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En las últimas décadas se ha venido observando un incremento gradual sustancial en el número de separaciones y divorcios respecto de épocas anteriores. Según los datos del INE (Instituto Nacional de Estadística), en 1990 se produjeron unos 95.000 procesos de divorcio. En el año 2000, la cifra fue de unos 98.000; en 2014 se superó el total de 100.000 separaciones legales, un 5,6 % más respecto del índice del año anterior.

Ante esta tendencia al alza, diversas son las investigaciones que han intentado arrojar algo de luz sobre los factores que pueden derivar en la aparición de un sentimiento de insatisfacción conyugal y, en algunos casos, la decisión de poner fin a la relación marital. Veamos algunas de las hipótesis estudiadas al respecto.

¿Qué influye en las relaciones afectivas y en la insatisfacción conyugal?

El aspecto definitorio y común a todas las relaciones íntimas (familiares, amistosas, amorosas, etc.) es la interdependencia. La interdependencia se entiende como la capacidad que tiene un elemento para influir en el otro de forma recíproca y consistente en los pensamientos, emociones y conductas respectivas.

Un factor que influye considerablemente en la forma como se relaciona un individuo con los otros, y en especial con la pareja, es el desarrollo durante la niñez del vínculo afectivo con los padres. Evidencias de trabajos publicados muestran que un vínculo seguro, basado en el afecto y la confianza, se asocia en el futuro con rasgos de afecto positivo, empatía, elevada autoestima e interacciones no conflictivas con los demás.

En referencia a las relaciones maritales, el adulto que ha desarrollado un vínculo seguro en los primeros años de vida, posteriormente busca la intimidad, se siente cómodo dentro de su relación de pareja y no está constantemente preocupado por perderla. Este tipo de personas son capaces de establecer relaciones largas, comprometidas y satisfactorias.

Los vínculos afectivos

Bartholomew y Horowitz han establecido un modelo de clasificación del vínculo afectivo en el adulto que contempla dos dimensiones: autoevaluación positiva vs. negativa y heteroevaluación positiva vs. negativa (Bartholomew y Worowitz, 1991).

Una persona con autoimagen positiva asume que los otros reaccionarán generalmente ante una interacción de forma positiva, será estimado por el otro y tratado correctamente, así que estará cómodo en las relaciones íntimas. Una autoevaluación negativa se relaciona con rechazo por parte de los otros, con lo cual las relaciones íntimas que establezca le generarán ansiedad, inadecuación y dependencia. Estos hechos pueden precipitar que el individuo evite un tipo de relación más próxima y profunda.

Compromisos versus libertad

En un estudio de Baron y Byrne de 2004, los autores hallaron que la mayor parte de los problemas conyugales venían derivados de la pérdida de libertad de cada uno de los miembros puesto que, al no poder actuar de forma unilateral, debían consensuar las decisiones con el otro miembro.

Según se desprende del citado estudio, el deseo de independencia entra en conflicto con la necesidad de intimidad de forma inevitable en la mayoría de casos estudiados.

El fin de la idealización, ¿el inicio del divorcio?

Por otra parte, la visión idealizada del otro que posee cada miembro al inicio de la relación va desapareciendo gradualmente, y con el tiempo pueden tomar más relevancia los aspectos negativos de la pareja que pasaban desapercibidos anteriormente. Los estudios muestran que los cónyuges tienden a sobreestimar su nivel de acuerdo en general y especialmente en el estilo de afrontamiento de los problemas o dificultades.

Es decir, las parejas presentan mayor disparidad de opiniones de lo que ellos mismos consideran realmente. Además, la naturaleza de las verbalizaciones que expresa cada miembro durante una discusión deviene también un factor relevante en la percepción de satisfacción de la relación marital.

Así, dentro de un continuum donde los extremos están delimitados por las variables «destructiva-crítica-irreflexiva» y «constructiva-consensuada-reflexionada», las parejas más insatisfechas se sitúan claramente en la primera tipología.

Dinámicas negativas

Relacionado con lo anterior, las diferencias individuales en hostilidad, presencia de actitudes defensivas hacia la pareja y sentimientos de tristeza, son determinantes en la forma cómo interactúan las parejas. De este modo, se ha mostrado como los cónyuges que expresan más sus sentimientos son más felices: en concreto, se ha concluido que las mujeres satisfechas se definen a sí mismas como expresivas, femeninas y valoran positivamente que sus parejas también sean cariñosas y protectoras hacia ellas. En el caso de los varones, el colectivo se siente más satisfecho si se considera resolutivo y expresivo, detestando por otra parte el hecho de ser rechazado sexualmente por su pareja.

En un estudio que realizaron Fincham y Bradbury a finales del siglo pasado, se extrajo la conclusión de que la insatisfacción marital está determinada principalmente por la sensación de monotonía y aburrimiento percibidos por los miembros integrantes de la pareja y que la discrepancia en la valoración de este aspecto resulta un factor precipitante que marca el inicio del deterioro de la relación matrimonial.

El modelo triangular del amor

Una de las aportaciones que mayor relevancia ha tenido en el ámbito de la distinción entre las diferentes tipologías de amor ha sido la realizada por Sternberg. Con su “Modelo Triangular del Amor” este autor conceptualizó las relaciones amorosas en función de tres componentes básicos: la intimidad, la pasión y el compromiso

Según la propuesta, todas las relaciones amorosas disponen de los tres componentes pero en diferente proporción. Los datos apuntan que aquellas parejas que disponen de los tres componentes de forma equitativa devienen las que tenderán a establecer relaciones más perdurables y satisfactorias. Por el contrario, si las proporciones resultan muy descompensadas se incrementa la probabilidad de que surja el sentimiento de insatisfacción respecto de la relación de pareja.

Veamos pues una breve definición de dichos componentes:

  • La Intimidad se refiere al vínculo y a la unión de los miembros de la pareja a medida que pasan tiempos juntos. 
  • La Pasión es la motivación y la excitación sexual. 
  • El Compromiso indica los elementos cognitivos implicados en la decisión de formar la relación y expresiones de continuar comprometidos con ella.

El ámbito de lo sexual

Finalmente, otros aspectos que pueden influir negativamente en el sentimiento de insatisfacción conyugal son: la percepción que tiene cada uno respecto del tipo y calidad de las relaciones sexuales que mantienen entre sí (Henderson-King y Veroff, 1994) o las emociones negativas ligadas al desempeño profesional que se extienden a la parcela personal y que acaban desbordando la relación marital.

Esta situación puede ser el preludio de una separación o del divorcio.

Concluyendo

En definitiva, tal como se ha podido observar a lo largo del texto, parece ser que los aspectos relativos tanto al establecimiento de un vínculo interdependiente satisfactorio, como a la ruptura de la rutina y la monotonía, una dinámica de comunicación abierta y asertiva o un equilibrio en los componentes intimidad, pasión y compromiso resultan los factores determinantes para favorecer el mantenimiento de una percepción positiva de la relación marital y del interés en su continuidad en el tiempo, siendo elementos que correlacionan negativamente respecto de la aparición del deterioro a nivel conyugal.

Referencias bibliográficas:

  • Baron Robert A. & Byrne, Donn (2004):Psicología social. 10ª Ed. Pearson Prentice Hall: Madrid.
  • Bartholomew, K., & Horowitz, L.M. (1991). Attachment styles amongyoung adults: A test of a four-category model. Journal of Personality and SocialPsychology, 61, 226-244.
  • Fincham, F.D. & Bradbury, T.N. (1988b). The impact of atributions in marriage: Empirical and conceptual foundations. British Journal of Clinical Psychology, 27, 77-90.
  • Henderson-King, D. H., & Veroff, J. (1994). Sexual satisfaction and marital well-being in the first years of marriages. Journal of Social and Personal Relationships, 11, 509–534.
  • Sternberg, R. J. (1986). A triangular theory of love. Psicological review, 93, 2, 119-136.