Un tipo de fármaco con efectos en todo el sistema nervioso.

Existen una gran cantidad de fármacos diseñados para tratar distintas patologías. En este artículo daremos un vistazo a un grupo de fármacos conocidos como anticolinérgicos: los efectos que producen, los distintos tipos que existen, su uso y las contraindicaciones que pueden tener.

¿Qué son los anticolinérgicos?

Los anticolinérgicos son elaborados a base de sustancias naturales o artificiales que tienen como función principal disminuir la segregación de acetilcolina en el organismo. Como veremos, dependiendo de cuál sea el receptor de acetilcolina que bloqueen, se clasifican en dos tipos.

Aunque los anticolinérgicos tienen efectos en todo el sistema nervioso, tanto en el central como en el periférico, estos fármacos se emplean especialmente por sus resultados en las funciones del sistema nervioso periférico. Específicamnte, el más frecuente de estos medicamentos es la atropina.

Tipos y uso según el receptor que afectan

Entre los principales tipos de anticolinérgicos encontramos los siguientes.

1. Antagonistas muscarínicos

Estos se encargan de inhibir la actividad de la musculatura lisa en determinados órganos y glándulas del cuerpo humano. Por lo general son indicados cuando existen afecciones a nivel del tubo digestivo, respiratorio o pulmonar.

Las úlceras pépticas y la rinitis aguda son algunas de las afecciones más comunes que requieren este medicamento.

Entre las versiones sintéticas de este tipo tenemos: homatropina, ipratropio, oxitropio, metilescopolamina, tropicamida, benzotropina, diciclomina, pirenzepina, telenzepina y darifenacina.

2. Antagonistas nicotínicos

Estos anticolinérgicos tienen como principal función bloquear los receptores de nicotina en el organismo. Se emplean con frecuencia en los procesos de cirugía, para generar la parálisis muscular que será necesaria durante la operación.

También suelen ser empleados en el tratamiento de algunas adicciones por sus efectos a nivel del sistema nervioso central, inhibiendo los receptores nicotínicos. En los de este tipo figuran: la succinilcolina, la alfa-bungarotoxina y la galamina.

Usos frecuentes en tratamientos

Teniendo en cuenta el efecto que tienen los anticolinérgicos sobre las funciones del músculo liso, se emplean principalmente para calmar los espasmos de la vejiga, el intestino y los bronquios. También para dilatar el esfínter del iris; reducir secreciones gástrica, bronquiales y salivares; disminuir la sudoración, y para el tratamiento contra los desmayos.

Los usos más cotidianos de estos fármacos son para calmar las náuseas y los vómitos, así como para tratar a pacientes que padecen ataques de asma crónica.

Anteriormente este tipo de fármacos se empleaban frecuentemente para el tratamiento del Parkinson, pero se determinó que este tratamiento era contraproducente en vista de que generaba adicción en los pacientes, y una vez suspendida su administración los temblores regresaban en igual medida.

Efectos secundarios

Entre los efectos secundarios de los anticolinérgicos, los más destacados son los siguientes.

  • Sequedad de la boca.
  • Visión borrosa.
  • Sequedad en los ojos.
  • Dilatación de la pupila (Midriasis).
  • Trastornos de acomodación (dificultades en el enfoque visual).
  • Presión intraocular anormal.
  • Estreñimiento.
  • Retención de líquidos.
  • Reacciones alérgicas.

La sobredosis de anticolinérgicos puede ocasionar lo que se conoce como síndrome anticolinérgico agudo, el cual consiste en una intoxicación que produce alucinaciones, estados de confusión constantes y movimientos involuntarios bruscos (peligrosos para el sujeto y las personas cercanas).

En el peor de los casos, la persona podría caer en estado de coma a causa de la intoxicación producida por este fármaco. Esta situación es más común cuando se trata de sujetos de edad avanzada, a causa de que su organismo ya no segrega tanta cantidad de acetilcolina.

Por esto que es importante asegurarnos de que el especialista que nos indique los fármacos tenga las credenciales necesarias para hacerlo, así como debemos evitar a toda costa la automedicación.

¿Quién puede recetarlos?

Los especialistas que están capacitados para indicar cualquier tipo de medicamento farmacológico son los médicos, en todas sus diferentes especialidades. El psicólogo no tiene las credenciales para recetar ningún tipo de fármaco.

En caso de considerar que el paciente debe ser medicado, este deberá referir con un psiquiatra, quien se encargará de hacer la evaluación pertinente y posterior a ello indicará la medicación, con indicaciones en cuanto al tiempo y las dosis del tratamiento.

El psiquiatra y el psicólogo podrían trabajar en conjunto como parte de un equipo multidisciplinario que puede incluir a otros especialistas, dependiendo de cuál sea el caso.

Referencias bibliográficas:

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  • Rosen, P., John A. M., Robert S. H. y Walls, R. M. (2014). Rosen's Emergency Medicine: Concepts and Clinical Practice. Philadelphia, PA: Mosby Elsevier.