Personas simpáticas, descaradas, tímidas, sociales... Son adjetivos que utilizamos a menudo a la hora de hablar acerca de la dimensión social de las personas. Sin embargo, muchos de estos conceptos no solo se encuentran en el saber popular: también la ciencia se ha ocupado de estudiarlos. 

Uno de los temas más interesantes es la relación entre la introversión y la extraversión, así como el estudio de sus bases biológicas.

El precedente: analizando introversión y extraversión

Carl Jung fue el primer autor en trabajar con los conceptos introversión y extraversión de una manera sistemática. En su libro Psychologische Typen (Tipos Psicológicos), Jung habla de dos tipos de actitudes que definen a la persona: aquella cuyos intereses están enfocados hacia afuera y la esfera de lo social, y aquellos orientados hacia el ámbito de lo privado. Son, respectivamente, los tipos psicológicos de la extraversión y la introversión. Además, Jung traza un paralelismo entre la introversión y el arquetipo de lo apolíneo (la introspección, la racionalidad, la mesura) mientras que al tipo psicológico de la extraversión le corresponde lo dionisíaco (el desorden, la búsqueda de lo nuevo y el interés por el mundo de las sensaciones).

Parece evidente que Jung intentó poner énfasis en la relación de incompatibilidad y mutua exclusión entre estas dos categorías. Se trata de actitudes expresamente antagónicas que no solo afectan a nuestra manera de relacionarnos con los demás, sino que van más allá y hablan sobre nuestra manera de relacionarnos con el mundo, sobre nuestra manera de habitar la realidad.

La teoría de Eysenck

El psicólogo alemán Hans Eysenck fue otro de los estudiosos en abordar el tema, si bien él se ciñó al método científico, aunque trabajando desde unas categorías muy parecidas a las de Jung. Eysenck hablaba sobre la personalidad fijándose especialmente en las bases biológicas y genéticas del ser humano, aquello que no es aprendido a través de la experiencia, pero que se expresa mediante nuestra manera de adaptarnos al entorno. Por eso, plantea la relación introversión-extraversión como una dimensión del temperamento presente en todas las personas y que está definida desde la fisiología por niveles de excitación e inhibición (la negación de la excitación) ante los estímulos que vivimos. Los niveles altos o bajos de excitación pueden medirse mediante indicadores como la sudoración, la conductividad eléctrica de la piel y la lectura de ondas cerebrales.

Según esta teoría, pues, y aunque pueda parecer confuso, el introvertido vive en un permanente estado de excitación o "nerviosismo", y por eso los estímulos que experimenta dejan una mayor huella psicológica en él, mientras que las personas extrovertidas tienen "asignado" un estado de relativa inhibición crónica de la actividad cerebral, y su reacción ante los estímulos es menor. A partir de estas tendencias, que de algún modo estarían programadas en los genes de cada persona, el ser humano busca equilibrar estos niveles de actividad en su interacción con el medio.

Alguien cuya activación cerebral es relativamente baja (a causa de la inhibición en este medio interno) se preocupa por actuar buscando la excitación, y esto se consigue participando en actividades socialmente demandantes (hablar ante un grupo grande de personas, por ejemplo) y buscando situaciones nuevas y que requieran estar alerta. Por eso, se ha definido a las personas extrovertidas como propensas al aburrimiento. Alguien con necesidad por las situaciones excitantes podría verse contrariado si experimenta sólo relaciones personales basadas en la repetición y lo cotidiano.

En cambio, según Eysenck, alguien que es introvertido lo es porque ya vive en un estado de alerta permanente, aunque no en el sentido de estar muy centrado en lo que pasa a su alrededor de manera voluntaria, ya que se trata de una propensión involuntaria y que no depende de dónde se esté centrando la atención en cada momento. Simplemente, el introvertido es más sensible a lo que ocurre a su alrededor, y esa sensibilidad es biológica. Como en su medio interno ya predomina la excitación, tiende a inhibirse socialmente: actúa más bien evitando experiencias que hagan subir aún más su nivel de actividad, buscando entornos más estables o predecibles y, aunque es sociable en tanto que puede disfrutar de las relaciones con los demás tanto como los extrovertidos, estas relaciones se caracterizan por no ser muy demandantes socialmente (la idea puede ser expresada con la frase "necesito mi propio espacio").

Matizando

Como se ha visto, aunque la timidez y la introversión puedan parecer lo mismo, realmente es una semejanza superficial. La timidez hace referencia más bien a un estado de ánimo que puede ser explicado como una conducta aprendida al estimar que la relación con los demás puede tener consecuencias negativas, mientras que la introversión es una disposición biológica que va mucho más allá de nuestras relaciones con los demás. A pesar de esto, aún es motivo de investigación si los patrones de excitación cerebral se deben sólo a la carga genética.

Los datos dados hasta ahora son orientativos y pueden ser de utilidad para que uno mismo reflexione acerca de sus propias tendencias hacia la introversión o la extraversión. Sin embargo, también existen tests y modelos descriptivos de la personalidad que contemplan estos dos extremos. Algunos de los más conocidos son el modelo de los Big Five, el 16PF o el originario modelo PEN de Eysenck, si bien la eficacia de estos está sujeta a continuo debate.

La importancia del contexto

Finalmente, no se puede perder de vista el factor contextual. Por un lado, los distintos niveles de significación que asignamos a diferentes contextos hace que en cada uno de ellos nos comportemos de modo diferente. Alguien a quien podamos considerar introvertido, por ejemplo, puede llegar a estar muy cómodo hablando en público si entiende que hacerlo es una manera de verbalizar y poner en orden unos pensamientos que ha estado organizando en su mente, y más si está tratando un tema que cree que domina. Del mismo modo, es absurdo pensar que las personas extrovertidas valoran positivamente todas las situaciones que requieran un estado de alerta, por encima de cualquier situación "ordinaria". Trazar una línea que separe introversión y extraversión puede ser práctico en el ámbito académico, pero la realidad siempre desborda cualquier categoría.

A fin de cuentas, la búsqueda del equilibrio excitación/inhibición es otra forma de adaptación individual al medio, y esta última, patrimonio de todos nosotros, es precisamente eso: la habilidad para actuar de manera no estereotipada, utilizando estrategias creativas para perseguir un objetivo y resolver problemas. Ninguna etiqueta dirá tanto acerca de las personas como lo hace su capacidad para resultar imprevisibles.