El psicólogo y teórico Albert Bandura nació en Canadá a finales del año 1925. A punto de entrar en la década de los ‘50, Bandura se licenció en Psicología en la Universidad de Columbia.

Dado su brillante expediente, en 1953 empezó a ejercer la docencia en la prestigiosa Universidad de Stanford. Años más tarde, Bandura ostentó el cargo de presidente en la APA (American Psychological Association).

Sus teorías siguen siendo vigentes hoy en día, y en Psicología y Mente ya nos hemos hecho eco de algunas de ellas:

“La Teoría del Aprendizaje Social de Albert Bandura”

“La Teoría de la Autoeficacia de Albert Bandura”

La Teoría de la Personalidad: antecedentes y contexto

El conductismo es una escuela de la Psicología que subraya la importancia de los métodos experimentales y trata de analizar las variables observables y medibles. Por tanto, tiende a rechazar también todos los aspectos de la psicología que no puedan asirse, todo lo subjetivo, interno y lo fenomenológico.

El procedimiento habitual que usa el método experimental es la manipulación de ciertas variables, para posteriormente valorar los efectos sobre otra variable. A raíz de esta concepción de la psique humana y de las herramientas disponibles para evaluar la personalidad, la Teoría de la Personalidad de Albert Bandura da una relevancia mayor al entorno como génesis y modulador clave de la conducta de cada individuo.

Un concepto nuevo: el determinismo recíproco

Durante los primeros años como investigador, Albert Bandura se especializó en el estudio del fenómeno de la agresión en adolescentes. Pronto se percató que, aunque los elementos observables eran cruciales a la hora de establecer unas bases sólidas y científicas para el estudio de ciertos fenómenos, y sin renunciar al principio de que es el ambiente el que causa el comportamiento humano, cabía también realizar otra reflexión.

El ambiente causa la conducta, ciertamente, pero la conducta también causa el ambiente. Este concepto, bastante innovador, fue denominado determinismo recíproco: la realidad material (social, cultural, personal) y el comportamiento individual se causan mutuamente.

Los procesos psicológicos completan la ecuación (del conductismo al cognitivismo)

Meses después, Bandura dio un paso más allá y empezó a valorar la personalidad como una compleja interacción entre tres elementos: el ambiente, el comportamiento y los procesos psicológicos individuales. Estos procesos psicológicos recogen la capacidad humana para retener imágenes en la mente y los aspectos relacionados con el lenguaje.

Este es un aspecto clave para comprender a Albert Bandura, puesto que al introducir esta última variable abandona los postulados conductistas ortodoxos y comienza a acercarse al cognitivismo. De hecho, Bandura es considerado actualmente como uno de los padres del cognitivismo.

Agregando la imaginación y los aspectos relativos al lenguaje a su comprensión de la personalidad humana, Bandura parte de unos elementos mucho más completos que los conductistas puros, como B.F. Skinner. Así, Bandura analizará aspectos cruciales de la psique humana: el aprendizaje por observación (también llamado modelado) y la auto-regulación.

Aprendizaje por observación (modelado)

De los numerosos estudios e investigaciones que llevó a cabo Albert Bandura, existe uno que fue (y sigue siendo) objeto de especial atención. Los estudios sobre el muñeco bobo. La idea surgió a partir de un video grabado por uno de sus alumnos, donde una niña golpeaba repetidamente un muñeco hinchable con forma de huevo llamado “Bobo”.

La niña atizaba sin piedad al muñeco, mientras le gritaba “¡estúpido!”. Le pegaba, tanto con puñetazos como con un martillo, y acompañaba estas acciones agresivas con insultos. Bandura enseñó el video a un grupo de niños de una guardería, que disfrutaron del video. Más tarde, una vez terminada la sesión de video, los niños fueron conducidos hasta un salón de juegos, donde les esperaba un muñeco bobo nuevo y martillos pequeños. Obviamente, también se encontraban en la sala Bandura y sus colaboradores, analizando la conducta de los retoños.

Los niños no tardaron en agarrar los martillos y ponerse a pegar al muñeco bobo, mimetizando los insultos de la niña del video. Así, al grito de “¡estúpido!”, copiaron todas las ‘fechorías’ que habían visto minutos antes.

Aunque las conclusiones de este experimento quizá no parezcan muy sorprendentes, sirvieron para confirmar varias cosas: los niños cambiaron su conducta sin que existiera ningún refuerzo dirigido a realizar dicho comportamiento. Esto no resultará una reflexión extraordinaria para cualquier padre o docente que haya compartido tiempo con niños, pero sin embargo sí creó un cisma respecto a las teorías de aprendizaje conductuales.

Bandura denominó a este fenómeno “aprendizaje por observación" (o modelado). Su teoría del aprendizaje la puedes conocer a través de este resumen:

“La Teoría del Aprendizaje Social de Albert Bandura”

Modelado: analizando sus componentes

Atención, retención, reproducción y motivación

El estudio sistemático y las variaciones de la prueba del muñeco bobo permitieron a Albert Bandura establecer los distintos pasos involucrados en el proceso de modelado.

1. Atención

Si quieres aprender cualquier cosa, debes prestar atención. Asimismo, todos los elementos que supongan un obstáculo a prestar la máxima atención posible, redundarán en un peor aprendizaje.

Por ejemplo, si estás intentando aprender algo pero tu estado mental no es el más idóneo (porque estás medio dormido, te encuentras mal o has tomado drogas), tu grado de adquisición de nuevos conocimientos se verá afectado. Lo mismo ocurre si cuentas con elementos distractores.

El objeto por el cual prestamos atención también tiene ciertas características que pueden atraer más (o menos) nuestro foco atencional.

2. Retención

No menos importante que prestar una atención adecuada, es ser capaces de retener (recordar, memorizar) aquello que estamos estudiando o intentando aprender. Es en este punto donde el lenguaje y la imaginación tienen un papel importante: retenemos lo que hemos visto en forma de imágenes o descripciones verbales.

Una vez que hemos guardado los conocimientos, imágenes y/o descripciones en nuestra mente, somos capaces de recordar conscientemente esos datos, de forma que podemos reproducir lo aprendido e incluso repetirlo, modulando nuestro comportamiento.

3. Reproducción

Cuando llegamos a este paso, debemos ser capaces de decodificar las imágenes o descripciones retenidas para que nos sirvan para cambiar nuestro comportamiento en el presente.

Es importante comprender que, a la hora de aprender a hacer algo que requiera una movilización de nuestra conducta, debemos ser capaces de reproducir el comportamiento. Por ejemplo, puedes pasarte una semana viendo videos de patinaje sobre hielo, pero no ser capaz ni de ponerte unos patines sin caerte al suelo. ¡No sabes patinar!

Pero si en cambio sí sabes patinar sobre hielo, es probable que la visualización repetida de videos en que patinadores mejores que tú realizan saltos y piruetas redunde en una mejora de tus habilidades.

También es importante, con respecto a la reproducción, saber que nuestra capacidad para imitar comportamientos va mejorando paulatinamente cuanto más practicamos las habilidades involucradas en determinada tarea. Además, nuestras capacidades tienden a mejorar con el simple hecho de imaginarnos a nosotros mismos realizando el comportamiento. Esto es lo que se conoce como “Entrenamiento Mental” y es muy usado por deportistas y atletas para mejorar su rendimiento.

4. Motivación

La motivación es un aspecto clave a la hora de aprender esos comportamientos que queremos imitar. Debemos tener razones y motivos para querer aprender algo, en caso contrario va a ser más complicado focalizar la atención, retener y reproducir dichas conductas.

Según Bandura, los motivos más frecuentes por los cuales queremos aprender algo, son:

  • Refuerzo pasado, como el conductismo clásico. Algo que nos ha gustado aprender anteriormente tiene más papeletas para gustarnos ahora.
  • Refuerzos prometidos (incentivos), todos aquellos beneficios futuros que nos empujan a querer aprender.
  • Refuerzo vicario, que nos dota de la posibilidad de recuperar el modelo como refuerzo.

Estos tres motivos están vinculados a lo que tradicionalmente han considerado los psicólogos como los elementos que “causan” el aprendizaje. Bandura explica que tales elementos no son tanto los “causantes” como sí los “motivos” de querer aprender. Una diferencia sutil pero relevante.

Desde luego, las motivaciones negativas también pueden existir, y nos empujan a no imitar determinado comportamiento:

  • Castigo pasado
  • Castigo prometido (amenazas)
  • Castigo vicario

Autorregulación: otra clave para entender la personalidad humana

La autorregulación (esto es, la capacidad para controlar, regular y modelar nuestro propio comportamiento), es la otra clave fundamental de la personalidad. En su teoría, Bandura apunta a estos tres pasos hacia la autorregulación:

1. Auto-observación

Nos percibimos a nosotros mismos, evaluamos nuestro comportamiento y esto sirve para establecer un corpus coherente (o no) de lo que somos y hacemos.

2. Juicio

Comparamos nuestros comportamientos y actitudes con ciertos estándares. Por ejemplo, solemos comparar nuestros actos con los culturalmente aceptables. O también somos capaces de crear actos y hábitos nuevos, como por ejemplo salir a correr cada día. Además, podemos inculcarnos el valor por competir con los demás, o hasta con nosotros mismos.

3. Auto-respuesta

Si en la comparación que hacemos con nuestros estándares salimos bien parados, nos damos respuestas de recompensa positiva a nosotros mismos. En caso de que la comparación nos cree malestar (porque no nos ajustamos a lo que creemos que sería correcto o deseable), nos damos respuestas de castigo. Estas respuestas pueden ser desde lo más puramente conductual (quedarnos trabajando hasta tarde o pedir perdón al jefe), hasta aspectos más emocionales y encubiertos (sentimiento de vergüenza, autodefensa, etcétera).

Uno de los elementos importantes en Psicología y que sirven para comprender el proceso de autorregulación es el autoconcepto (también conocido como autoestima). Si echamos la vista atrás y percibimos que hemos actuado a lo largo de nuestra vida más o menos de acuerdo a nuestros valores y hemos vivido en un ambiente que nos ha conferido recompensas y elogios, tendremos un buen autoconcepto y por tanto una autoestima alta. En caso inverso, si hemos sido incapaces de vivir de acuerdo a nuestros valores y estándares, es probable que tengamos un pobre autoconcepto, o autoestima baja.

Recapitulando

Albert Bandura y su Teoría de la Personalidad basada en los aspectos conductuales y cognitivos involucrados en el aprendizaje y en la adquisición de comportamientos tuvo un gran impacto en las teorías de la personalidad y en la terapia psicológica. Sus tesis, que partían de los postulados conductistas pero abrazaron elementos innovadores que permitían explicar mejor los fenómenos concernientes a la personalidad humana, le valieron un amplio reconocimiento en la comunidad científica.

Su acercamiento a la personalidad no fue meramente teórico sino que priorizó la acción y la solución a los problemas prácticos vinculados, sobre todo, al aprendizaje en la infancia y la adolescencia, pero también a otros campos de gran calado.

La Psicología científica parecía haber encontrado en el conductismo, en los tiempos en que Bandura daba sus primeros pasos como docente, un lugar privilegiado dentro del mundo académico, donde la base del conocimiento se extrae mediante estudios medibles. El conductismo era el acercamiento preferido por la gran mayoría, puesto que se fundamentaba en lo observable y dejaba a un lado los aspectos mentales o fenomenológicos, no observables y que por tanto no se acoplaban al método científico.

Sin embargo, a finales de los años 60 y gracias a figuras capitales como Albert Bandura, el conductismo ha ido dejado paso a la “revolución cognitiva”. La psicología cognitiva aúna la orientación experimental y positivista del conductismo, pero sin secuestrar al investigador en el estudio de comportamientos observables externamente, puesto que es precisamente la vida mental de las personas los que deben permanecer siempre en la órbita de lo que trata de investigar la Psicología.