Cada segundo que nos encontramos despiertos, nuestros sentidos recogen información del exterior y de nuestros órganos internos. Toda esta información no se encuentra en nuestro cerebro de forma aleatoria y caótica, al contrario, nuestro cerebro es una gran máquina de asociación que organiza nuestra percepción del mundo gracias a dos estructuras cognitivas: los esquemas y categorías.

Ambas son estructuras que asocian y manejan la información que recibimos proporcionándonos valiosas representaciones e interpretaciones de la realidad, fundamentales para orientarnos y guiar nuestro comportamiento hacia los objetivos que nos proponemos.

Los esquemas cognitivos

Los esquemas cognitivos son las herramientas cognitivas que poseemos las personas para organizar el conocimiento sobre un concepto, ya sea una persona, situación, rol o grupo. El ser humano tiene la necesidad de sintetizar y organizar la información. No somos capaces de integrar toda lo que nos llega en cada momento, por lo que tenemos que seleccionar, simplificar y enfatizar lo importante. Pero entonces, ¿bajo qué criterio se lleva a cabo esta distribución de la información que llevan a cabo los esquemas? De esta simplificación se encargan nuestros intereses, valores, emociones y gustos.

Los esquemas son activados por situaciones de la vida cotidiana. Los estímulos activan el esquema, y una vez activado el esquema rellena la información que falta o crea expectativas sobre lo que seguramente va a acontecer o lo que seguramente sea algo. Son filtradores de la realidad.

Tener esquemas implica siempre tener expectativas sobre cómo actúan las personas y cómo van a suceder distintos acontecimientos. Por ejemplo, nuestro esquema de una clase magistral implica una serie de expectativas sobre cómo va a transcurrir una clase, si se produjera algo nuevo durante el transcurso de la clase, esta nueva información activaría nuestra atención y se añadiría como posible nuevo elemento en el esquema tras una previa ruptura de esquema ya que esa nueva información no estaba en el esquema por lo que nos sorprende y puede que no sepamos reaccionar.

Existen sujetos muy esquemáticos que se guían por muy pocos esquemas y solo utilizan estos pocos para organizar toda la información y para actuar. Ej: alguien que lo relaciona todo con el fútbol, y actúa siempre dirigido y sentido a este.

Esquemas de personas

Los esquemas de personas agrupan la información organizada sobre los distintos rasgos, objetivos, motivaciones y conductas asociadas a diferentes tipos de personas. Tener esquemas de personas determina lo que espero de cada persona dependiendo de la etiqueta que hayamos establecido sobre esta. Estos esquemas determinan el tipo de relación que mantenemos con los demás.

Esquemas de causalidad

Los esquemas de causalidad son creencias basadas en la experiencia acerca de cómo ciertos tipos de causas interactúan para provocar un efecto. Es una forma que tiene nuestro cerebro de establecer asociaciones entre actos y consecuencias, entre causas y efectos.

Auto esquemas

Los auto esquemas son la representación estructurada del conocimiento sobre uno mismo. Se pueden entender como teorías que la persona tiene sobre sí misma en distintos ámbitos. Es decir, generalizaciones cognitivas sobre uno mismo.

Esquemas de eventos o situaciones

Los esquemas de eventos o situaciones son conocimientos organizados sobre una secuencia de acontecimientos que aparecen en determinadas situaciones sociales cotidianas. Imponen un orden lineal-temporal al representar la secuencia de interacciones que se dan en el escenario. Son compartidos por personas que pertenecen a los mismos grupos culturales.

Las categorías

En psicología, cuando hablamos de categorías, nos referimos a las estructuras encargadas de clasificar elementos en función de su semejanza. Categorizar supone simplificar ya que las categorías relacionan elementos.

Los elementos que comparten la categoría se agrupan en torno a un prototipo que es el elemento que mejor representa la categoría. El prototipo puede ser definido como los ejemplares más representativos de la categoría, es decir, un conjunto de características significativamente asociadas a los miembros de la categoría. Una representación cognitiva de las características típicas/ideales que definen una categoría. La asignación de un objeto, persona o situación social a una categoría se hace a partir de su semejanza con el prototipo.

A medida que nos alejamos del prototipo, los miembros se transforman en ejemplos cada vez menos representativos de la categoría.

Las consecuencias de categorizar

Categorizar de forma intuitiva a las personas y sin tener en cuenta toda la información disponible en el entorno, nos puede llevar a caer en el sesgo de representación, que consiste en clasificar en una categoría social a una persona por el simple hecho de tener atributos que pertenecen al prototipo de esa categoría. No todos los que llevan gafas son unos intelectuales ni todos los que llevan barba son más varoniles.

Asimismo, según el paradigma del grupo mínimo de Tajfel, el simple hecho de categorizar a alguien en un grupo social, es condición suficiente para que se produzcan conductas discriminatorias y acentuar las semejanzas entre miembros de un mismo grupo y diferenciar entre miembros pertenecientes a distintas categorías sociales.

La categorización es un proceso de adaptación social, pero una de las consecuencias más importantes de dividir el mundo en categorías (raza, edad, sexo, religión, grupos sociales) es que da lugar a estereotipos, prejuicios y la discriminación.

Esto da lugar a una conclusión tan triste como real que ya fue postulada por Henri Tajfel a principios de 1970: discriminar no es propio de las malas personas, sino que es condición humana por el mero hecho de categorizar socialmente a los demás.