Culpa materna y autocuidado en la enfermedad

Cuando el cáncer de mama obliga a parar, muchas madres sienten culpa. Cuidarse también es cuidar.

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Marina Berenguer con sus hijos.
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Durante años, la culpa me susurró que parar era fallar. Y no es casualidad. Nuestro patrón educativo y la propia sociedad nos han ido enseñando la autoexigencia. La exigencia de trabajar, de cumplir, de llegar a todo, de cuidar, de ser buenas madres, buenas profesionales, buenas parejas, buenas hijas… de estar disponibles para los demás y, además, hacerlo bien.

Hemos aprendido a medir nuestro valor muchas veces en función de lo que somos capaces de hacer por los demás. Como si parar significara no estar cumpliendo con nuestro papel. Como si necesitar ayuda fuese una señal de debilidad. Como si dedicar tiempo a una misma fuese, de alguna manera, quitarle tiempo a los demás.

Y cuando eres madre, esa sensación puede hacerse todavía más intensa. Porque parece que siempre hay alguien que necesita algo de ti: tus hijos, tu pareja, tu trabajo, tu familia… Y acabas acostumbrándote a colocarte en último lugar sin darte cuenta. Y, además, aparece el miedo a decepcionar a los demás cuando no puedes hacer determinadas cosas, como si dejar de cumplir con aquello que siempre has hecho significara estar fallándoles.

Por eso, cuando llega una enfermedad y tu cuerpo te obliga a parar, no solamente tienes que enfrentarte a lo que está ocurriendo físicamente. También tienes que enfrentarte a todas esas ideas que has ido construyendo durante años sobre lo que significa ser fuerte, ser útil y estar para los demás.

La enfermedad me obligó a cambiar una pregunta: de «¿qué puedo hacer por los demás?» a «¿qué necesito yo ahora?».

Y ese cambio, aunque pueda parecer sencillo, no siempre resulta fácil.

Cuando estás enferma, en un principio puedes sentir que fallas, que tu rol de madre ha desaparecido o que ya no puedes estar para tus hijos como antes. Pero la realidad es que sigues estando ahí, aunque sea de una forma diferente.

Tu presencia física, en ocasiones, no es tan frecuente como antes. Sin embargo, tu presencia emocional, tu presencia en los diálogos, en las conversaciones, tu interés y tu cuidado no desaparecen.

Y, sin embargo, cuando dejas un espacio para ti, para cuidarte, y lo fomentas, al final estás mejor para poder seguir ejerciendo ese rol de madre.

Por otro lado, también aprendes el valor de inculcar a tus hijos el autocuidado. El valor de quererse, de estar bien para poder estar bien con los demás. Porque una persona también necesita cuidarse para poder cuidar a los demás.

Durante sus 13 y 12 años, mis hijos han recibido atención, cuidado y, en muchos momentos, han sido mi prioridad absoluta. En este caso, lo que también les he enseñado es que, cuando tu madre está mal, también es importante que tú estés a su lado para ofrecerle tu cuidado.

Es un amor recíproco, y eso es muy valioso para educar desde la empatía y no desde el egoísmo. Porque, al final, la mejor herencia que puedes ofrecer a un hijo es educarle en valores.

Desde la redacción de Psicología y Mente queremos acompañar la reflexión y experiencia de Marina Berenguer en la superación de un cáncer de mama con lo que dice la ciencia y algunos listados de información práctica basados en estudios:

Qué sabemos sobre la culpa materna durante el cáncer de mama

La culpa materna no es exclusiva de la enfermedad. Muchas madres la conocen desde antes: suele aparecer cuando perciben una distancia entre lo que creen que deberían hacer y lo que pueden hacer. Durante el cáncer de mama, esa distancia puede hacerse más grande de forma repentina.

La culpa es una de las emociones que más se repiten en los estudios sobre madres con cáncer de mama. En un estudio cualitativo publicado en 2025 en el European Journal of Cancer Care, se analizaron las respuestas de 131 mujeres con hijos menores diagnosticadas en los cinco años anteriores. Muchas describieron sentirse culpables y algunas expresaron la sensación de haber "estropeado" la infancia de sus hijos.

El mismo trabajo señala que el doble papel de madre y de persona en tratamiento se ha asociado con sentimientos de insuficiencia. Las autoras también recogen que el 41 % de las participantes había tenido dificultades de salud mental previas, un dato que podría influir en cómo se expresan estas emociones.

Otra investigación, con mujeres jóvenes con cáncer de mama atendidas en un hospital de China, describió lo que llamó una "doble culpa": por las tareas de cuidado que no podían asumir y por el posible impacto emocional en sus hijos. En ese estudio, la preocupación por la crianza se asoció con el estadio de la enfermedad, el número de hijos, la fase del tratamiento y la edad de los niños.

Estos datos describen experiencias frecuentes, no una regla. Cada mujer vive el proceso de una manera distinta, y sentir culpa no significa haber hecho algo mal.

Momentos en los que suele aparecer la culpa

Los testimonios recogidos en distintos estudios coinciden en algunas situaciones que se repiten. Reconocerlas puede ayudar a entender que no se trata de una vivencia aislada.

  • Cuando cambian las rutinas. Las citas médicas, los ingresos o el cansancio pueden impedir hacer cosas que antes formaban parte del día a día, como acompañar a los niños al colegio o a sus actividades.
  • Cuando el cuerpo pide descanso. Tumbarse una tarde o decir que no a un plan familiar puede vivirse como una falta, aunque el cuerpo lo necesite.
  • Al ver la preocupación de los hijos. Muchas madres sienten que son responsables del miedo o la tristeza que perciben en ellos.
  • Al delegar el cuidado. Que otra persona se encargue de baños, comidas o deberes puede despertar la sensación de estar dejando de ser madre.
  • Al pensar en el futuro. La incertidumbre sobre la evolución de la enfermedad suele mezclarse con preguntas sobre lo que los hijos necesitarán más adelante.

Con los hijos, especialmente los más pequeños, conviene tener presente que también ellos pueden preguntarse si han tenido algo que ver con la enfermedad. Diversas guías de orientación familiar recomiendan explicarles con palabras adaptadas a su edad que el cáncer no es culpa de nadie y que no se contagia. Esa misma idea, dicha en voz alta, también puede servir a la madre.

Autocuidado: cuidarse no es dejar de cuidar

Una de las ideas que más pesa en muchas madres es que dedicarse tiempo a sí mismas equivale a quitárselo a sus hijos. Durante el cáncer de mama, esa creencia puede dificultar algo tan básico como descansar. El autocuidado no compite con la maternidad: puede ser una parte más de lo que ayuda a sostenerla.

Autocuidado no significa hacer más cosas ni seguir una lista perfecta. Se trata de pequeños gestos, adaptados a la energía de cada día. Algunas propuestas que pueden servir de punto de partida:

  • Ajustar las expectativas a cada fase. Hay semanas con más fuerzas y otras con menos. Revisar qué es imprescindible y qué puede esperar puede ayudar a no medir cada día con la vara de antes.
  • Hablar de la culpa en lugar de guardarla. Ponerle palabras con alguien de confianza o por escrito permite tomar distancia de pensamientos como "les estoy fallando".
  • Distinguir la culpa de la responsabilidad. Preguntarse "¿de verdad depende de mí?" puede ayudar a separar lo que está en nuestras manos de lo que no.
  • Cuidar los momentos compartidos, no su cantidad. Leer un cuento desde el sofá, ver una película juntos o conversar un rato puede seguir siendo un espacio de conexión aunque la rutina haya cambiado.
  • Reservar algo solo para una misma. Un paseo corto, música, una conversación o unos minutos de silencio también cuentan.
  • Tratarse con la misma comprensión que se ofrecería a otra persona. Si una amiga estuviera en la misma situación, probablemente no le exigiríamos lo que nos exigimos a nosotras.

No existe una única forma correcta de hacerlo. Cada mujer puede encontrar su propio equilibrio, y ese equilibrio puede cambiar a lo largo del proceso.

Pedir y aceptar ayuda

Para muchas madres, pedir ayuda resulta más difícil que darla. Sin embargo, delegar tareas no es dejar de ser madre: es reorganizar el cuidado mientras dura una etapa exigente.

Las personas del entorno suelen querer ayudar, pero no siempre saben cómo. Un "si necesitas algo, dímelo" puede quedarse en el aire. Concretar suele facilitar las cosas para ambas partes:

  • Pedir tareas específicas: recoger a los niños dos tardes a la semana, preparar una comida o acompañar a una cita médica.
  • Repartir responsabilidades entre varias personas para que nadie se sobrecargue.
  • Contar con el colegio. Informar al tutor o al equipo de orientación puede ayudar a que detecten cambios en los niños y los acompañen.
  • Aceptar la ayuda sin justificarse. No hace falta explicar por qué se necesita.

También existen espacios de apoyo formados por otras mujeres que han pasado por un cáncer de mama, así como asociaciones que ofrecen orientación a las familias. Compartir la experiencia con quien ha vivido algo parecido puede aliviar la sensación de soledad.

Cuándo buscar acompañamiento psicológico

Sentir culpa en algún momento es habitual. Si la culpa se vuelve constante, dificulta descansar o dormir, o interfiere en la relación con los hijos, puede ser un buen momento para buscar apoyo profesional.

La psicooncología es el área de la psicología que acompaña a las personas con cáncer y a sus familias en las distintas fases de la enfermedad. Un acompañamiento psicológico durante el cáncer puede ofrecer un espacio para ordenar emociones, revisar expectativas y pensar en cómo hablar con los hijos.

Este artículo forma parte de una nueva campaña de Psicología y Mente sobre el impacto del cáncer de mama en la salud mental, que lanzamos con motivo del Día Mundial del Cáncer de Mama, el 19 de octubre. Nuestro objetivo es ofrecer herramientas y conocimiento para afrontar la enfermedad y sus repercusiones, tanto para quienes la viven en primera persona como para las familias, los profesionales sanitarios, los docentes y el entorno que las acompaña. La campaña lleva el nombre de #NoTienesQueSerFuerte porque, junto al diagnóstico, muchas mujeres reciben un mandato silencioso: mantenerse positivas, no derrumbarse, no preocupar a nadie. Sin embargo, sentir miedo, tristeza o cansancio no es un fracaso ni empeora el pronóstico, sino una respuesta humana ante una situación difícil. Por eso queremos recordar que pedir ayuda, expresar lo que se siente y permitirse no poder con todo también forma parte del cuidado.

  • Eklund, R., Alatwan, M., Hess Engström, A., Romare Strandh, M., Ljungman, L. y Wikman, A. (2025). Mothering while living with breast cancer: A qualitative study on challenges, needs and interactions with health care. European Journal of Cancer Care, 2025, 6640400.

  • Zhang, Q., Gao, W., Li, X., Wang, D., Zhang, L., Xu, M., Liu, Y. y Han, J. (2025). Motherhood role concerns in young women with breast cancer: A mixed-methods study. BMC Women's Health, 25, 313.

Preguntas frecuentes

La culpa suele aparecer cuando una madre percibe una distancia entre lo que cree que debería hacer y lo que puede hacer. Durante el cáncer de mama, los cambios físicos, el tratamiento y la necesidad de parar pueden ampliar esa distancia de forma repentina. Algunos estudios recogen sentimientos de insuficiencia por el doble papel de madre y persona en tratamiento, aunque cada mujer vive este proceso de manera distinta.

Puede aparecer cuando cambian las rutinas por citas médicas, ingresos o cansancio, y ya no se pueden realizar actividades cotidianas con los hijos. También puede intensificarse al necesitar descansar, delegar tareas de cuidado, percibir la preocupación de los hijos o pensar en la incertidumbre del futuro. Estas son experiencias frecuentes descritas en testimonios, no una regla para todas las madres.

Aunque la presencia física pueda ser menos frecuente, la presencia emocional, las conversaciones, el interés y el cuidado pueden continuar. Cuidar los momentos compartidos, más que su cantidad, puede ayudar a mantener la conexión: leer un cuento desde el sofá, ver una película juntos o conversar un rato son ejemplos mencionados en el artículo. La madre sigue estando presente, aunque sea de una forma diferente.

El artículo plantea que el autocuidado no compite con la maternidad, sino que puede formar parte de lo que ayuda a sostenerla. Descansar y ajustar las expectativas a la energía disponible puede permitir estar mejor para seguir ejerciendo el rol de madre. Cuidarse también puede transmitir a los hijos el valor de quererse y de estar bien para poder cuidar a los demás.

Se pueden pedir tareas específicas, como recoger a los niños dos tardes a la semana, preparar una comida o acompañar a una cita médica. También se pueden repartir responsabilidades entre varias personas para evitar que alguien se sobrecargue. Informar al tutor o al equipo de orientación del colegio puede ayudar a detectar cambios en los niños y acompañarlos.

Diversas guías de orientación familiar recomiendan explicarlo con palabras adaptadas a la edad de cada hijo. Es importante decir de forma clara que el cáncer no es culpa de nadie y que no se contagia. Expresar esta idea en voz alta también puede servir a la madre.

Puede ser un buen momento para buscar apoyo profesional si la culpa se vuelve constante, dificulta descansar o dormir, o interfiere en la relación con los hijos. La psicooncología acompaña a las personas con cáncer y a sus familias en las distintas fases de la enfermedad. El acompañamiento psicológico puede ofrecer un espacio para ordenar emociones, revisar expectativas y pensar cómo hablar con los hijos.

Al citar, reconoces el trabajo original, evitas problemas de plagio y permites a tus lectores acceder a las fuentes originales para obtener más información o verificar datos. Asegúrate siempre de dar crédito a los autores y de citar de forma adecuada.

Marina Berenguer. (2026, octubre 7). Culpa materna y autocuidado en la enfermedad. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/psicologia/culpa-materna-y-autocuidado-en-la-enfermedad

Psicóloga. Psicooncóloga

Cáceres
Terapia online

Marina Berenguer Roig es psicóloga por la Universidad Miguel Hernández (Alicante), con un máster en Psicología Clínica y más de 15 años de experiencia en salud, familia y educación. Está especializada en orientación educativa, terapia familiar y de pareja, y gestión emocional en pacientes con cáncer. Su método es práctico y guiado desde la primera consulta, con empatía y cercanía. Ahora se suma como autora de Psicología y Mente para hablar del cáncer de mama desde su experiencia personal y profesional.

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