Este fármaco suele ser consumido en pastillas. David Spacey

El Adderall es un fármaco que se prescribe para el tratamiento del trastorno por déficit de atención. De hecho, se ahí viene su nombre (del término en inglés: Attention Déficit Disorder).

Actualmente es un medicamento que se prescribe con mayor frecuencia en adultos y es bastante popular entre la comunidad universitaria, así como entre profesionistas jóvenes y también entre deportistas, cosa que ha generado una gran controversia.

¿Qué es exactamente el Adderall?

El Adderall es un medicamento hecho a base de anfetaminas. Por su parte, las anfetaminas son sustancias sintéticas que pertenecen al grupo de los agentes estimulantes del sistema nervioso central (psicoestimulantes o psicoactivos), y como tal, lo que hacen es estimular tanto la atención como el rendimiento físico.

En otras palabras, el Adderall es un estimulante del sistema nervioso central que se prescribe médicamente, de manera especial para el trastorno por déficit de atención (sin hiperactividad), pero también se utiliza, por ejemplo, para tratar narcolepsia. No solo eso sino que en años recientes su uso recreativo y con finalidades como la de mejorar el rendimiento escolar, físico o laboral se ha incrementado de manera importante.

Está aprobado para su producción y comercialización en Estados Unidos desde el 2001 bajo el nombre ADDERALL TX, en comprimidos con una concentración de 5, 10, 15, 20, 25 o 30 mg.

Efectos principales

Técnicamente los estimulantes favorecen e incrementan la liberación de catecolaminas en el cerebro, es decir, de sustancias como la noradrenalina, la adrenalina y la dopamina que se transportan en el torrente sanguíneo y en las redes neuronales para que podamos responder ante situaciones de estrés.

Esto último tiene como efecto un aumento en los tiempos de reacción, provocan una sensación de alerta y de estar siempre despiertos, e incluso producen euforia así una mayor tolerancia al dolor. Por eso, el Adderall se utiliza para mantener por más tiempo la atención y para incrementar el rendimiento físico.

Efectos secundarios

En cuanto a sus efectos adversos, el uso constante y prolongado de anfetaminas puede provocar alteraciones en el sueño, ansiedad, episodios psicóticos y maníacos; cuestiones que a la larga pueden requerir la toma de otros fármacos.

Entre los efectos secundarios más graves, y dado que acelera de manera importante el ritmo cardiaco, se ha reportado una relación entre la toma de anfetaminas y muerte súbita, accidentes cardiovasculares, episodios psicóticos o maníacos, perturbación visual, y el desarrollo de enfermedades gastrointestinales, endocrinas y hepáticas.

Por lo anterior está contraindicado en personas que tienen síntomas de enfermedades cardiovasculares, hipertensión, hipertiroidismo, glaucoma, estados agitados o historial de adicción a drogas psicoactivas. De igual forma puede aumentar la impulsividad en el caso de niños que tienen un diagnóstico de Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad.

Aparte de todo lo anterior, quizá el efecto más problemático y controvertido de las anfetaminas es que son sustancias altamente adictivas, lo que quiere decir que generan una gran cantidad de problemas, no solo a nivel privado sino público: la necesidad de consumirlas aumenta gradualmente, así como la tolerancia (con lo que también aumenta la dosis que es necesario tomar); y se incrementan entonces las probabilidades de que su uso no controlado aumente la cantidad de gente susceptible a desarrollar enfermedades crónicas, e incluso el mercado ilegal.

Diferencia entre Adderall y Ritalin

La diferencia entre el Adderall y el Ritalin es que el componente básico del Adderall es la anfetamina, y el componente básico de Ritalin es el metilfenidato. Tanto la anfetamina como el metilfenidato son sustancias que estimulan el sistema nervioso, con lo cual sus efectos son prácticamente los mismos.

¿Cuál es la controversia?

El uso de Adderall (así como de Ritalin) ha generado una controversia importante en los últimos años sobre todo por sus efectos altamente adictivos y altamente normalizados.

También ha sido ampliamente discutido porque, si bien ha mejorado el rendimiento educativo y laboral, el uso de este tipo de fármacos con frecuencia oculta carencias que son propias de los entornos educativos y laborales. Es decir que se utilizan de manera cada vez más extendida y normalizada, no sólo para compensar dificultades en el proceso enseñanza-aprendizaje de los niños, sino entre la comunidad universitaria o entre jóvenes profesionales y deportistas a quienes se les exige mantener ritmos de productividad que van más allá de las propias capacidades.

En consecuencia, su comercialización se vuelve cada vez mayor, aún cuando la propia tendencia a diagnosticar trastornos por déficit de atención a gran escala (sobre todo en Estados Unidos) ha sido ya bastante cuestionada.

Hay quienes dicen que antes las drogas se utilizaban para hacer que la gente desconectara de la realidad social, como un medio de escape y para alcanzar distintos estados de conciencia; y ahora, pareciera que se utilizan con la finalidad contraria, hacer que conectemos con esa realidad social, lo más rápido y lo mejor posible.