Las neuronas son fundamentales para la transmisión de impulsos electroquímicos a través del sistema nervioso. Sin embargo, no pueden cumplir este rol por ellas mismas: requieren el apoyo de las células gliales para tareas muy distintas, como el aporte de nutrientes, el mantenimiento de la estructura o la aceleración de la propia conducción neuronal.

En esta última función son especialmente importantes los oligodendrocitos, un tipo de célula glial que forma las vainas de mielina que envuelven los axones del sistema nervioso central. En este artículo analizaremos qué son los oligodendrocitos y qué funciones cumplen y describiremos sus dos tipos principales.

¿Qué son los oligodendrocitos?

Los oligodendrocitos son un tipo de célula glial que se encuentra exclusivamente en el sistema nervioso central, es decir, en el encéfalo y en la médula espinal. Estas células crean vainas de mielina alrededor de los axones de las neuronas, aislándolos y aumentando la velocidad de transmisión de los impulsos electroquímicos que los recorren.

En algunos axones las vainas de mielina están separadas en secciones; los espacios no mielinizados se denominan “nódulos de Ranvier”. Estos puntos permiten la conducción saltatoria de los impulsos neurales: en los nódulos de Ranvier los intercambios iónicos con el espacio extracelular regeneran los potenciales de acción, acelerando aún más la transmisión.

La mielinización empieza a producirse antes del nacimiento pero continúa durante las primeras tres décadas de la vida. A diferencia de las células de Schwann, que cumplen funciones similares en el sistema nervioso periférico, los oligodendrocitos pueden llegar a cubrir unos 50 axones distintos gracias a sus múltiples prolongaciones.

Este tipo de glía se forma en la región ventricular ventral de la médula espinal durante el desarrollo intrauterino, más tardíamente que otros tipos de glía. En adultos siguen apareciendo oligodendrocitos a partir de células gliales progenitoras, si bien su número es muy inferior al que hay presente durante la primera neurogénesis.

Las células gliales o glía

Las células gliales componen la mitad del sistema nervioso. Cumplen funciones de soporte en relación a las neuronas: dan estructura a las redes de neuronas, las nutren, mantienen la estabilidad del medio extracelular, regulan el crecimiento de dendritas y axones, reparan lesiones celulares, dirigen la migración neuronal durante el desarrollo embrionario…

Entre las células de glía más numerosas encontramos los astrocitos, que dan estructura a la barrera hematoencefálica (permitiendo el aporte de nutrientes y la limpieza de deshechos en el sistema nervioso), la microglía, que cumple funciones inmunitarias y de regeneración, y las células de Schwann, encargadas de la formación de mielina en el sistema nervioso periférico.

El conjunto compuesto por los oligodendrocitos y los astrocitos, que también se sitúan en el sistema nervioso central, es denominado “macroglía” por el notable tamaño de estos dos tipos de célula en comparación con el resto de glía, especialmente la microglía.

Tipos de oligodendrocito

Se han encontrado dos tipos principales de oligodendrocito: los interfasciculares y los satelitales. Estas dos subclases de célula glial se diferencian principalmente en sus funciones, si bien son muy similares a nivel estructural y molecular.

Los oligodendrocitos interfasciculares, que forman parte de la materia blanca del encéfalo y le dan su color característico, son el tipo básico; cuando se habla de “oligodendrocitos” lo más habitual es que se esté haciendo referencia a estos, puesto que son las células que se ocupan de la formación de las vainas de mielina, el rol principal que se atribuye a los oligodendrocitos.

Por contra, los oligodendrocitos satelitales se incluyen en la sustancia gris debido a que no están implicados en la mielinización. Tampoco se adhieren a las neuronas, de modo que no cumplen un rol de aislamiento. Por el momento no se conoce con exactitud cuáles son las funciones de estos oligodendrocitos.

Funciones de estas células

En este apartado nos centraremos en describir los roles principales de los oligodendrocitos interfasciculares que, como hemos dicho, son más conocidas que las de los satelitales. Estas funciones se asocian principalmente a la formación de vainas de mielina.

1. Aceleración de la transmisión neuronal

Los axones mielinizados envían potenciales de acción a una velocidad mucho mayor que los que no lo están, especialmente si contienen nódulos de Ranvier. Un ritmo adecuado de conducción neural permite el correcto funcionamiento del sistema muscular y del hormonal, entre otras funciones organísmicas, y se ha relacionado también con la inteligencia.

2. Aislamiento de membranas celulares

Las vainas de mielina también aíslan los axones neuronales del medio extracelular; esta función previene la filtración de iones a través de la membrana celular.

3. Estructuración del sistema nervioso

Las células gliales en general cumplen el importante papel de mantener la estructura de las redes de neuronas. Estas células son poco sólidas por sí mismas, de modo que necesitan el soporte físico de la glía, incluyendo los oligodendrocitos.

4. Apoyo al desarrollo de las neuronas

Los oligodendrocitos producen diversos factores neurotróficos, proteínas que al interactuar con neuronas favorecen que se mantengan activas, impidiendo la apoptosis o muerte celular programada. Además promueven la diferenciación celular requerida para la formación de neuronas.

5. Homeostasis del fluido extracelular

Se sabe que los oligodendrocitos satelitales no cumplen los mismos papeles que los interfasciculares porque no forman vainas de mielina. Sin embargo son muy relevantes para mantener el equilibrio homeostático del medio extracelular de las neuronas junto a las que se sitúan; al contrario que los interfasciculares, los satelitales no se unen a estas.

Referencias bibliográficas:

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  • Bradl, M. & Lassmann, H. (2010). “Oligodendrocytes: biology and pathology”. Acta Neuropathologica, 119(1): 37-53.
  • Richardson, W. D.; Kessaris, N. & Pringle, N. (2006). “Oligodendrocyte wars”. Nature Reviews. Neuroscience, 7(1): 11–18.