, pero lo cierto es que hay mucho más: coordinación, procesamiento y expresión de información y el control del propio cuerpo y lo que este produce. De hecho, lo que manifiestan todos estos individuos no es sino una forma de inteligencia, que Gardner ya valoraba en su teoría de las inteligencias múltiples: la inteligencia corporal o kinestésica.

La teoría de las inteligencias múltiples de Gardner

La inteligencia corporal kinestésica o cinestésica es una de los ocho tipos básicos de inteligencia propuestos por Howard Gardner en su Teoría de las Inteligencias Múltiples. De cara a facilitar la comprensión de este concepto, resulta conveniente en primer lugar valorar qué supone esta teoría.

La Teoría de las Inteligencias Múltiples parte de la idea concebida por Howard Gardner y diversos colaboradores de la universidad de Harvard del hecho de que el tipo de conocimientos valorados en el ámbito educativo y académicos no suelen dar suficiente información con respecto a la capacidad intelectual o inteligencia, entendida como la capacidad o conjunto de capacidades que permiten el análisis y solución de problemas así como la correcta adaptación al entorno.

El autor, visualizando que precisamente la mayoría de tests de inteligencia, el propio concepto de Cociente Intelectual y las concepciones de esta como una capacidad única se centraban en lo verbal y lógico (el mismo tipo de información que se valora mayoritariamente a nivel académico), llegó a la conclusión de que aunque hasta el momento no estaban consideradas como tales existen otras capacidades más allá de lo verbal y lógico imprescindibles para la adaptación y el comportamiento “inteligente” en el medioo.

Gardner elaboró una teoría en la que proponía que el éxito, rendimiento e incluso capacidad intelectual y adaptativa dependían no de la capacidad lógico-verbal sino de un conjunto de habilidades comunes en todos los seres humanos, en mayor o menor grado, entre los que las anteriores solo eran una de ellas. Se apoyó asimismo en el conocimiento de casos de genialidad y habilidades extraordinarias entre sujetos con poca habilidad a la hora de razonar verbalmente. En conclusión: Gardner propuso que existen diferentes tipos de inteligencia.

La Teoría de las Inteligencias múltiples propone, derivándose de la investigación realizada por el propio Gardner, un total de ocho inteligencias (si bien la teoría no se cierra a la posibilidad de que existan más). Ellas son la inteligencia lógico-matemática, la inteligencia lingüística, la inteligencia espacial, la inteligencia musical, la inteligencia interpersonal, la inteligencia intrapersonal, la inteligencia naturalista y por último la inteligencia que da lugar al presente artículo: la inteligencia corporal-cinestésica.

La inteligencia corporal: ¿qué es?

Recibe el nombre de inteligencia corporal el conjuntO de habilidades cognitivas que permiten la coordinación de la mente con el resto del cuerpo permitiendo un control fluido y preciso de éste. Gracias a ella somos capaces de gestionar nuestra fuerza, equilibrio, velocidad, coordinación o precisión, siendo un tipo de inteligencia que permite la automatización y el aprendizaje de habilidades. Obviamente, se encuentra también vinculada a la motricidad tanto fina como gruesa.

El uso de este tipo de inteligencia es muy variado y permite la correcta adaptación al entorno y a la consecución de metas y objetivos. Principalmente utilizamos este tipo de inteligencia a la hora de manejar instrumentos y herramientas, tanto si son simples como complejos o de alta precisión, Y también se integra dentro de la inteligencia corporal la capacidad de expresión emocional a través del movimiento del cuerpo.

Este último aspecto tiene también importantes implicaciones en otro sentido, y es que se deriva del hecho de que la psique tiene una gran influencia sobre el cuerpo y el cuerpo sobre la psique. De este modo, saber gestionar el cuerpo va a implicar también una mejoría en la gestión de la mente a nivel de autoconocimiento y autorregulación.

Estas consideraciones sobre la inteligencia corporal es la que hace que se considere que este tipo de inteligencia está especialmente desarrollada en profesiones que requieren de gran precisión o capacidad física, tales como la actuación, la danza, la pintura, la artesanía o la cirugía.

Una capacidad mental poco valorada

La inteligencia corporal es una capacidad de gran valor, siendo de hecho fundamental para el ser humano su desarrollo e incluso su evolución (el manejo de instrumentos y herramientas ha sido básico para permitirnos cazar y sobrevivir en la prehistoria, y según hemos ido evolucionando ha sido cada vez más necesaria de cara a manejar nuestras interacciones sociales y el progreso de la tecnología).

Sin embargo, pese a su gran importancia se trata de una inteligencia muy poco valorada: basta con ver el poco tiempo y la poca consideración que tiene la educación física a nivel educativo, o la poca valoración social que se le da a la mayoría de profesiones que la precisan (salvo profesionales de gran éxito, la mayoría de personas que entran en mundos como la danza y la actuación son vistos como parte de un mundo aparte e incluso ninguneadas, y profesionales como los artesanos hoy en día son raros y socialmente poco tenidos en cuenta). La excepción se daría en casos como los vinculados a la medicina.

Tal vez sería necesario establecer un cambio de mentalidad y empezar a valorar que nuestro cuerpo y la manera en que lo manejamos son igual de importantes que el conocimiento convencional, pues al fin y al cabo en nuestro día a día no nos limitamos a saber sino también a hacer.

Referencias bibliográficas:

  • Gardner, H. (2003). La inteligencia reformulada: Las inteligencias múltiples en el siglo XXI. Editorial Paidós.